Por la calle de la humildad

El lateral tricolor viaja en ómnibus desde San Jacinto, llega caminando a la práctica porque prioriza la casa antes que el auto y en los ratos libres es técnico

En estos tiempos de autos último modelo, de camionetas 4x4 con vidrios polarizados, no es común que un futbolista de un equipo grande llegue caminando al entrenamiento. Por eso llama la atención verlo a Alfonso Espino, el lateral izquierdo de Nacional, recorriendo a pie, con un pequeño bolso abajo del brazo, las dos o tres cuadras que hay desde Avenida Instrucciones y camino Berges hasta la entrada principal del complejo tricolor.

“Hoy porque me trajo un amigo en su auto, pero cuando vengo en ómnibus me bajo en Belloni y son unas cuadras más”, cuenta Alfonso a El Observador.

Porque Espino suele viajar en ómnibus, otra rareza en un jugador profesional. No tiene auto. ¿Y quiere otra? Sigue viviendo en San Jacinto, Canelones, donde nació hace 23 años.

“Primero que no sé manejar, tengo un poco de miedo, no me tengo confianza, aunque hay un amigo que me quiere enseñar” admite el mismo que los fines de semana se manda unos piques tremendos, pletórico de seguridad, por la banda izquierda.

Pero antes que las cuatro ruedas, Alfonso pensó en los ladrillos. “Hay tiempo para todo. Nosotros vivimos en un complejo de viviendas y no tenemos casa propia. Por eso priorizamos eso. El año pasado arrancamos con el parrillero porque mi vieja quería festejar el fin de año ahí, pero no nos dio para terminarlo porque los albañiles tenían otras cosas para hacer. Ahora faltan detalles y el mes que viene empezamos con la casa. Es mi forma de pensar”, admite.

Alfonso vive con su madre que trabaja como ama de casa, el padre que labora en el frigorífico San Jacinto y sus dos hermanos, menores que él: Andrés, que juega en Nacional y Marcos, que lo hace en Miramar y ahora se recupera de una rotura de  ligamentos.

Le gusta vivir en San Jacinto, ciudad ubicada a 45 kilómetros de Montevideo. “La gente acá trata a todo el mundo igual. Me conocen de chico, es tranquilo y más que ponerse a hablar de fútbol no pasa”.

La humildad lo marca de cerca y no lo deja catalogarse como el más famoso de San Jacinto: “No, acá es chico que hay muchos jugadores. Rodrigo Canosa de Cerro, Guillermo de Amores de Liverpool, Matías Vecino que ahora juega en Italia… Ahí tenés al más famoso”, dice y sonríe.

¿Y qué hace después del entrenamiento? Acá viene otra faceta desconocida del jugador de Nacional: “No hay mucho para hacer, así que generalmente nos juntamos con amigos a tomar mate. Aunque ahora agarré para dirigir la categoría sub 18 del club San Jacinto”. Así es, también es técnico.

“Tampoco tengo mucha responsabilidad. Somos tres técnicos. Uno es el Guille de Amores que entrena a los goleros”. El equipo participa en la liga regional Artigas. A los que más les puede enseñar, por ahora, es a los marcadores de punta: “Sí, les digo que no hagan lo que yo hago mal”.

En los últimos cuatro partidos Espino fue titular en Nacional, pero él no se siente dueño del puesto: “Afianzado es una forma de decir, todas las semanas hay que pelear el puesto. Lo que sí tengo es más confianza que antes”, dice.

Y forman un dúo dinámico muchas veces inmarcable con Carlos de Pena: “Eso es porque jugamos juntos desde que llegué a Nacional. Y en la semana lo trabajamos con Álvaro (Gutiérrez)”.

Nacional deambula por una senda irregular en el Clausura y no ha podido encadenar dos triunfos seguidos: “Esperemos que se dé el sábado contra Racing y que después vengan más partidos al hilo”, sueña Espino, porque los sueños no conocen condición social.


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