Peñarol, un candidato sin traje

El aurinegro volvió a ser una pálida sombra futbolística, pero igual estiró su ventaja

Peñarol parece un novio inseguro. Siente que el traje para casarse no le queda bien. Duda. No termina de decidirse. Igual a este equipo de Pablo Bengoechea que sin jugar bien llegó a la punta y jugando tan mal –o peor– logró este domingo estirar un puntito la ventaja como líder del Apertura.

El aurinegro empató 1-1 contra Wanderers en un partido que bien pudo perder y donde ni siquiera mereció el empate.

Bengoechea lo planteó desde el potencial del rival, uno de los que mejor trata la pelota en el pobre fútbol uruguayo.

Lo fue a presionar arriba con un 4-4-2 donde Nicolás Albarracín y Luis Aguiar fueron por afuera. Pero más para incomodarlo en su línea futbolística que para hacerle daño con esa presión alta.

Se encomendó a la pelota quieta –sí, una vez más– porque una sola vez logró generar peligro a través del armado de juego, cuando Marcelo Zalayeta superó a Gastón Bueno y remató cruzado, pero Leonardo Burián salvó.

Y entonces Wanderers se animó. Porque se dio cuenta que lo que tenía enfrente, el líder, no era gran cosa.

Matías Santos encontró espacios a espaldas del doble cinco aurinegro y avisó peligro. Gastón Rodríguez encaró con la zurda desde la banda derecha y desnudó falencias en la marca del rival.

Pero el primer tiempo fue muy malo. A tono con la realidad de este torneo que podría ganar cualquiera porque ninguno realmente lo merece.

Wanderers, empujado por convicciones futbolísticas mucho más prendidas en sus jugadores, arrancó con todo el complemento.

Diego Scotti machucó el palo a la salida de un lateral que le bajó Kevin Ramírez y poco después Adrián Colombino pescó un rebote para clavar un golazo.

Una clave de lo que era el partido a esa altura: el doble cinco bohemio pisando el área de Peñarol con firmeza y voracidad.

Y Peñarol no daba pie en bola. Albarracín y Aguiar intercambiaron bandas sin éxito: el ex Wanderers erró un gol mano a mano con Burián –justo antes del tanto de la apertura– y se fue de la cancha bajo los silbidos aurinegros.

Martín Luque entró, pero en vez de encarar y desbordar puso un par de centros llovidos e intrascendentes.

Aguiar, desconocido, jamás se asoció con Diego Forlán y Peñarol naufragó sin ideas. A Zalayeta hace rato que no se le prende la lamparita. Diego Ifrán tomó su lugar cuando el equipo no tenía idea de cómo ir por el empate.

Pero el empate llegó. En un córner que terminó metiendo Guillermo Rodríguez de a prepo.

Nuevamente Peñarol sobreviviendo pura y explusivamente de la pelota quieta.

Después, Wanderers mereció más, pero Ramírez estuvo errático en la definición y Gastón Guruceaga realizó un par de tapadas importantes: una ante un tiro libre de Maxi Olivera y otra ante un cabezazo de Martín Rivas.

Peñarol empató y volvió a mirarse el traje de candidato en el espejo. No le queda bien. Se da cuenta.

Claro, lo tomó prestado porque otro –Nacional– se descuidó.

Pero igual tuvo que salir a exhibirlo. Corto de mangas –o de recursos– ante Nacional y largo de ruedo –o de líneas estiradas– ante Wanderers.

Así y todo es el único líder del torneo. ¿Pero será el traje o la idea de casarse lo que lo incomoda?


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