Qué desafío te espera, Río

Después de Beijing y Londres, Brasil tendrá que esforzarse al extremo para evitar el ridículo en 2016

En el viaje en ómnibus de Wembley al parque olímpico, ayer después del oro de México ante Brasil en fútbol y en esos casi 80 minutos que insumió el traslado, me empieza a dar vuelta en la cabeza una pregunta: ¿Río de Janeiro será capaz de mantener tan alto el listón en materia de organización que dejaron Beijing 2008 y que está completando con gran éxito Londres 2012?

Enseguida me surgen muchas dudas, porque repaso momentos vividos en 2008 y en este 2012, y no me imagino a un país sudamericano, cuya población tiene una cultura muy diferente a la anglosajona u oriental, respetando todas las normas que exige el desarrollo de una competencia de esta categoría.

De pronto, como un flash pasan las imágenes caóticas de la final de la Copa Santander Libertadores de 2011, que Peñarol jugó ante Santos en Pacaembú, por las dificultades que tuvieron para organizar un partido de fútbol los mismos que recibirán a los Juegos Olímpicos. O, alcanzó con conocer las dificultades y los robos de toda clase que sufrieron los periodistas uruguayos y extranjeros durante la Copa América de Argentina 2011. Solo a modo de comparación, que muy bien viene en este caso: en Beijing y en Londres es impensado que alguien se lleve lo que no es de él. Cuando los periodistas llegamos a los estadios, o a los centros de prensa, instalamos la computadora y puede quedar ahí todo el día que nadie la toca. Usted dirá, una computadora tiene escaso valor de mercado. Es verdad, pero en la Copa América a un periodista se la robaron de la mochila en plena zona mixta mientras hacía una nota y jamás se le hubiera ocurrido dejarla un instante en un pupitre mientras iba a buscar un reporte a unos metros. Hay más: en Beijing o Londres los fotógrafos llegaban o llegan a los estadios, dejan sus equipos al costado de la cancha y se van. Luego regresan para los partidos y nadie toca equipos cuyo valor puede superar los US$ 5.000. En la Copa América, los oportunistas de turno se hicieron la América robando cámaras de fotos y lentes dentro de la cancha.

También en la calle existe respeto: cuando la semana pasada un dirigente uruguayo llegó en un auto a Londres, se olvidó un bolso que tenía US$ 6.000 y toda su documentación. El dirigente se dio cuenta recién unos minutos después, en el mismo momento en el que el chofer llegaba para devolver todo tal como lo había dejado. Una más: el jueves un periodista uruguayo se olvidó una mochila con su computadora, cámara de fotos y demás en el metro (¡en el metro, un medio de transporte público!) y cuando se dio cuenta el convoy ya iba en viaje a la siguiente estación. Planteó su caso a los funcionarios que estaban en tierra y le dijeron que fuera a la siguiente estación, que allí estaba la mochila. ¿Dónde estarían esos bolsos y mochilas en situaciones similares en cualquier ciudad de Sudamérica?

Probablemente usted considere que el tema que planteo sea un aspecto menor en la organización de unos Juegos Olímpicos. Sin embargo, para mí es medular, porque revela formas de vivir en una sociedad que van a contrapelo con lo que sucede en el primer mundo, y eso marca el resto. Porque no tenga dudas que en Sudamérica somos de tercer o cuarto nivel en esos aspectos. El tema fundamental es de fondo, pero también hay otros aspectos que hacen temer el fracaso de Río 2016 si se corre el riesgo de comparar con Beijing o Londres.

¿Infraestructura deportiva? Río ganó terreno en ese rubro por la herencia de los Panamericanos de 2007, aunque no es suficiente. De todas formas, ese debería ser el tema menos preocupante y de fácil solución porque si aceptó el desafío de ser sede de los Juegos tendrá que invertir en infraestructura lo que exige una cita de esta característica.

¿La comunicación? En estos tiempos que corren tampoco tendría que plantear problemas.

¿Los traslados? El talón de Aquiles de Río. Beijing y Londres tuvieron como aliados el transporte a través de las líneas de metro, subterráneas, que permitieron que miles de aficionados y periodistas se desplazaran, pese a las distancias, con celeridad. En Río el tema parece delicado, porque ya fue caótico en los Panamericanos, que recibieron a un porcentaje ínfimo de extranjeros con relación a lo que moverán los Juegos Olímpicos.

El tema me inquieta, me inquieta demasiado, porque se puede construir un estadio o agilizar el tránsito de alguna forma, pero es muy difícil cambiar los hábitos de convivencia y la cultura de un país.

Esta noche en la ceremonia de Clausura, Londres 2012 le pasará la posta a Río 2016 y en ese traspaso quedan planteadas muchas responsabilidades, obligaciones y compromisos que necesitan ser respondidos con los mejores servicios para que la excelencia en organización no sufra un declive en la gráfica y para que Sudamérica, porque en definitiva Brasil es la cara del continente para el mundo, evite el ridículo. A juzgar por los antecedentes olímpicos y las experiencias en el continente, no será nada sencillo.


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