“Pensé que el dopaje iba a ser una mancha”

El futbolista recibió a El Observador en el Viera y contó su historia, desde el té de coca al respaldo de Ostolaza, desde la selección, a su pelea con Vanzini en Nacional

El ómnibus que trasladaba a los jugadores se detuvo en la puerta del Parque Alfredo Víctor Viera y el plantel del actual campeón del Clausura descendió del coche con el calor normal de una pretemporada al rayo del sol.

Uno de los últimos en bajar está atento a las colchonetas, las toallas y donde se guardan todos los útiles de trabajo.

Es Sebastián Eguren, un hijo pródigo del club bohemio, que entrena a la espera de arreglar con algún equipo del exterior mientras alimenta la ilusión de los hinchas.

Con una trayectoria que incluye pasajes de buen fútbol en Uruguay, Noruega, Suecia, España, Paraguay, Brasil, un Mundial y dos Copas América con la selección uruguaya, Eguren, que ayer cumplió 34 años, recibió a El Observador en su casa con arcos de fútbol, para confesarse como nunca.   

¿Está feliz de volver a casa?
Estoy contento porque es una vuelta después de muchos años. Me siento igual que siempre porque pasé mucho tiempo acá. Volver me hace rejuvenecer. Ando en las vueltas de venir temprano e irme tarde. Estoy disfrutando.

¿Cómo lo recibieron?
Muy bien. La dirigencia y el cuerpo técnico me abrieron las puertas y de la gente de la ropería no puedo decir nada porque son mi familia. Los jugadores, que por una diferencia de generación no tienen por qué conocerme, me recibieron bárbaro.

Por la selección y su pasado en el club lo tenían visto.
Sí, por la selección me conocían, pero hace mucho tiempo que no juego en Uruguay y no tienen por qué conocerme.

Recién acomodaba la ropa y el material de trabajo. ¿Está como en el living de su casa?
Si (risas), trato de molestar lo menos posible. Me siento como en casa y entreno duro para estar bien y a la par del grupo. Me llevé una sorpresa gratísima porque además de un nivel futbolístico muy bueno, el grupo tiene un ritmo bárbaro. Es el último campeón del Clausura y me tengo que poner a la altura.

¿Arias le pide algo especial?
Alfredo tiene un liderazgo muy bueno. Lo respetan todos y tiene muy buena comunicación. Creo que es un tipo muy abierto. Me hablaron bien de él. No lo conozco mucho porque hace dos días que estoy acá. Pero no soy de hablar en los entrenamientos porque soy de la idea de que hay una jerarquía en el fútbol y cuando eso se rompe las cosas salen mal. En el club manda el entrenador, más allá de la edad  que uno tenga.

¿Por qué no está en Nacional?
Por el simple motivo de que me llamaron acá. El presidente de Wanderers quiso conocer mi situación y me propuso jugar en el club. Yo no crecí en Nacional, jugué dos años y no me siento con el derecho de pedir para entrenar y Nacional tampoco se contactó conmigo. Con Wanderers quise ser lo más sincero posible. Yo estoy manejando ofertas de Argentina y de Brasil porque las otras opciones que surgieron no son concretas.

¿De qué mercados eran?
De Estados Unidos y de Catar, pero eran cosas que no daban ni siquiera para embalarse. Lo de Argentina y Brasil es más sólido, ya hablé con los presidentes, los directores deportivos y los entrenadores. Entonces por eso en Wanderers fui muy sincero y me quiero manejar con cuidado. Cuando este equipo contrata tiene que hacerlo convencido, ya que el dinero no sobra acá.

¿Qué debe tener un equipo para seducirlo?
Hay aspectos que son claves, como la duración del contrato más allá de lo económico. Ojo, no estoy diciendo que lo económico no me importa, obviamente que sí porque esto es un trabajo, pero hay otros elementos que quiero ver para poder decidir y darle un panorama claro a Wanderers. Yo quiero competir. Dar el máximo. Nunca pedí ser titular en ningún club. Cuando llegó Ricardo Gareca a Palmeiras nos juntó a mí y a Mauricio Victorino y nos dijo que éramos el séptimo y el octavo extranjero en su preferencia, cuando eran ocho (risas). La seguimos peleando y pudimos terminar jugando. Me gustan los equipos que sueñan con salir campeón, no los que tienen un tope como no descender.

