Peñarol quiere la otra

El aurinegro igualó con Racing con un Urretaviscaya desnivelante, fue campeón sin dar la vuelta y se metió en la final del Uruguayo ante Nacional
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La copa en las manos. Un cortés saludo a las tribunas. Festejo sin gargantas exigidas ni puños apretados. Peñarol es campeón del Torneo Clausura, pero sabe que la verdadera historia se escribirá ante Nacional. El Campeonato Uruguayo ya está servido. En formato clásico.

Racing fue un trámite a pesar de que el partido terminó empatado 2 a 2, cuando la mesa del efímero festejo ya estaba pronta.

Con Danubio ganándole a River Plate, el único que le podía arrebatar el campeonato, y Racing exhibiendo una llamativa liviandad de esfuerzos ofensivos durante 80 minutos, Peñarol se dejó estar en el epílogo.

Ganando 2 a 0, se puso a pensar en las finales, ahorró esfuerzo físico, relajó la concentración que lo había hecho fuerte y la ventaja de dos goles se le escurrió.

Pero el campeonato –mejor dicho, el pasaje a la final– no se escapó.

Peñarol fue mucho más que un Racing que se plantó bien en la cancha en los primeros 10 minutos –avisando peligro con un tiro libre de Ignacio Nicolini que pasó cerca–, pero que rápidamente tuvo que retroceder ante la tenencia y el juego asociado que propone el equipo de Pablo Bengoechea de mitad de cancha en adelante.

Se mostró muy firme la zaga de la Academia en los primeros intentos. Rodrigo Brasesco marcó muy bien a un Zalayeta que no brilló como la semana pasada ante Fénix.

Pero en el abanico de opciones que Peñarol propone en ataque con su 4-2-3-1, siempre hay uno que puede romper el equilibrio. Y ayer ese hombre fue Urretaviscaya.

Dos desbordes culminados por imperfectas piruetas del Japo Rodríguez y Pacheco, le indicaron al aurinegro que el negocio estaba por la derecha. Porque Darwin Torres no podía con Urreta.

Y a los 38' se abrió el partido. Aguiar filtró un pase –en uno de sus escasos aciertos de una jornada entreverada–, Urreta superó en velocidad a Torres y frente a frente con el golero definió como quien recita un poema. Golazo.

Racing adelantó líneas en el complemento en procura de asumir protagonismo pero resignando a la vez solvencia defensiva.

Porque en 19 minutos (de los 51' a los 70'), Peñarol le generó seis ocasiones de gol.

Replegado y lanzando en velocidad a Urreta por derecha y al Japo por izquierda, con asistidores de fina inteligencia como Pacheco o Zalayeta, al aurinegro se le presentó el escenario ideal para liquidar el pleito.

Nicolás Gentilio empezó a vestirse de héroe con cuatro atajadas consecutivas hasta que Pacheco cayó en el área marcado por Dudok y un penal –bastante dudoso, anotado por el Tony– cerró el partido.

Recién ahí Santiago Ostolaza movió su banco. Pero ya era tarde. Juan Pablo Rodríguez se mostró, tomó la bandera de la arremetida pero jamás encontró eco en sus puntas, Martiñones y Affonso, fácilmente neutralizados.

Peñarol mejoró ostensiblemente en defensa. Sandoval anticipó en las transiciones de Racing y se proyectó con claridad además de cerrar su sector, tal como hizo Gianni Rodríguez por izquierda.

Valdez fue impasable y MacEachen fue su complemento ideal porque además de la marca le sumó al equipo claridad desde el primer pase.

Pero entonces llegaron los minutos finales y un par de tiros libres al borde del área ambientaron un empate que a juzgar por el trámite del partido tuvo un aire inverosímil.

Primero fue Affonso al recoger un rebote y luego Trindade al peinar un centro.

Pero el boleto para jugar la final con Nacional ya estaba sellado.

"El domingo que viene nos vamos a ver", cantó la hinchada. Nada de "dale campeón".


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