¿Qué hay que hacer para ahorrarse hasta 400 dólares en la colección de Panini Mundial?

Investigadores concluyeron que un coleccionista “inteligente” que aprovechara leyes de oferta y demanda, podría gastar unos 1.700 pesos para llenar su álbum, en vez de más de 10.000

El frenesí popular que provocan, cada vez más, los álbumes de figuritas de la empresa italiana Panini, ha llevado incluso a sesudos investigadores a encarar el tema desde puntos de vista académicos que –aparentemente- poco tendrían que ver con la costumbre de coleccionar cromos, pero que sin embargo podrían beneficiar mucho a quienes invierten mucho dinero en esta práctica (¡atentos padres!).

La tradición, que suele asociarse con los niños, definitivamente traspasó la barrera de la edad y ahora se ha convertido en una pasión multitudinaria que, en el caso de los Mundiales, genera verdaderos fanatismos y hasta delitos (como lo fue el robo de 300.000 figuritas en Brasil, en abril).

La revista The Economist no dejó pasar el fenómeno y decidió analizarlo desde el punto de vista de la microeconomía. Tal como explica en este artículo, conseguir llenar cada uno de los espacios vacíos del álbum “da lecciones sobre la probabilidad, el valor de los tests estadísticos, las leyes de la oferta y la demanda y la importancia de la liquidez”.

Panini es una firma italiana que produce álbumes de stickers para la Copa del Mundo desde el Mundial de México, en 1970. La versión de este año incluye 640 figuritas.

Cuando se comienza a coleccionar el álbum, el primer sticker tiene una chance de 640/640 de que se lo necesite. Es decir, tiene todas las chances a su favor. A medida que se van llenando los lugares vacíos, la posibilidad de abrir un paquete nuevo y encontrar una figurita que se necesita va bajando. Dos matemáticos de la Universidad de Ginebra, Silvain Sardy e Yvan Velenik, concluyeron en que habría que comprar 899 paquetes de figuritas en promedio, para poder llenar el álbum sin recurrir a otras estrategias tales como cambiar stickers o comprarlos sueltos. A precios de Uruguay -12 pesos cada uno- esto equivale a 10.788 pesos.

Esta hipótesis se sostiene si no se producen problemas de suministro en el mercado (como el robo en Brasil) y si no hay “tongo” en el sistema, es decir, si no se dan manipulaciones. Panini dice que se imprime la misma cantidad de figuritas para cada uno de los números.

En un artículo publicado en 2010, Messrs Sardy y Velenik jugaron el papel de “regulador” y estudiaron cómo se distribuyeron los stickers para un álbum de 600 figuritas que se vendió ese año en Suiza por el Mundial de Sudáfrica. En la muestra de 6.000 stickers que tomaron como base esperaban encontrarse con cada sticker 9.09 veces, en promedio (6000/660). Confirmaron que los resultados reales se acercaban a lo esperado, lo cual dejó de lado sospechas de mala distribución o manipulación.

Pero incluso en un mercado justo, los expertos dicen que es ineficiente comprar paquete tras paquete de figuritas; lo más efectivo es crear un pequeño mercado para los coleccionistas en el que intercambien los stickers repetidos; el recreo de la escuela es una versión de este tipo de mercado. De repente, un niño sin conocimientos formales de economía entiende, al poseer una figurita de las “difíciles” y que todos quieren, el poder del suministro limitado.

Las “ferias” de figuritas también pueden ser muy eficientes a la hora de ahorrar en compras de paquetes. Los dos investigadores antes citados concluyeron que si un grupo de 10 personas cambia eficientemente las figuritas, y si a eso se le suma la posibilidad que da Panini de comprar directamente las últimas 50 que les falta, se necesitaría adquirir 1.435 paquetes entre todos (143,5 por persona) para que cada uno de los integrantes del grupo completaran el álbum.  Así baja significativamente el gasto, de 10.788  a 1.722 pesos.

La idea de un mercado totalmente eficiente –como el que se genera con la participación de Internet, que baja aún más el número de stickers que cada persona debe comprar- sería altamente preocupante para Panini, concluye The Economist, porque vendería menos figuritas. Claro que en la vida, a diferencia de en la economía teórica, no todo es estrictamente racional y ordenado.


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