¿Qué DT arregla esto?

Rampla volvió a desnudar las falencias de un Peñarol que no sabe salir del nerviosismo generalizado, los errores defensivos y su inoperancia en partido que fue suspendido

Veinticinco minutos de juego. El Centenario es invadido por una extraña situación. Todas las miradas apuntan a la Platea América. Gente que corre. Periodistas detrás de la noticia. Personal de la Comisión de Seguridad que ingresa a hablar con el cuarto árbitro del partido que juegan Rampla y Peñarol.

¿Qué pasó? Es la pregunta que invade el Centenario. Cuando el reloj se arrima a la media hora de juego el cuarto árbitro Daniel Rodríguez llama al juez principal Christian Ferreyra. Se produce un diálogo. La gente silba. Los jugadores se impacientan. Nadie entiende nada.

Y enseguida la noticia que corre como reguero de pólvora: hirieron a un hincha de dos balazos en la Ámsterdam.

Díficil abstraerse de lo que sucedió. De que en medio del caos se jugaba un partido de fútbol donde Rampla le abría nuevamente la herida a un Peñarol que volvía a dembular sus penas.

Qué increíble. Rampla, sumido en una profunda crisis, sin tener en claro que será de su futuro, le estaba pegando otro cachetazo a Peñarol.

El elenco picapiedra, que no entrenó el lunes porque no tenía entrenador, volvió a desnudar falencias de un equipo aurinegro que a esta altura.

Parecía que el Peñarol de Curutchet copaba la parada. De hecho comenzó dominando el juego. Nandez, volcado por la derecha, comenzó a generar problemas. Desbordó un par de veces a Techera y la defensa de los rojiverdes anduvo a los saltos para restar el balón.

El tema es que la pelota así como salía del área volvía. Peñarol tenía sitiado el medio. Costa y Ángel Rodríguez ejercían la presión adecuada.

Sobre los 12 minutos Albarracín recortó de la derecha al medio y sacó un remate que por poco no llegó a desviar Bressan. Esa, aunque parezca mentira, fue la vez que el aurinegro estuvo más cerca del arco de Odrizola.

De ahí en más el retador dejó de correr por el ring y se plantó con las piernas bien firmes. Y al mejor estilo de los boxeadores que dicen, acá estoy, el picapiedra empezó a tirar golpes.

A los 15 minutos Guruceaga dudó en salir a buscar una pelota y cuando pretendió pareció trastabillar. Grissi fue decidido por la pelota, lo eludió pero se le abrió demasiado. Su definión dio tiempo a Valdez a restar el peligro en la línea del arco.

De ahí en más la defensa aurinegra comenzó a padecir los mismos problemas de siempre.

Los errores se empezaron a reiterar. Uno que se patina, otro que le erra a la pelota, un tercero que duda. Y así es imposible poder ganar.

Para colmo de males, por unos minutos, Rampla se apoderó de la pelota y no la prestó. Entonces Costa y Ángel Rodríguez empezaron a correr sin poder recuperar.

De León se soltó por derecha donde se junto con Leites para comenzar a generar problemas. Mathías Rodríguez no daba pie.

Y por ese sector se generó la segunda acción de los picapiedras. Leites se juntó con De León y Rigolero generando una nueva opción que terminó con tapada de Guruceaga ante el propio Leites.

Los delanteros carboneros quedaron aislados. La pelota no llegaba y fueron presa fácil de Williams Martínez y compañía.

Cuando restaban pocos minutos para el final del primer tiempo el Centenario recibió el primer impacto.

Leites, de muy buen partido y un problema sin solución volcado por derecha, recortó desde su sector al medio. Bressan salió a cortar y Grissi percibió el hueco. Picó al espacio y Leites lanzó la pelota medida. Cuando Valdez pretendió reaccionar ya era tarde. Grissi se encontró con Guruceaga y marcó el gol de los picapiedras.

A partir del gol, Peñarol reiteró su imagen de los últimos tiempos. Cerró el primer tiempo sin reacción, golpeado, sorprendido.

Cuando Ferreyra pitó varios jugadores se fueron encima del árbitro. Se olfateaba la suspensión del juego por lo sucedido en la tribuna Ámsterdam.

La incertidumbre ganó la escena. Por cada rincón del Estadio se repetía la pregunta: ¿se suspende? Hasta que ocurrió lo previsible. La gente se enteró por las radios y se fue silbando, con la bronca a cuestas y con una interrogante: ¿Quién será el técnico para arreglar esto?

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