Polilla siempre está en la puerta

Esta no fue la primera vez que Jorge Da Silva estuvo cerca de irse desde que está en el club; sin embargo, siempre logra mantenerse en su puesto

El Polilla Da Silva ya tuvo el día después de celebrar como corresponde el hecho de ganar un clásico por goleada y luego de una semana muy especial en la que como él mismo indicó el lunes en El Observador, “si perdía, me iba”.

Obviamente que todo el mal momento por el que atravesó Peñarol parecería haber comenzado con la derrota ante Racing luego de ir ganando 1-0. Fue una caída inesperada y que pegó muy fuerte.

Sin embargo, la bajada del rendimiento futbolístico del equipo ya había comenzado en la fecha anterior. Fue el 14 de abril cuando Peñarol le ganó 1-0 a El Tanque Sisley jugando seguramente su peor partido del campeonato.

“Ganamos, pero me fui recaliente para mi casa”, dijo Da Silva a El Observador días después.

De Racing a Defensor mediaron siete jornadas en las que Da Silva formó el equipo con las bajas de Carlos Valdez –el verdadero puntal de la defensa– y Marcel Novick, quien se había hecho sacar la quinta amarilla contra los de Sayago.

Peñarol no jugó mal ante los violetas y quizás mereció un poco más. No tuvo suerte en la definición y en una de las pocas llegadas del rival, le anotaron un gol que puede ser decisivo.

Esa noche del Parque Rodó, Peñarol perdió la punta de la Tabla Anual y del Torneo Clausura a manos de los violetas. Y el Polilla se fue insultado por toda la hinchada, no solo por la que se instala detrás del arco, sino por los propios plateístas quienes se encontraban detrás del banco de suplentes en el que se encontraba él junto a su cuerpo técnico y suplentes.

Esa misma noche recibió un mensaje de texto desde Suiza por parte del presidente Juan Pedro Damiani, alentándolo a seguir con todo.

Al otro día, como informó el lunes El Observador, su hijo Jorge –integrante del cuerpo técnico– sufrió un importante accidente de tránsito en el que se salvó justo. Solo sufrió un raspón en una mano. El Polilla iba unos minutos detrás suyo por la misma calle con su camioneta negra y cuando lo vio, casi le da un ataque. El auto destrozado yacía arriba de la vereda. Cuando vio a Jorge, respiró aliviado.

El martes en Los Aromos habló con el gerente deportivo Carlos Sánchez. “Mirá, Tío, posiblemente no pueda resistir en el cargo si perdemos el clásico. Seguramente daré un paso al costado”, le dijo.

La contestación no demoró ni un segundo. “Vos tenés que quedarte y contás con todo mi apoyo y el del presidente. ¿Qué más querés? Tenés el derecho de jugar la definición del Uruguayo porque ganaste el Apertura”, le contestó Sánchez.

Mucho tenía que ver en esa decisión del técnico de Peñarol el hecho de los últimos resultados y que no es un entrenador del riñón del club, que se haya identificado históricamente con estos colores.

En esa misma jornada del martes, el Polilla ya le confirmó a Antonio Pacheco que iba a ser titular en el clásico. Quería un referente, un ganador histórico de clásicos en la cancha. Le salió bien.

Con el correr de los días, algunos dirigentes manifestaron la posibilidad de que de perder el clásico, Da Silva debería irse, o que habría que cesarlo. Y ojo que no había plan B. Si lo cesaban, no se sabía quién podría venir o si se quedaba los cuatro partidos que restaban hasta el final del torneo Jorge Goncalves.

Entonces salió Sergio Cabrera, el ayudante técnico del Polilla, en los medios a decir que “nosotros no vamos a dar un paso al costado si perdemos el clásico”.

Por supuesto que el resultado del clásico dio por tierra con todo lo que había hablado íntimamente el Polilla sobre irse, más allá de que lo admitió públicamente.

Como también lo admitió al otro día de ser campeón del Apertura en una entrevista con El Observador. “Tenía muy claro que si no éramos campeones, me tenía que ir”.

Esta es una situación similar. El Polilla parece que siempre está en la puerta y que de algún lado lo quieren empujar para que se vaya. Pero, por ahora, sigue enhiesto.


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