Pepe Larriera: ¿Cómo eran los barras de antes?

Pepe Larriera, el exreferente de la hinchada aurinegra relata cómo se convivía en las tribunas en la década de 1980

La define como una historia de amor a Peñarol. Se autodenomina referente, dice que no fue líder y confiesa que hace 20 años, después del quinquenio, se "jubiló" de la tribuna. A "Pepe" Larriera no le gusta cuando le dicen barrabrava, porque no se siente así; "solo era un barra que hinchaba", puntualiza. Asume que durante muchos años fue con su abuelo a ver a Nacional, atesora en la pared del comedor de su casa un cuadro de Nacional campeón de 1971 que le regaló y encomendó cuidar Montero Castillo, y tiene un recorrido salpicado de excentricidades, como aquella del 9 de agosto de 2005, cuando se casó con Jaqueline en el Palacio Peñarol.

La charla, en este viaje al pasado para recorrer la forma en que vivía el "barra" de la década de 1970, 1980 y 1990 en el fútbol uruguayo, está regada de anécdotas. Por esa razón, enseguida apunta: "Quién dijo que los primeros que andaban por las canchas de fútbol con una cámara fueron Abreu y Gorzy. El primero fui yo, ¿sabías? Hace 25 años andaba con una cámara, de cinta, grabando todo en el Estadio. Tengo para hacer una película".

Se acomoda el cierre del chaleco hasta el medio del pecho y enseguida queda a la vista una corbata a rayas diagonales amarilla y negra. Se ajusta el nudo, esperando un comentario del periodista, y puntualiza: "La utilizo casi todos los días".

Luego puntualiza: "Hace como 20 años me retiré. Sí, me 'jubilé'; porque, como todo, se cumplen ciclos y como barra ya estaba", puntualiza.

La presentación

"Me llamo Germán Federico. Como me dicen 'Pepe', piensan que soy José, pero no es así. Me dicen 'Pepe' por el 'Pepe' Sasía, así me decía mi padre, hincha de Peñarol", explica.

Su familia materna intentó convencerlo de ser de Nacional. "Los Gómez son todos de Nacional. Mi abuelo me llevaba al fútbol al estadio y me 'fumé' toda esa época de ellos de 1971, 1973, ¡todo! Yo estuve en el estadio cuando Manga hizo el gol de arco a arco. Iba obligado a ver los clásicos con los de Nacional, pero llevaba la amarilla y negra en el alma. Hasta que un día pude ir solo a la Ámsterdam", comenta quien eligió ser de Peñarol a los 8 años.

Sus primeros recuerdos como hincha ya tienen 40 años. "Me acuerdo de estar en 1974 en el rincón de la Ámsterdam contra la América, al que Víctor Hugo le había puesto el 'Rincón de los locos lindos' y yo le decía el 'Rincón de los anormales', porque éramos todos fanáticos de Peñarol y no entendíamos otra cosa. Por eso nos juntábamos todos allí".

El hincha de los años '80

¿Qué implicaba ser barra en la década de 1980, cuando Nacional y Peñarol compartían tribuna? "Alentar a tu cuadro, llevar papel picado, el día que pudimos entrar los bombos, llevar bombos; gritar, alentar, hacerle el aguante a los jugadores y festejar".

"Cuando empezamos, en la década de 1970, éramos 500. En los clásicos se dividía la Ámsterdam en dos, con los de la Metropolitana en el medio haciendo un vallado humano. Nosotros íbamos para un lado de la tribuna y ellos para el otro. Había problemas, no te lo voy a negar, pero convivíamos allí. A veces con dificultades, pero convivíamos. ¡Hoy olvidate! Sería imposible. Los pocos líos que teníamos eran con los hinchas de Cerro y con los de Nacional, pero no daba para mucho, porque en esas décadas de 1980 y 1990 siempre ganábamos, éramos campeones. Y decime: ¿te ibas a pelear si eras campeón?".

Larriera quiere dejar claramente establecida una definición. El periodista anota: "Un barrabrava es el que lucra con el fútbol. Yo fui un hincha, un barra que hinchaba. Nunca estuve por interés de nada. Siempre estuve por Peñarol, que es mi segunda casa y un club por el que tengo un amor incondicional".