¿Había chances de seguir en Brasil?
Sí. Nosotros fuimos campeones de la Serie B con Palmeiras, logramos el ascenso y nos silbaba todo el mundo. Es el club más ganador de Brasil y el descenso generó un descontento masivo. Pero me fui en buenos términos. Yo quería irme con el objetivo cumplido.

¿Tiene representante?
Hoy conseguir un número de teléfono es lo más fácil que hay en el mundo. No tengo. Me manejo solo y tengo un intermediario que fue el hombre que me introdujo en el mercado brasileño, que era un lugar donde yo quería jugar y estoy muy agradecido.

Usted fue un trotamundos que jugó en mercados muy distintos. ¿Se arrepiente de algo?
Anduve por varios lados. A veces por tomar decisiones rápidas. Antes del Mundial de 2010 quería seguir con ritmo porque había jugado bastante en la Eliminatoria y había sido titular ante Costa Rica y en Villarreal no se me planteaba la posibilidad de ser titular.
Eso hizo que después del Mundial me fuera de Villarreal, que era un club como para hacer una gran carrera. Es un equipo familiar que me valoraba mucho. Incluso cuando decidí irme ellos me dijeron que no me apurara. Me dijeron que en algún momento el técnico se iba a ir y a mí me parecía horrible tener que esperar que a un técnico lo dejaran sin trabajo.
Me arrepiento de no esperar seis meses, pero me regaló la posibilidad de vivir los mejores momentos en la selección.

“Me arrepentí de irme rápido de Villareal. Me dijeron que esperara, que en algún momento el técnico se iba a ir, pero me parecía horrible esperar que un tipo se quede sin trabajo”.  

¿Cerró la puerta de la celeste?
No porque la selección te tiene que retirar a vos. Que no te llamen más. Uno tiene que estar disponible. Va a depender siempre de lo que necesita el entrenador y el nivel que uno tenga.

Su carrera estuvo marcada por el esfuerzo y los altibajos, ¿sintió que se le iba de las manos en algún momento?
El tema del doping no lo pude controlar. Yo tomé té de coca y podría no haberlo tomado, pero fue una decisión de tomar un té con el mate. Estaba el médico responsable de Nacional adelante y yo me confié en que no pasaba nada. Ahí pagué los platos rotos. A partir de ese momento me volví mucho más responsable sobre las bebidas y comidas que consumo. Porque yo no le doy mi cuenta bancaria al doctor para que decida por mí. Para mí también fue una victoria. Pensé que el dopaje iba a ser una mancha, pero me fortaleció muchísimo. Pensé que me iba a seguir toda la carrera y nadie me iba a querer. Tuve dos millones de controles posteriores, nunca me dio nada y pude jugar mucho tiempo en Europa. Llegué a la selección con un entrenador que prioriza el tema disciplinario.

¿Alguien lo traicionó después de conocida la sanción?
Yo me desilusioné mucho. Me acuerdo que cuando saltó la noticia iba en el auto y me puse a pensar sobre la creatina y las vitaminas que había tomado. Le juré a mi madre que nunca había tomado cocaína y me estaban acusando de eso. Cuando dijeron que eran metabolitos de cocaína quedé en shock.  A partir de ahí me asesoré, pregunté en todos lados, me hice mil exámenes con doctores especialistas en el tema para quedarme tranquilo.

¿Y deportivamente que pasó?
El técnico era Santiago Ostolaza y le dije que no jugaba más. Nunca fui un exquisito. Lo mío era puro esfuerzo. Sentí que alguien me estaba traicionando. Me fui para España con mi familia y él me llamó diciéndome que volviera de apuro que el equipo me precisaba. ¡El equipo no me precisaba un carajo! Pero volví y me trató como el más importante del grupo. Me quedé con lástima de no poder defenderlo adentro de la cancha porque lo cesaron después. (Hugo) De León también me respaldó desde el primer día.

