Por qué Lomu cambió al rugby para siempre

A Con 40 años murió el hombre que, con su potencia y espectacularidad, transformó al rugby en deporte global
Fue un adelantado a su época, y seguramente, el mayor protagonista del salto del rugby al profesionalismo y la escena global. Justo en el momento en que los cimientos del deporte se empezaban a mover y el amateurismo ya era insostenible, allá por 1995, apareció este gigante de dos metros y 128 kilos, capaz de correr los 100 metros en 10,8 segundos.

En realidad, parte de la culpa de que esos cimientos temblaran la tuvo su potencia, su velocidad, su sensación de imbatibilidad, que posibilitaron que el rugby saltara de deporte de culto a uno de los más populares del planeta.

El rugby es un deporte de equipo, en el que el concepto de "estrella" es mirado de reojo porque conspira contra la idea de que un try lo hacen los 15 y el que apoya la pelota redondea la tarea de sus compañeros.

Pero Jonah Lomu cambió esa lógica. Y el mejor ejemplo es aquella corrida implacable para el primer try de la semifinal ante Inglaterra, en el Mundial de Sudáfrica 1995. Un adolescente de apenas 20 años empieza a tumbar muñecos, aunque fuesen estrellas como Will Carling o un joven Mike Catt. Personajes del bronce, que en esa imagen que quedó para la historia fueron meros actores de reparto, víctimas de un animal que marcaba una nueva era.

Y ese mismo dilema que se generó a la interna del rugby fue lo que permitió su explosión. El tímido gigante neocelandés se convirtió, involuntariamente, en una cara reconocible aun para gente que no supera las reglas más básicas del rugby.

Porque en definitiva, ese recuerdo no lo generan los equipos, sino las estrellas: pasa con Tiger Woods, Con Michael Jordan, con Maradona o Pelé. Y el rugby necesitaba una estrella.

Quizás por eso también, muchos fanáticos del rugby no lo tengan como el mejor que hayan visto: representó una noción demasiado individual del rugby. Pero al mismo tiempo era el tipo que le permitía a cualquier fanático sentarse a hablar con un amigo que supiera poco y nada del deporte.

Lomu, además, fue una de las caras visibles de otra revolución: la irrupción fulgurante del seven como una cara nueva del rugby. Más entretenida para esas nuevas audiencias, más dinámico, más espectacular, más ágil. Todo eso le permitió regresar a los Juegos Olímpicos, y Lomu fue embajador del movimiento. El injusto destino quiso que se pierda el momento cúlmine, en Río 2016.

En todo eso, fue un embajador de los nuevos tiempos, en los que los rugbistas pasaron a ser estrellas, a aparecer en posters callejeros y en publicidades en todo el planeta.

Lo más triste fue que esa calidad de embajador la hizo en gran medida fuera de la cancha. Porque en realidad, su paso por el césped fue el de una estrella fugaz: fulgurante, e increíblemente breve. Explotó a los 20, pero casi enseguida se le detectó una rara enfermedad renal que lo fue debilitando. Volvió a brillar en el Mundial 1999, pero ya no era el mismo. Y se quedó afuera de 2003, cuando la enfermedad se había agravado tanto como para derribarlo como casi ningún jugador había podido antes.

Esa enfermedad lo hizo retirarse como el mejor jugador que no se haya consagrado jamás con una copa del mundo. Pero siguió siempre vinculado al rugby, en parte como forma de ganarse la vida -no llegó a la era de los contratos millonarios-, en parte para devolver lo que el rugby le dio. En el Seven de Punta del Este estuvo en las dos vertientes: como la estrella juvenil que rompía con cuanto tackle se le cruzara por delante a mediados de la década del 90, y como embajador publicitario, en 2011. Y todo lo que tenía de bestia en la cancha, lo tenía de humildad y calidez afuera. Quizás por eso, las muestras de dolor ayer, cuando se conoció su partida, fueron tan sentidas.

Seguramente el rugby le deba mucho más a Jonah Lomu. Y nunca alcanzará para agradecerle al hombre que cambió la historia.

1995, la explosión

Lomu apareció con 20 años y marcó siete tries en ese torneo, para llevar a Nueva Zelanda a la final del Mundial, en la que cayó con Sudáfrica.

Amigo de uruguay

Lomu pasó varias veces por el Seven de Punta del Este en la de cada de 1990, y en 1996 fue elegido como el mejor jugador del torneo. Volvió en 2011 en una visita publlicitaria.

"Lomu llevó él solo el rugby a la era profesional. No ha habido otro Jonah Lomu. Todo el mundo intentó fabricar uno nuevo, colocando a forwards como tres cuartos o poniendo de wing a alguien de su tamaño. Pero no hay dos como él y, para ser honesto, no habrá otro igual nunca". Tana Umaga "Lomu llevó él solo el rugby a la era profesional. No ha habido otro Jonah Lomu. Todo el mundo intentó fabricar uno nuevo, colocando a forwards como tres cuartos o poniendo de wing a alguien de su tamaño. Pero no hay dos como él y, para ser honesto, no habrá otro igual nunca". Tana Umaga

15
Tries en Mundiales. Lo más impresionante es que solo jugó dos: apoyó 7 en 1995, con 20 años, y otros 8 en 1999.






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