Polilla: "Se estaba siendo muy injusto con Peñarol"

El técnico habló del adiós de Forlán, de cómo la prensa hacía diferencias con Nacional y de la llamada de Aguirre a Darío Rodríguez para desmentir rumores
Entrevista con Jorge Da Silva

¿Cuántos años envejeció en estos cuatro meses?

No sé cuántos. Sí tengo bastante más canas de las que tenía. Yo sabía que volver a Peñarol no iba a ser nada sencillo, que la presión siempre está y más cuando el campeonato se hace tan complicado como este. Por suerte terminás logrando lo que quería, lo que se había planteado este grupo y en cierta forma la recompensa vale, pero fueron cuatro meses difíciles para todos. Creo que para los muchachos más porque casi todos estuvieron un año entero en el que fueron cuestionados, criticados por rendimientos y funcionamientos.

Es que venir a un equipo grande y no ser campeón sería fracasar.

Sí, siempre fui de esa idea, es lo que pensé siempre. En un equipo grande tenés la obligación de ser campeón. Si estás un año entero en un equipo grande y no ganás un título, es un fracaso, más a nivel local. Este año, Peñarol necesitaba más que nunca ganar el Uruguayo. Porque fue un año especial, por la inauguración del estadio, el título 50 para el club. Entonces había una presión muy grande y creo que el plantel la sintió. Uno de los factores que influyeron mucho para que no se pudiera encontrar el funcionamiento y un rendimiento estable de los jugadores fue justamente la gran presión que había. Y un plantel con mucha gente nueva y joven que era la primera vez que jugaba en un equipo grande. Creo que lo sintieron.

¿Sufrió más el título ahora o el de hace tres años?

La primera vez lo sufrí más por la inexperiencia de dirigir a un grande. La oportunidad que se me presentaba que podía ser única de dirigir a un club grande y obtener un título, hicieron que por ahí uno no estuviera tan preparado, no desde lo futbolístico, pero sí desde el entorno, de cómo sobrellevar los momentos. Este año lo tomé con mucha más calma. Yo ya sabía adonde venía, sabía lo que me esperaba, lo que iba a hacer si la cosa no venía fácil y lo tomé con mucha más tranquilidad y traté de apartarme un poquito de lo que es lo externo y enfocarme netamente en el trabajo y mucho más en estos últimos 20 días en los que nos estábamos jugando la definición del campeonato. Traté de aislarme y lo sufrí de otra manera. Siempre es difícil, siempre está la preocupación de que las cosas salgan, pero en 2013 se me hizo mucho más duro.

El hecho de haber llegado a Peñarol después de Pablo Bengoechea justamente por lo que él representa, y de que además, venía de ganar un título, ¿fue una presión extra para usted?

Sí, por supuesto. Pablo es uno de los grandes ídolos de Peñarol en toda su historia. Reemplazarlo a él, y mucho más que él había sido campeón, no era sencillo. Lo que a mí me daba un poco de respaldo era el título de 2013, sino, seguramente hubiese sido mucho peor. Y más cómo se dio la salida de Pablo. Todo eso hizo que las cosas fueran más difíciles porque lógicamente se entra en las comparaciones. Eso jugó en contra de lo que era nuestro trabajo en este semestre.

¿Por qué se quiere quedar?

Primero tengo contrato –aunque la vez anterior también lo tenía y decidí no continuar- pero son momentos diferentes. Para mí lo más importante en este período de trabajo incorporé algunos jugadores pero no era un plantel armado por mí. Hay un buen potencial que si lo fortalecemos con jugadores de la característica que yo entiendo que no había este año, se puede armar un buen equipo. Hay una competencia internacional muy cercana como la Copa Sudamericana, también un torneo muy corto, el cual nos puede dar la posibilidad del bicampeonato y que hoy estoy con otra tranquilidad y confianza. Hay muchos jugadores a los que se les vence contrato; en 2013 había un plantel muy grande pero la mayoría continuaba, había muy poco para poder modificar. Las situaciones son diferentes y el momento personal de uno es otro. Hoy, quieras o no, tengo dos títulos en la espalda que me dan cierta confianza.

En 2013, tras conseguir el título, usted había dicho a Referí que no se sentía querido por el hincha de Peñarol. ¿Cree que eso cambió?

No sé si cambió porque siempre fueron dos momentos en los que hubo muchas críticas, fuimos muy cuestionados. El hincha es exigente y eso no va a cambiar nunca conmigo o con quien venga. El hincha es muy variable: según el momento te quiere o te odia. Hay ídolos de clubes en el mundo como jugadores, que cuando fueron técnicos se tuvieron que ir no de la mejor forma del club que tanto lo amó. En mi caso no tengo un pasado como futbolista o no soy un ídolo de Peñarol, entonces voy a ser más cuestionado que otro. Siempre estamos sujetos a resultados.