¿Qué pasó el día que consumió el té de coca?
Nada fuera de lo normal. Estaba en la recepción de un hotel en Quito. Pusieron unos sacos de té en el termo y tomamos mate. Cuando me dijeron que había saltado cocaína me puse porfiado y pedí abrir la segunda muestra. No lo creía. Lo tenía que ver con mis ojos, como cuando vas a reconocer el cuerpo de un muerto. Cuando me mostraron todos los resultados me cayó la ficha y me puse a averiguar todo porque te volvés paranoico.

¿Sintió una condena social?
Esta es una sociedad hipócrita. Yo me perjudiqué a mí. Los controles son para cuidar al jugador, aunque después FIFA te hace jugar a las dos de la tarde con dos millones de grados de calor porque sirve el negocio. Lo que me resulta chocante es que se permite el alcohol que también destruye familias. Yo no estaba sacando ventaja de nada. No fue antes de salir a jugar. Estaba en el lobby del hotel y no hicimos nada extraño. Nos tomamos un té. Además la cocaína está en todos los ambientes, en los restaurantes, en el parlamento, en todos lados. Yo prefiero otro tipo de vida, pero no soy quién para juzgar a nadie. ¿Yo me convierto en una mala persona por haber tomado té de coca? Creo que no.

¿Qué club disfrutó al mejor Eguren?
Creo que no la rompí nunca (risas). En Wanderers y en Villarreal jugué bien. Siempre me hicieron mejor jugador mis compañeros y el técnico. Cuando el desafío es más grande que tu capacidad eso es frustrante. Yo no le voy a pedir a mi hijo que haga un salto mortal. Le pido algo que pueda hacer. En ese momento tenía una confianza tremenda y en Wanderers tenía el plus que te da ser hincha, pero en Villarreal me tuve que esforzar mucho porque era un equipo de estrellas. Cuando di un salto de calidad pude ganar.

¿Y en la selección?
Pude crecer en la selección a partir de aceptar que había jugadores mejores que yo. Así terminé siendo campeón de América. Hoy estoy feliz con eso. A veces el ego mata. Yo quería lograr el objetivo. No salir en la foto de los 11 titulares nunca me preocupó. Me parece una pelotudez.

¿Dónde la pasó mal?
En Nacional. Un día Hernán Navascués me dice ¿sabés que hiciste 11 goles este torneo? Y yo no me había dado ni cuenta porque la gente en la calle me re puteaba. Me insultaban mucho porque me decían que era el hijo de Daniel Carreño. Yo llegué a Nacional con un ascenso en Wanderers, una Copa América y una Copa Libertadores. Carreño no me hizo un favor en llevarme a Nacional. Aprendí que uno no tiene que excederse con las cosas que uno hace mal, porque si no las cosas que hace bien no las ve. Después vi cosas lindas porque me tocó hacer goles importantes y muy lindos.

“En Nacional la pasé mal porque la gente me re puteaba en la calle. Ya en 2004 me trataron mucho mejor. El reconocimiento llegó con la selección y hoy me piden que vuelva”.

¿En las dos temporadas lo criticaron?
Pasa que Nacional jugaba con un cinco solo y en el plantel estaban Carlos Camejo, Fernando Machado, Marcos Vanzini, Óscar Morales y yo. Después llegó Fabián O’Neill, que no lo sacaban nunca porque además corría y metía como un animal. Me tocó ganar el Apertura 2003 y cuando vino Chilavert para Peñarol el equipo se desarmó y perdimos las finales. En 2004 ganamos el Clausura y nos tocó perder las finales con Danubio. Ya en 2004 me bancaron mucho más. El reconocimiento llegó después de triunfar con la selección y hoy me piden que vuelva.

¿La pelea con Vanzini incidió?
Cuando uno piensa diferente no siempre llega a un acuerdo. Con el Flaco (Vanzini) tuve una discusión que se nos fue de las manos. Pablo Fuentes era el ayudante técnico y se quiso meter y le pegué con el antebrazo con gesto de reacción para que no se metiera. Él salió lastimado y ahí se generó una bola. Es creer o reventar. Con Vanzini tuve una discusión dentro de la cancha que se trasladó al vestuario porque pensamos muy distinto. Yo ya tenía diferencias con él de antes como persona. No soy amigo de Vanzini, pero no valoré lo importante que era para el club porque era un ídolo de Nacional.


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