Pudo sacarse la ansiedad

Peñarol se llevó una gran victoria ante un rival que mostró muy poco, pero ganó en un momento complicado y quiere vestirse de candidato de una buena vez

Debe ser complicado salir a la cancha con la camiseta de Peñarol. Es obvio que hay una mochila que pesa de por sí, solo por el importante hecho de que el club ganó solo tres de los últimos 15 Uruguayos.

Eso se suma a la responsabilidad de que se trata del plantel mejor pago del medio, que cuenta con figuras que deben hacer la diferencia y hasta ahora, no lo habían hecho, y que enfrente, como sucedió el sábado contra Central, los jugadores del rival no concentraron y llegaron desde sus domicilios algunos en taxi, otros en ómnibus.

Esa es una responsabilidad que también pesa. Esa es la ansiedad que no se cansó de citar siempre el Polilla Da Silva. Y eso es lo que el sábado quedó enterrado, al menos, por ahora.
Peñarol ya a los 2 minutos había roto el travesaño de Ignacio De León con un misil de Olivera y a los 5 ganaba 1-0 tras gran jugada-asistencia de Zambrana para el mismo delantero.

“Adiós ansiedad, bienvenida serenidad”, debe haber pensado Da Silva con 85 minutos por jugar ante un rival bastante bien parado, pero que no daba en la talla.

Central tenía intenciones, sobre todo con Ronald Ramírez buscando de lejos el arco de Bologna, pero no pasaba de allí.

Entonces, Zambrana se pareció a un dibujito animado. Por su escasa estatura, con la camiseta por fuera del pantalón, parecía un niño entre los lungos defensas palermitanos e incluso con sus propios compañeros de ofensiva. Fue imparable, como en sus mejores épocas de River Plate.

A su vez, Olivera también mostró otra disposición. Pese a que lo encimaban, bajó a recepcionar, abrió el juego y le quitó peso a Zalayeta. De una vez por todas, Peñarol comenzó a mostrar juego colectivo, precisión y, sobre todo, contundencia.

Atrás no la pasaba tan bien porque a Raguso lo complicaban haciéndole el 2-1 y por eso Da Silva debió colocar a Novick por izquierda en el segundo tiempo. El volante también mejoró en la entrega del balón y se aburrió de quitar pelotas. Es un todoterreno querido por la hinchada porque cuenta con los atributos de los históricos mediocampistas aurinegros. Tranca hasta con la cabeza, y eso el hincha lo premia.

Entonces debió aparecer un par de veces Bologna para salvar su arco.
Central se desprotegía mucho atrás y eso lo complicaba más. Zambrana seguía dibujando con la pelota, se metía por lugares imposibles y a los 29 hizo una jugada genial que la terminó mal.

Pero, poco después, Rodrigo Mieres lo tiró en el área y le dio el segundo de penal a Olivera.
Iban 38 minutos y se terminó el partido. Solo faltaba esperar cuántos goles más haría Peñarol ante un rival muy débil en la gestación de juego y que por algo se encuentra último.
Peñarol mostró mucha presión también en el inicio del complemento y otra vez de entrada, a los 50, una brillante habilitación de Estoyanoff para Zalayeta terminó en el 3-0.

De allí en adelante, hubo un par de goles marrados –uno increíble que erró Grossmüller ante una gran atajada de De León– y el Polilla les dio descanso a algunos futbolistas para que debutaran el argentino Nicolás Ramírez y, en este torneo, Rodrigo Pastorini, sin que llegaran a tener influencia sobre el balón.

Peñarol volvió a sonreír con bastante más fútbol. ¿Que el rival no es medida? Puede ser. Lo importante para Da Silva eran los tres puntos y cambiar la imagen. Y logró las dos cosas.


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