Polémica por la camiseta: ¿cómo queda el mapa político del fútbol?

El conflicto entre la AUF y Tenfield resquebrajó las relaciones en el fútbol
El conflicto entre la AUF y Tenfield por los derechos de la camiseta de la selección es histórico. Por el grado de enfrentamiento, pero además, porque rompió la mayoría de las lógicas de relacionamiento político del fútbol en los últimos años.

Victoria del Ejecutivo

Por un lado, la crisis marca un antes y un después para el Ejecutivo presidido por Wilmar Valdez. Llegó al poder tras la renuncia del Ejecutivo liderado por Sebastián Bauzá, que se fue acusando a Tenfield de un golpe de Estado mientras se negociaban los derechos de la Eliminatoria al Mundial 2018. El enfrentamiento con la empresa de Casal había sido enorme –Bauzá llegó a denunciar hasta amenazas a su familia–. Y por eso, el nuevo Ejecutivo rápidamente fue catalogado por muchos como uno "cercano" a Casal. Esa es una de las nociones que quedó atrás con la votación de ayer: la victoria del Ejecutivo es una muestra de poder sobre Tenfield, porque le impone condiciones como pocas veces antes.

Es cierto que los clubes que proponían al nuevo Ejecutivo –y que acorralaron políticamente a Bauzá hasta su salida– eran los más cercanos a Tenfield. Eran, si se quiere, los más "chicos" de Primera, sin desarrollo de divisionales juveniles y por eso sin ventas de jugadores, con presupuestos magros y siempre atados por necesidad económica a Tenfield. Reclamaban que el anterior Ejecutivo los había dejado de lado, y que necesitaban un nuevo gobierno más cercano.

Esa fue una de las premisas de los dirigidos por Valdez desde que asumió: estar cerca de los clubes y apuntalar el fútbol local. Pero con el paso de los meses, y con las acciones individuales que fueron desarrollando, fueron estableciendo un estilo propio. Con algunas medidas que favorecieron a Tenfield, pero con otras que lo fueron alejando, hasta llegar al punto actual, de máxima división. Para eso también fue clave la cada vez más crítica situación económica de la AUF: contra las deudas y al borde de la cesación de pagos, el Ejecutivo salió a buscar todos los caminos posibles, aunque eso implicara enfrentarse a Tenfield y a sus clubes aliados. Y demostró que la alineación de los clubes con Tenfield no era suya.

El pragmatismo del Ejecutivo quedó claro. El gobierno de Valdez no tuvo reparos, por ejemplo, a una nueva extensión con Tenfield por los derechos del fútbol local hasta 2025, aunque en su favor también está que es un tema que básicamente le pertenece a los clubes, que reciben todos los ingresos de ese contrato. La otra medida en la que la postura de la AUF coincidió con los intereses de Tenfield fue en la rescisión del contrato con Fullplay, una decisión que tuvo una fuerte presión mediática de la empresa de Casal y que se le volvió un boomerang a la AUF, cuando la Justicia retuvo el dinero pagado por la empresa de marketing internacional, y no le permitió rescindir el contrato, lo que generó al fútbol un agujero de US$ 7 millones.

El choque con Casal

Pero en otras medidas, este Ejecutivo se fue separando cada vez más nítidamente de los intereses de Tenfield. El primer aviso, indirecto si se quiere, fue en Conmebol: como vicepresidente del organismo, Valdez se negó a una rescisión de contrato con las empresas asociadas al Fifagate, y aseguró que una rescisión intempestiva podía ocasionar serios perjuicios al organismo. Por esos días, Casal hacía una de sus pocas apariciones públicas y tras declarar ante la Justicia por esa causa dijo: "La mafia sigue enquistada en Conmebol".

El siguiente paso fue la creación de la Liga Sudamericana de Clubes por parte de varias instituciones grandes de Sudamérica, cuando Valdez era presidente interino del organismo sudamericano. Los clubes reclamaron la apertura de los contratos de derechos de TV, lo que Valdez entendió era un golpe clave en plena campaña electoral, sobre todo luego de que Juan Pedro Damiani dijera que Valdez no tenía las condiciones para promover un cambio. Aquellas reuniones originales de la Liga tuvieron una amplia difusión por parte de los medios de Tenfield, otra muestra de que la relación con el presidente de la AUF zozobraba.

