Peñarol tomó la bajada imparable

Los aurinegros apenas lograron un empate ante El Tanque en el final del partido, siguen sin encontrar su juego, dejando puntos por el camino y se complican cada vez más en la tabla

“Peñarol se cae a pedazos”, podía haber sido el título del primer tiempo luego de que El Tanque Sisley terminara ganando claramente 1-0 por la velocidad de sus puntas y la lentitud y la pésima forma de defender de los aurinegros.

“Peñarol ganó un punto casi en la hora”, podría ser un título optimista luego del 1-1 final. O la versión más negativa: “Peñarol volvió a empatar y perdió dos puntos más”.

Cuesta creer lo que le cuesta al equipo de Jorge Fossati entrar en el partido. Entró en una mala racha que parece interminable. Mantiene un invicto de más de 20 partidos, pero este tercer empate seguido lo aleja en la tabla y prende una luz de alarma.

El Tanque apostó a la velocidad –y también al buen juego– de sus dos puntas, Miguel Murillo y Yoel Burgueño, quien hace un par de meses buscaba el ascenso a Primera con Villa Teresa.

Entre los dos se hicieron un festín con Gonzalo Viera –se cayó en la jugada del gol– y con un Emilio MacEachen quien solo deambuló por la cancha, nunca encontró las marcas. Así se le facilitaron las cosas al equipo de Môller y se le complicaron más al aurinegro.

Pero lo que resulta insólito es que Peñarol no logre jugar al fútbol, que se repita en un juego cansino, lento y sin brillo.

Fossati apostó por siete cambios en el equipo titular pensando en la revancha de la Sudamericana. Está bien. ¿Quién mejor que él para conocer al plantel y en la situación en la que se encuentran sus jugadores?

Sin embargo, parece mucho. Fue una ventaja muy importante que dio ante El Tanque que aprovechó bien, sobre todo, en el primer período cuando en piernas, estaban iguales.

En 14 minutos, el conjunto fusionado había tenido ya tres jugadas de gol y una había ido adentro.

Y siguió luego llegando con Burgueño. Ante esto, Migliore mostraba su peor faceta desde que llegó a Peñarol dando dos rebotes seguidos.

Otro cambio que hizo Fossati tampoco le funcionó: colocó un doble 5 por primera vez en el torneo con Marcel Novick y Orteman. Fue pobrísimo.

Así, las ventajas que daba Peñarol seguían siendo cada vez más grandes.

A los 49 minutos, Fossati se dio cuenta de que jugando así como lo estaban haciendo –muy mal– se venía la noche. Entonces le dio cabida en el equipo a Pacheco quien le dio más vértigo al ataque con un Estoyanoff que jugó su mejor encuentro en el torneo.

Pero un minuto después, Peñarol se salvó de milagro tras un cabezazo de Murillo que lamió el palo. Era el 2-0 y la noche total.

Cuando ingresó Jonathan Rodríguez a los 56’, el panorama comenzó a cambiar. No por virtudes aurinegras, sino porque El Tanque se tiró definitivamente atrás y le regaló la cancha al aurinegro.

Eso ante un grande equivale casi al suicidio. Entonces entró Zalayeta y Peñarol pasó a defender con cuatro atrás. Arriba, Fossati puso todo: Estoyanoff, Pacheco, Zalayeta, Olivera y Jonathan Rodríguez. Y, sin embargo, no estaba cerca del empate porque carecía de profundidad.

Peñarol siguió insistiendo ante un rival que apostó todo a defenderse con un Fosgt enorme en el fondo junto a Péndola, pero no le salió bien, porque a los 84’, tras un tiro libre, llegó de cabeza el empate de Olivera.

No faltaba casi nada, y sin embargo, enseguida la pelota le llegó a Zalayeta y estrelló el travesaño. Hubiera sido demasiado premio para Peñarol que volvió a decepcionar en lo futbolístico.

En la última jugada, hubo un claro penal de Péndola sobre Olivera –a quien tomó de la camista en el área– que vio todo el estadio menos el árbitro Ubriaco. Quedó para la polémica, pero podría haber sido una victoria manya totalmente inmerecida en un nuevo partido de ribetes muy pobres.


Fuente: Marcelo Decaux, enviado a Florida

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