Por la carretera del título

Peñarol sentenció en la cancha el juego de las diferencias entre un equipo profesional y otro que la lucha por sobrevivir

Mire como son las cosas en el fútbol uruguayo. Peñarol concentró en la majestuosidad de Los Aromos. Las cocineras recibieron el mejor churrasco de cuadril. Zalayeta cenó, hizo la sobremesa y se acostó tranquilo a mirar televisión. Se durmió y no despertó hasta el otro día. Progreso no tiene cancha donde entrenar. Los jugadores arman grupos porque alguno tiene auto y se juntan para ir a prácticar. No concentraron lo que implica que se cena lo que hay en casa. Después de comer de pronto Canobbio miró la tele y cuando fue a dormir la señora le pidió que le alcanzara el termómetro porque el nene tenía fiebre.

Es la realidad de uno y otro. Y si bien las diferencias muchas veces no se notan en la cancha por ese amor propio del futbolista uruguayo, a la larga es resultado no es difícil de adivinar.
Peñarol, que en lo previo fue con uno o dos goles de ventaja, tuvo más dificultades de las previstas, pero terminó venciendo 3-1 a Progreso para mantener la condición de líder del Apertura

No fue sencillo. Progreso lo sorprendió con un sistema defensivo que no esperaba. ¿Qué hizo Leo Ramos? Paró una línea de cuatro atrás y delante de la misma colocó a Appelt. La intención era clara: tener un hombre que accionara el mecanismo de marca en la gestación de juego. Ahí donde Zalayeta desnivela. Y si bien Peñarol le imprimió el ritmo habitual que aplica en el inicio de todos los partidos, el gaucho se cerró.

Peñarol reaccionó después de que Alles se perdió el gol ante intervención de Bologna.
Fue sobre los 19 cuando desbordó Estoyanoff y lanzó el centro para el remate apenas desviado de Zalayeta. A los 26 el aurinegro dispuso de tres situaciones en la misma acción: cabezazo de Macaluso en el palo, remate de Zalayeta que sacó el golero y posterior zapatazo de Olivera en el travesaño.

Cuatro minutos después se quebró la resistencia gaucha. Estoyanoff encaró, midió, y como nadie le salió, disparó fuerte y abajo. Parecía partido liquidado. Es que hasta el final del primer tiempo fueron 15 minutos de toqueteo intrascendente.

Pero en el complemento sorprendió Progreso. A los 3 avisó con un contragolpe fulminante que Canobbio resolvió mal y cinco minutos más tarde empató. Una buena jugada colectiva terminó con la definición de Canobbio tras asistencia de Lombardi.

El equipo de Da Silva quedó desorientado. Los minutos comenzaron a correr y no encontraba los caminos. Para colmo sobrevolaba la sensación de que Progreso podía llegar al gol.
Da Silva apeló al banco. Reforzó el medio: Cristóforo por Zambrana. Y luego uno más ofensivo, Siles por Grossmüller.

La paz llegó a los 26 minutos cuando Zalayeta generó una jugada que inició y culminó de puntín. Parecía demasiado para un Progreso que se quedaba sin fuerzas para reaccionar. A once del final Estoyanoff liquidó de tiro libre.

Peñarol terminó en la cancha lo que había iniciado en la concentración de Los Aromos.


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