Más allá de que tiene contrato y que quiere seguir, tiene el apoyo del director de fútbol, Juan Ahuntchain.

Sí, de Juan lo tuve siempre porque fue uno de los que valoró mi trabajo, confió en nosotros, estuvo día a día al lado nuestro durante todo este período en Los Aromos. Es importante tener el respaldo del director de fútbol. Lógicamente que se debe a la institución y seguro que va a ser uno de los que decidirá qué hace Peñarol en el futuro. Pero siempre es bueno que la persona que está al lado tuyo, confíe en el trabajo.

Más allá del abrazo del domingo, ¿hablaron algo más con Juan Pedro Damiani?

No. Había mucha gente. Juan estaba con mucha alegría. Nos saludamos, nos dimos un abrazo, los dos nos vamos a tomar algunos días de vacaciones, pero esto (su continuidad o no) se va a resolver en las próximas horas porque hay que ponerse a trabajar pronto.

Le pregunto porque la interna de Peñarol en lo dirigencial, usted siempre reconoció que no es fácil.

Claro. Aparte se estuvo hablando mucho en estas últimas dos semanas. A mí no me preocupó porque sé como es este juego. Tengo muy claro que cuando los resultados no vienen, es normal que empiece a haber rumores. Yo estaba enfocado en lo que era la final porque era lo que a mí me iba a dar mucha más posibilidad de continuar, ya que yo había dicho que si no era campeón, no iba a seguir. La decisión ahora parte de ellos. Uno está en Peñarol en donde seguro habrá opiniones diferentes, pero tiene que haber consenso, respaldo y una seguridad de que nosotros continuamos de parte de ellos.

Hubo muchos rumores de que Diego Aguirre fuera su sucesor. Tanto él como Damiani desmintieron un encuentro entre ellos. Sé que Aguirre llamó a Darío Rodríguez para comunicarle que no había nada. ¿Le molestó ese rumor? ¿Le llegó esa versión de que Aguirre habló con Darío?

Primero, Darío me lo comentó, me dijo que Diego lo había llamado, que mandaba saludos y que me comentara que no había tenido ningún diálogo con nadie. Habla muy bien de lo que es Diego como persona, más allá de que no somos amigos personales. No me sorprende que se maneje de esa manera. Por otro lado, no me hubiese molestado tampoco porque yo sé que el fútbol es así. Es normal que los entrenadores en forma informal o por tener una noción de lo que pueda pasar en un futuro en caso de que haya recambio, puedan hablar. No tomo como algo malo que un dirigente hable con otro técnico por más que haya uno trabajando. Sabemos lo que es Diego en Peñarol y que cada vez que está sin trabajo, o haya un posible cambio de entrenador, va a ser el candidato normal. No me molestó.

¿Cuál fue el peor momento del campeonato?

(Piensa mucho). Este final fue duro porque había poco margen. Si vamos a hablar de un partido puntual, el de Plaza en el Campeón del Siglo. Porque hasta ahí nosotros llegábamos con la posibilidad matemática de que ganando ese día, definíamos el siguiente fin de semana y nos quedábamos con todo. Era un partido importante por lo que representaba, que Plaza nos diera la vuelta en nuestro estadio, perder la posibilidad de ganar el Clausura, saber que teníamos que jugar una final. Después, el encuentro ante Wanderers. Ahí teníamos que confirmar el repunte del clásico, teníamos la posibilidad de quedarnos definitivamente con la Anual y no lo supimos hacer. Creo que al final del torneo fue cuando el equipo sintió más la presión.

Debe haber sido fuerte el dolor de que le dieran la vuelta en el Campeón del Siglo.

Sí, porque este era un año muy particular. Más allá de que este año todo era presión porque teníamos la obligación de ganarle a River argentino porque era la inauguración del estadio. Teníamos la obligación de ganarle al Cristal porque era el primer partido de Copa Libertadores y también de vencer a Danubio porque era el primer encuentro por un torneo local en el estadio. Eso lo conseguimos. Ese ante Plaza era un partido también especial. Pero lamentablemente, no solo nos dieron la vuelta en el estadio, sino que ahí perdimos toda posibilidad del Clausura y debíamos prepararnos para la final.

El gol que más gritó, ¿fue el de Marcel Novick en el clásico?

Sí, sin dudas porque significaba mucho más que un empate. Fue en la hora, con 10 hombres contra Nacional. Era seguir manteniendo la diferencia en la Anual, seguir dependiendo de nosotros para ganar el Clausura. Además, habíamos pasado 10 o 15 minutos fatales en los que Nacional nos pudo haber goleado. Poder lograr ese empate, en la forma en que se logró, el jugador que lo logra, la forma, un futbolista de 1.60 m ganando en el área que normalmente no pisa, contra dos zagueros muy grandes, con la nuca. Fue muy especial y la verdad que si bien uno no festeja empates, para nosotros ese gol de Marcel fue una victoria.

