¿Por qué Diego no es ídolo?

Forlán metió un golazo, brindó asistencias y una pelota en el palo pero la gente no corea su nombre
Allá en la Olímpica hay una bandera que recuerda al último ídolo. Su leyenda dice poco, pero lo resume todo: "Gracias Tony". La gente no olvida.

Las aguas y las opiniones se dividieron cuando Peñarol decidió no renovar el contrato de Antonio Pacheco. La incorporación de Diego Forlán fue capaz de tapar todo. No era cualquiera el que venía a ocupar el lugar del ídolo.

Pero las dudas invadieron. Muchos pensaron que estaba terminado por venir de la B de Japón. Que no sería el mismo que deslumbró en la selección. De hecho, no había terminado muy bien el Mundial de 2014. Sin ir más lejos, cuando entró al Estadio el día de la presentación la gente coreó "olé, olé, olé, Tony, Tony".

Bastó que Diego entrara a la cancha para dejar en claro la clase de jugador que es. Es cierto que le costó la adaptación. Que la liga local tiene determinadas particularidades, pero ahí va Diego, embarcado en su nuevo sueño.

Ya se sacó los nervios del debut. Ya superó la adrenalina de vestir la camiseta y ser recibido por la hinchada. El primer gol, el tiro libre, la pelota en el palo y el sello de sus pases. Está claro, Diego es un jugador distinto, de los que no abundan acá.

El pasado fin de semana en Belvedere realizó una jugada de otro fútbol para permitirle a Peñarol salir con vida de Belvedere. De hecho el técnico Pablo Bengoechea expresó: "Hace muchos años que no veo una jugada igual en el fútbol uruguayo".
Ayer en el Centenario el 10 volvió a ser un deleite para la vista. Cuando tocó la pelota generó y lastimó al rival.

Diego participó de todos los goles y marcó uno de los cuatro a Villa Teresa con un zapatazo que tiene sello propio. Si algo tiene Forlán es que le pega a la pelota como pocos. A ello suma su inteligencia y visión para buscar los espacios libres. Verlo moverse sin pelota permite visualizar cómo busca el lugar adecuado para recibir la pelota sin marcas.

Después de varios partidos Diego recibió el calor del rincón de la Olímpica que lo aplaudió cuando fue a ejecutar un tiro de esquina. Pero, vaya uno a saber por qué, la Ámsterdam aún no coreó su nombre. Es como que Diego aún no se terminó de recibir de ídolo. ¿Qué le falta? El clásico del domingo puede marcar un antes y un después con la hinchada.


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