Peñarol versión angustiante

El carbonero dominó buena parte del partido y con gol del Japo Rodríguez se puso arriba, en el final se le vino Juventud y terminó complicado

Toda la tarde flotó un extraño aire en el Centenario. La amenaza de tormenta, la bronca de la hinchada porque le impidieron entrar los bombos y las banderas, y en la cancha un equipo que no terminaba de concretar.

¿Qué pasó para que de un partido a otro Peñarol pasara de ser un ballet a un equipo que le hizo angustiante la previa de la nostalgia a su hinchada? ¿Fueron los tres cambios introducidos por Fossati? ¿Fue la ausencia de Zalayeta? ¿El planteo de Juventud lo incomodó? ¿La mente estaba más enfocada en el partido revancha con Wilsterman?

Preguntas con respuestas pero sin certezas. Fossati dijo que los cambios no afectaron porque los que entraron –Olivera, Novick y Darío- tienen la misma categoría que los que salieron. También argumentó que inconscientemente el jugador piensa en el partido por la Copa. Y respondió que Juventud se paró bien pero que “Peñarol hizo un muy buen partido”.

Se podrá compartir o no. La realidad marca que no repitió. Y si bien es cierto que Peñarol fue dueño de la pelota y el que propuso, es lógico que así lo haga por un tema de simple responsabilidad.

Lo cierto es que Peñarol jamás lució cómodo en el partido. Chocó contra una defensa bien plantada. Juventud le planteó un partido apretadito. Se encerró atrás y con Cabrera y Rodríguez como pilares cerró caminos. Su técnico Giordano analizó bien el primer partido aurinegro y se percató de que no podía brindar espacios para dejarse invadir por Rodales y Diogo.

Es que Peñarol, con su nuevo modelo táctico de jugar con un cinco por delante de los tres defensas y luego dos volantes bien abierto y otros dos que van por adentro, está diseñado con la mira en el arco de enfrente. Peñarol le mete vértigo a su juego. Pero Juventud lo controló y lo incomodó metiendo pelotas a espaldas de Rodales donde ubicó a Báez. El tema es que el 9 no pudo desnivelar porque se encontró con un Viera impasable.

El hecho es que el elenco de Las Piedras fue llevando el partido. Tanto es así que el único peligro generado por el equipo de Fossati fue en dos acciones de pelota parada al segundo palo que no fueron bien aprovechadas.

Hasta que a los 39 minutos el brasileño Diogo rompió el cerrojo, se filtró y lanzó el centro de la muerte. Olivera no llegó pero le quedó a Jonathan Rodríguez que paró y definió. Pero la caprichosa pelota no quiso entrar y pegó en el palo. Dos minutos después Puerari se encontró con un balón regalado y no supo definir.

Se fueron al descanso. El extraño aire seguía flotando en el Centenario.

Para el complemento los técnicos no hicieron cambios. Y a los 10 minutos se agregó un ingrediente más al juego: una torrencial lluvia que dejaba la cancha más rápida de lo habitual.

Fue así que se produjeron un par de incidencias para cada lado que restaron las defensas hasta que Ferreyra pitó una falta que Juventud protestó. Detrás de la pelota se pararon el Japo Rodríguez de un lado y Pacheco del otro. Se jugaba el minuto 19 cuando el Japo rompía la resistencia de Juventud ante un Carini que, seguramente confundido por los dos perfiles que se pararon detrás de la pelota, cuando la vio venir reaccionó tarde.

El gol daba la sensación de que el juego estaba sentenciado. Juventud no tenía armas para llegar a inquietar a Migliore pese a mostrarse sentido por una acción que ocurrió antes del gol.

Fossati movió piezas. Sacó a Jonathan Rodríguez para poner a Carlos Núñez cuando todos pensaban que se daba el juego y la cancha para que actuaran juntos. Y minutos después recurrió a Píriz por Pacheco.

Parecía que Peñarol se encaminaba al doble cinco para cerrar la puerta del medio pero no fue así. Píriz se paró delante de los defensas y Novick se fue a la zona de Pacheco quedando todo igual.

El tema es que Juventud tiró el resto y terminó generando angustia. Primero un tiro libre de Rossano que sacó Migliore y luego una serie consecutiva de tiros de esquina. A cinco del final en un contragolpe Báez paralizó los corazones aurinegros definiendo cruzado. La pelota coqueteó con el arco pero se fue apenas afuera.

Y Peñarol, sembrando dudas y con los nervios alterados, terminó sellando su segundo triunfo consecutivo en el Apertura.

Al menos queda el consuelo de que estos puntos no los sufrirá en el final, ahí cuando el margen de error se acota y muchos se acuerdan de los puntos que quedaron por el camino.


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