¿Qué opina de que se vaya Diego Forlán?

En eso soy muy respetuoso. Las decisiones hay que aceptarlas, más cuando vienen de una persona grande, inteligente, uno de los ídolos más grandes que tuvo el fútbol uruguayo en los últimos años. Hay que respetársela. Diego hoy está muy feliz, cumplió su sueño. Estuve hablando con él en la mañana (del lunes) y para él no fue un año fácil y creo que está en un momento de su vida y de su carrera que quiere disfrutar y no sufrir. Más allá de que por ahí se me involucra a mí de que a raíz de que en algún momento le tocó salir del equipo, puede haber tomado esa determinación. Eso no es así.

Él le dijo que sufrió este campeonato.

Sí, me dijo que fue duro y que no es fácil jugar en el Uruguay. Dentro de todo el cuestionamiento que hubo hacia el equipo, él fue uno de los jugadores por ahí más castigados porque era lógico, era la gran figura, un jugador del que se esperaba mucho, yo creo que Diego tuvo, en líneas generales, un buen rendimiento. Lógicamente no se puede hacer responsable a él solo de todo, y tampoco él vino a Peñarol para eso. Vino a ser la frutilla de la torta. Pero dado el bajo rendimiento del equipo, se esperaba mucho más de él y él por ahí no era lo que tenía que dar. Él lo debe haber pensado mucho con su familia.

A usted no le tembló el pulso para sacarlo en su momento. Sé que tuvieron charlas en las que no se pusieron de acuerdo. ¿No esperaba más de él futbolísticamente?

Le tengo un gran respeto. Cuando un jugador sale del equipo, no le agrada. Diego en ningún momento me manifestó que no estaba de acuerdo en la salida del equipo. Respetó mi decisión. Sí estuvimos hablando de lo que yo veía, de cómo se sentía él, la posición en la que podría estar jugando. Lo hablamos en una charla íntima en un rato largo. A partir de ahí, trabajó con mucha seriedad y respeto y por suerte volvió al equipo. Diego tiene sus características. No le podés pedir que sea un jugador agresivo, que se tire al piso, porque no lo hizo nunca. Diego tenía que encontrar un rendimiento en un equipo que favoreciera lo que es su juego. Al no encontrar su funcionamiento, necesitábamos de otras cosas. Pero Diego dio lo que todos esperaban de él. Tuvo su sello de calidad, goles importantes, muy bonitos. Pero fue un semestre o un año en el que el equipo no tuvo un buen rendimiento y era muy difícil sobresalir este año en Peñarol. Por ahí Maxi (Olivera) fue de los más destacados.

¿Le molestaba que por momentos en el año se hablara tan bien de Nacional y tan mal de Peñarol pese a que ustedes iban primeros?

No es que me molestara. Me parecía que se estaba siendo muy injusto con Peñarol, porque si bien Nacional tuvo partidos muy buenos en lo internacional porque fue un equipo competitivo, dinámico, tenía lo que se necesita para jugar la Libertadores. Pero me parecía que había mucha diferencia entre lo que se alababa a uno y se cuestionaba al otro. Porque en lo local, Peñarol iba primero, había ganado un torneo, iba primero en la Anual. Y si bien Peñarol no me conformaba porque este grupo de jugadores debía jugar mejor, no me parecía que en lo local hubiese esa diferencia que se marcó. Pero son juegos a nivel de la prensa. Y fijate cómo terminó: Peñarol siendo campeón uruguayo, Nacional quedando eliminado de la Copa y ni siquiera tuvo la posibilidad de definir el torneo. El fútbol es muy variable.

¿Qué opina de la llegada de Martín Lasarte a Nacional?

Martín ha demostrado mucha capacidad. Es un técnico que conoce el club, que fue campeón, conoce muy bien lo que es la interna del trabajo de un club grande. Se justifica su llegada. Es un técnico que reúne las condiciones y los pergaminos como para dirigir a Nacional.

¿Ya lo llamó a Pablo (Bengoechea)?

Todavía no porque tuve un día complicado. Quiero saludarlo, agradecerle porque sé que él vivió un momento difícil, que se dijeron cosas que estuvieron de más y que quisieron de cierta forma enfrentarnos. De las dos partes estamos lejos de llegar a eso y él es tan responsable de este título como nosotros.

¿Le promete el bicampeonato al hincha?

Es difícil prometer resultados en el fútbol y mucho más en un club como Peñarol. Pero tengo muchas ganas y de continuar en el club lo voy a hacer con la misma seriedad y tratando de buscar un rendimiento que en este semestre no pude encontrar.


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