Peñarol volvió

En un partido en el que Juventud se la hizo muy difícil, el aurinegro firmó el título por adelantado y demostró por qué fue el mejor del primer semestre

Entre los nervios y la ansiedad que pasaron factura en los primeros minutos en los futbolistas de Peñarol y que Juventud de Las Piedras se la hizo difícil, con una propuesta muy ofensiva, el aurinegro tuvo que esperar hasta el minuto 85, cuando Juan Manuel Olivera estableció el 2-0 definitivo, para dar rienda suelta a la celebración de un triunfo que libera de presiones, que premia el trabajo, distingue individualidades, ahuyenta fantasmas y corta la histórica racha de 16 años sin ganar el Torneo Apertura.

El triunfo de Peñarol, inobjetable y bien justificado, debió ser más amplio, si no hubiera mediado el golero Adrián Berbia, la figura del partido, que en cinco ocasiones se quedó con las intenciones de los delanteros aurinegros de inflar las redes de la Colombes y de la Ámsterdam.

El triunfo también confirma el camino que recorrió Peñarol en el que, después de la derrota en el debut, mostró una evolución futbolística que lo confirmó como el mejor del Apertura, en un torneo en el que se impuso la lógica, porque el equipo que tuvo los mejores refuerzos y que invirtió para terminar primero, logra esa distinción cuando aún falta una fecha para culminar el primer semestre.

A pura emoción
Hasta los 10 minutos, porque Peñarol no se sentía cómodo jugando con la presión que imponían las 55 mil almas que fueron a disfrutar de la consagración mirasol y por el peso que imponía que el último Apertura lo había logrado en 1996, le costó entrar en partido. Pero cuando a los 10 minutos, después de un error de los defensas que aprovechó muy bien Grossmüller y obligó a Berbia a realizar una gran intervención, quedó demostrado que el equió de Jorge Da Silva había empezado.

Y Juventud le respondió con su fútbol, con ese que desarrollaron con gran intensidad Chavasco, Cavallini y Báez. Entonces el partido fue de ida y vuelta. Intenso. Entretenido. Disputado. Con goleros que se llevaron los aplausos, y fueron responsables de ahogar las emociones de gol.

En un partido en el que no había margen para el error ni espacio para la mala suerte, a los 15 minutos Braian De Barros, empujó la pelota a su propio arco y estableció el 1-0 para Peñarol.

Aunque en otros partidos ese primer tanto de Peñarol era el disparador para la goleada, ayer, apenas estableció una ajustada diferencia en el marcador. Alcanza con repasar los apuntes para comprender lo que fue ese primer tiempo: a los 15’ Bologna le saca un gol a Báez; a los 19’ Cavallini exige de cabeza, el golero de Peñarol desvía la pelota y Darío Rodríguez la manda al córner; en la contra Berbia le saca un gol a Juan Manuel Olivera; a los 21’ un disparo de Zalayeta se fue apenas afuera; a los 24’ un tiro libro de Chavasco se quedó en las manos de Bologna; a los 33’ Reyes quiso sorprender con un remate desde lejos, pero Bologna estuvo atento; a los 34’ Estoyanoff buscó el gol y Berbia se lo sacó, y a los 43’, en la misma jugada, un cabezazo de Olivera se estrelló en el palo y una chilena de Estoyanoff se perdió afuera.

Con todo eso, el partido estaba apenas 1-0.

Gases y pausas
En el complemento el partido cambió, porque Juventud sintió el esfuerzo, y porque a los 54’ los gases lacrimógenos que lanzaron en la tribuna impidieron que el partido continuara. El juego estuvo detenido cuatro minutos. Al regreso, Peñarol se recostó en su cancha, cuidó el 1-0 y buscó con la velocidad de Estoyanoff la diferencia. El volante se lo perdió dos veces.

Da Silva buscó en el final con el fútbol de Nicolini, que ingresó por el lesionado Grossmüller, y Gallegos. Hubo un remate en el palo, un cabezazo afuera de Olivera y el gol del artillero del campeonato, que cerró el partido.

Con el fútbol por las bandas, con la profundidad de Zalayeta, con la presión de Olivera, con el peso ofensivo que le pone la propuesta de los dirigidos por Da Silva, con la actitud de un equipo grande que sabe qué es lo que quiere en la cancha –aspecto que juego que descubrió a medida que avanzó el torneo y se hizo fuerte después de los traspiés–, Peñarol es el mejor del Apertura, se sacó un gran peso de encima y demostró que será muy difícil bajarlo en la carrera por el título del Uruguayo, porque los aurinegros volvieron a ser lo que marca la historia, y ya no solo sueñan, ganan títulos y disfrutan los éxitos.


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