Prueba de heroísmo

Defensor se fue al descanso abucheado pero al final le ganó a Danubio
La adrenalina en su punto máximo. La pelota va de un área a la otra. El mediocampo es zona de paso. Ya no se cobra peaje. Se juegan los últimos minutos en el Franzini de un dramático partido que Defensor Sporting y Danubio igualan 2 a 2.
Todo puede pasar. El partido está abierto. Y la mente de los hinchas navega en el mar de la ilusión por el bendito gol en la hora.

Ya nadie se acuerda del primer tiempo donde Danubio le marcó la cancha a Defensor. Con un esquema 4-2-3-1 le inclinó la cancha por la izquierda donde Grossmüller se hizo dueño del partido.
Muchos menos dl golazo de Felipe Rodríguez, que rompió con el asedio danubiano. Como tampoco la forma en que la franja dio vuelta el resultado con un cabezazo de Barreto y un zapatazo de Zarfino que le venció las manos a un Irrazábal que reaccionó mal.

Todo formaba parte del pasado. Es que Defensor salió al segundo tiempo con Ramírez por Amado para intentar frenar a Danubio. Y después de caminar los primeros 10 minutos por el borde de la cornisa y estar a un simple golpe del final, la viola encontró el gol que le permitió llegar a un final de tú a tú. El gol del empate fue con la fórmula que mejor la queda. Centro de Pais y cabezazo de Gómez.

Con el partido empatado el juego fue una locura. Con prisa, sin pausas, a todo o nada por la victoria y los tres puntos. Un constante intercambio de amenazas.
Danubio con un tiro libre de Lima que sacó Irrazábal y Defensor con un remate débil de Nico Olivera que sacó González.

La franja otra vez con un disparo de Sosa que encontró bien parado al uno local y la viola con un remate de Ramírez que casi sorprende a Etulaín y en el rebote casi anota Romario Acuña.
Conforme el paso de los minutos los dos sintieron el desgaste. Los cambios apuntaron al triunfo. Todo podía suceder.

Cuando se jugaba el penúltimo minuto de descuento Irrazábal le ahogó el grito de gol a los danubianos. Cuando la aguja del reloj daba su última vuelta, el generoso de Facundo Castro, que fue un problema sin solución para Lima, fue por izquierda. Tiró el último centro que encontró la cabeza de ese toro indomable que es Gómez para darle un agónico triunfo a Defensor.

Fue una prueba de heroísmo de un grupo de jugadores golpeado por la dura derrota sufrida el pasado fin de seman ante Peñarol. Que estuvo a un golpe del nocaut con Danubio. Y que se fue al descanso bajo una cortina de insultos y reclamos de sus parciales que, al final del juego, los despidieron como verdaderos héroes.

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