Peñarol sufrió ante Wanderers y cayó 1-0

En el Campeón Del Siglo los bohemios dieron una clase de fútbol y un gol de Ignacio González sentenció el pleito

El partido entre Peñarol y Wanderers prometía fútbol del bueno, por la identidad de la visita siempre acostumbrada a jugar con una idea definida de pelota por abajo y por la cantidad de incorporaciones de buen pie que hizo Peñarol en este periodo de pases.

Sin embargo la paridad en el primer tiempo quedó en el plano teórico, porque Wanderers dominó de principio a fin y perdonó a su anfitrión en varias oportunidades.

Con Ignacio González y Matías Santos como dueños absolutos de la pelota y Sergio Blanco retrasado para hacer de pívot y abrir el juego, Wanderers tuvo al menos cuatro jugadas de peligro contra el arco de Gastón Guruceaga.

Peñarol, que volvió a juntar cinco jugadores de buen pie con el ingreso de Tomás Costa, Hernán Novick, Gastón Rodríguez, Nicolás Dibble y Junior Arias, tuvo enormes problemas para hacerse con la pelota y, aún con semejante poderío ofensivo, su ataque se vio reducido a la mínima expresión de algún contragolpe que no llegó a mayores.

En la confusión mirasol, el único que intentó aportar algo de claridad fue Novick, que incluso protagonizó las únicas chances claras de gol de su equipo.

Peñarol mostró una carencia llamativa de volumen de juego y eso se debió a que Wanderers le robó la pelota y no lo dejó jugar. Fue también el primer partido donde el doble cinco de Peñarol falló en su totalidad. Ángel Rodríguez y Costa tuvieron inconvenientes en la recuperación y fueron una sombra a la hora de participar en las jugadas colectivas.

En el primer tiempo quedó la sensación de que a Wanderers le faltó un mayor peso en el áerea para dejar constancia del claro dominio en el marcador, aunque Peñarol le dio franquicias defensivas por el lado de Yefferson Quintana que hizo su debut y se vio superado.

En el complemento, Jorge Da Silva hizo dos cambios que lo terminaron condenando, ya que sacó a Novick para darle minutos a Nández y también quitó del campo a Mathías Rodríguez por Alex Silva. El cambio de laterales era lógico porque el juvenil estaba amonestado pero sacar de la cancha al más claro cuando tu equipo debe ir al frente en busca de abrir el marcador y darle ingreso a un jugador con características defensivas rompió los ojos.

¿Qué intención tenía Da Silva? Copar el medio del terreno, aislar del juego a Santos, romper la conexión con González y poder tener la pelota con comodidad en un partido donde comenzaba a sentirse incómodo.

Pero estuvo lejos de lograrlo, pese a algunas intenciones brutas de llegar al arco defendido por Burián que siempre respondió bien cuando fue llamado a actuar.

Con el correr de los minutos el dominio fue cada vez mayor y Rodrigo Rivero se dio el gusto de protagonizar la pifia de la fecha, luego de que una buena jugada colectiva lo dejara con el arco libre. El futbolista bohemio quiso definir de primera y la pelota se le abrió tanto que se fue afuera para suspiro aurinegro.

Sin embargo, ese fallo no fue un golpe anímico para Wanderers ni un revulsivo para Peñarol, sino que fue la muestra gratis de lo que vendría cerca del final.

Tras una jugada individual de Ignacio González dejó pagando a Perg y un desvío en Quintana hizo que la pelota sentenciara el pleito.

Fue el premio al mejor jugador del partido, a un verdadero fantasma para los jugadores mirasoles que no pudieron detenerlo cuando la pelota pasó por sus pies y que, luego de mucho tiempo, volvió a brillar en todo su potencial.

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