Polo no pierde finales

En un encuentro parejo, el caballito fue un poco más para ganar 13-10 y levantar la copa

No es casualidad que Carrasco Polo no pierda una final desde 1989. No ganó todos los títulos de ahí en más, pero cuando se aseguró jugar un partido decisivo, siempre ganó y levantó la copa.

¿Donde está la explicación? Difícil de encontrarla, porque si hubiera una fórmula mágica ya se la hubiesen copiado -aunque Old Boys y Christians tienen el gran mérito de que el rugby uruguayo ya no es cosa de una, sino de tres-. Pero en ese ejercicio de encontrar explicaciones, uno llega a la conclusión de que el caballito prepara los pequeños detalles para que, a la hora señalada, encuentre la jugada que haga la diferencia en un partido parejo al extremo.

En el juego final, esa jugada se dio a los tres minutos: una penetración de Jerónino Etcheverry ganando la ventaja. El 10 por el cual el cuerpo técnico de Polo apostó aún sabiendo su cualidad de lagunero, encontró un espacio donde no lo había para iniciar la jugada que terminó en el try que puso el 7-0. Pero sobre todo, le dio a Polo la chance de jugar todo el partido en ganador, controlando los tiempos, algo clave en una final.

Ese try le dio un pequeño impulso al caballito, que dominó los siguientes minutos, aunque nunca logró superar a una ordenada defensa azul. Acorde a una final, fueron as defensas las que ganaron siempre para generar un partido chato, lo que se profundizaba por la casi nula obtención de ambos en las formaciones. Pero aún en la paridad Polo encontró otra posibilidad para sumar de penal el 10-0. Otra vez los detalles...

Así y todo, en las pocas chances en que Christians logró sumar tres o cuatro fases logró llevar peligro, hasta llegar a un try de maul a los 37, que cerró el primer tiempo con un 10-7. Pero desperdició dos más, en los que decidió ir al line y no pudo aprovechar. Un pecado en una finalísima.

En el complemento Christians intentó quemar las naves. Pero aunque lo intentó, ni siquiera tuvo muchas chances. La lucha en el ruck se fue tornando pegajosa y la pelota nunca tuvo rimo. Los dos quebraron en alguna oportunidad, pero siempre hubo un par de brazos más para tacklear, ruckear, ensuciar, enlentecer.

Las chances fueron mínimas, pero ahí estuvo otra de las diferencias de estos momentos definitorios: mientras Christians erró su chance para empatar, Polo tuvo una y no la dejó pasar: otra vez Etcheverry, a ocho del final, para sacar seis puntos de diferencia, que en un partido tan cerrado era una enormidad.

Christians por fin pudo responder con un penal a los 79’ y se la jugó en los instantes finales a un heroico empate. Sin embargo, otra vez en el peor momento apareció la defensa de Polo, que aguantó hasta que llegó el error de manejo de Christians. Detalles, pequeñísimos. Pero que hacen la diferencia para el campeón.


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