¿Qué sueños perseguía el hincha hace 30 años? "Soñábamos con llenar una tribuna como lo hacía Boca. Una tribuna con todos cantando, todos vestidos de amarillo y negro. Éramos muy pasionales, muy hinchas. Eso sí: nada de lo que hacíamos nosotros tenía fines de lucro. Y te aclaro que no entré al BROU (donde trabaja) por Damiani, yo ingresé en 1985; Damiani, en 1986".

Los preparativos del hincha eran simples, cada uno llevaba papel picado desde su casa, llegaban un rato antes al Estadio y se encontraban en el monumento frente a la Ámsterdam. A veces entraban solos, otras en grupo, explica. "Luego, adentro, colgábamos balconeras, cuando pudimos entrar con tambores, lo hicimos. En esa época, en la de La Tatiana, cuando todavía no llevábamos los tambores, (Ruben) Rada tocaba los tachos de la Pilsen", comenta.

Recuerda: "Por lo general íbamos todos con las caras pintadas. Porque no sé si te contaron, pero yo fui el primer hincha en Uruguay que se pintó la cara de amarillo y negro. Eso fue en 1981".

Los festejos del título de 1986 dejaron una anécdota. "Peñarol campeón Uruguayo, entro a la cancha con una exnovia y subo en andas a Diego Aguirre para la vuelta olímpica. Había un mundo de gente y ella venía corriendo al lado mío, pero había dos que la venían manoseando. Me decía: 'Pepe, no puedo más'. Y le respondía: 'A Diego no lo bajo, aguantá hasta que lleguemos a la América'. ¡Era como si estuviera llevando a Jesucristo, mirá si lo iba a bajar!".



LA FRASE

"El vínculo con los jugadores era bueno. Sabían que íbamos a apoyar. Había afecto. En 1982 que te regalaran una camiseta era tocar el cielo con las manos. No vivíamos de Peñarol"

EL DÍA QUE ENTRÓ CON DOS MASTINES

"¿Vos sabías que un día entré a la Ámsterdam con dos perros vestidos con la camiseta de Peñarol?", comenta "Pepe" Larriera, sobre una anécdota que marcó época. "Todo nació de una apuesta con (José Luis) Chilavert. Él era el único que no dormía la siesta porque decía que un golero no podía descansar de tarde, levantarse, hacer 4.000 abdominales y tirarse de palo a palo, con la modorra que te da la siesta. Así que nos quedábamos conversando con él. Un buen día, cuando estaba con mis perros en Los Aromos, me desafía: 'A qué no entrás al Estadio con los perros con la camiseta de Peñarol'. ¡Para qué! Eso fue previo a un clásico, el que ganamos con gol de Bizera en un rebote, después de tiro libre de Chilavert. Allá fui a probar suerte. Me puse en la fila y uno de los Policías grita: 'A ver el de los perros Rotwailer que venga por acá que me entorpece la fila'. Entré, y vimos el partido y gritamos el gol. ¡Los perros también!".

UNA REFLEXIÓN Y DOS ANÉCDOTAS

Consultado acerca de la sensación que experimentó cuando las hinchadas dejaron de compartir la misma tribuna, dijo: "Sentí alivio, porque era insostenible; se iba a transformar en un 'Vietnam'. Ya no daba para más. Era el momento. Fue lo mejor que pudieron haber hecho, aunque la gente diga que no. No se podía más".

Luego recuerda una anécdota: "Yo fui el primero que tiró una gallina a la cancha, en un clásico de 1981 que ganamos 1-0 con gol de Morena. La compré en Tristán Narvaja, pero no me acuerdo como la entré".

Final de la Libertadores de 1987 en el Estadio. "Cuando Villar hace el gol me tiré al foso a festejar. ¿Sabés dónde terminé? En un calabozo, secando los pisos con la camiseta número 5 de 'Tito' Goncálvez. Como los Policías eran de Nacional me hicieron secar el piso con la camiseta", recuerda Larriera sobre aquel gol que posibilitó la tercera final en Santiago.


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