A pesar de eso, las dos partes siguieron negociando otros temas, y el Ejecutivo siempre repitió un latiguillo: "Defendemos los derechos del fútbol uruguayo".

Así se llegó a la Copa América, la propuesta de los jugadores sobre Nike y la decisión de la AUF de dejar de negociar la renovación con Puma y Tenfield y acelerar las gestiones con Nike. Ese fue el quiebre final, y a partir de allí las amenazas de juicios, hasta llegar al telegrama de ayer (ver página 4).

Los clubes "pro Tenfield"

En el medio, varios de esos clubes "chicos" que llevaron al actual Ejecutivo al poder, y que tienen una relación muy cercana con Tenfield, miran desubicados. Tienen una deuda de gratitud con un Ejecutivo que los atendió en varios reclamos, pero cargan además con la lealtad a la empresa a la que recurren un día sí y otro también para recibir dinero. Por eso, al votar, le soltaron la mano a Valdez y los suyos con la excusa del "llamado a precios".

Liverpool en un lugar extraño

Pero en esta novela se cruzan varios cables. Curiosamente, la propuesta del llamado a precios fue del presidente de Liverpool, José Luis Palma, históricamente enfrentado a Tenfield. Nadie en su sano juicio puede decir que se haya dado vuelta, porque defiende una postura histórica de que los contratos se tienen que definir con licitaciones. Pero sí es innegable que con su postura le hizo el juego a esos clubes cercanos a la empresa de Casal, que no tenían argumento el viernes para decir 'no' –de hecho por eso Juventud se retiró de sala– y que se plegaron en la asamblea de ayer. En la asamblea, Palma logró dejar clara su coherencia: licitación siempre, aún cuando favorezca a su "enemigo".

Peñarol y Nacional

El "clásico" de las decisiones quizás fue lo más previsible: Nacional se apegó a su postura cercana a este Ejecutivo –sobre todo por la presencia de Alejandro Balbi en él– y fue coherente con una línea que viene desde Dante Iocco y Eduardo Ache, y que en los grandes temas de la relación con Tenfield muchas veces ha estado en la vereda opuesta. Peñarol, en cambio, con una relación mucho más cercana con la empresa de Casal –no en vano aportó

US$ 7 millones para su estadio– y ratificando su lejanía con un Ejecutivo al que le quitó la confianza hace ya algunos meses, votó contra Nike.

Postura inédita de los jugadores

La postura de los jugadores fue la más sorpresiva. No porque no tuvieran derecho en meterse en sus propios derechos de imagen, sino porque nunca habían tenido tan alto perfil en temas extra futbolísticos.

Pero además, la carta que publicó el capitán de la selección, Diego Godín, que hablaba del "yugo de intereses externos", fue un golpe directo a Tenfield. La movida es llamativa si se tiene en cuenta que, en la década del 90, los conflictos gremiales del fútbol siempre tuvieron a los jugadores del lado de Casal.

Sin embargo, eso pertenece a otra era del fútbol uruguayo. El poder de Casal entre los jugadores decayó claramente en los últimos años, seguramente motivado por el hecho de que el empresario dejó de prestarle tanta atención a la representación de jugadores y se enfocó en los derechos de TV. En ese sentido, el mapa del plantel de selección cambió drásticamente respecto a la década de 1990, y hoy los representados por Casal son los menos –apenas Maxi Pereira y Cristian Stuani, entre los más conocidos, y que de todos modos firmaron la carta–. La relación AUF-jugadores también sale fortalecida: los celestes se arremangaron, y el Ejecutivo los defendió.

Una de las grandes preguntas es cómo seguirá la relación entre todos en los próximos tiempos. Porque ante todo, el mapa de alianzas cambió drásticamente con esta situación.

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