Peñarol le ganó 4-0 a Jorge Wilstermann

En Cochabamaba, el aurinegro venció a su par boliviano por 4-0 con goles de Diogo Silvestre, Jonathan Rodríguez, Juan Manuel Olivera y Damián Macaluso

En el partido de ida dejó dudas. Ayer las despejó por completo. Peñarol fue una máquina que funcionó a la perfección en los 2.574 metros de Cochabamba para golear 4-0 a Jorge Wilstermann clasificándose a la segunda ronda de la Copa Sudamericana.

Lo de anoche fue la mejor versión de lo que pretende Jorge Fossati para esta nueva etapa del equipo aurinegro.

Peñarol fue un equipo sólido, que se paró bien atrás, compacto, con personalidad, pero, sobre todas las cosas, con muy buen volumen de juego.

Y esos conceptos se demostraron desde el mismo inicio del partido.

Iban apenas cuatro minutos cuando Jonathan Rodríguez picó por primera vez entre las líneas –abiertas, vulnerables– de la defensa de Jorge Wilstermann.

Al botija no le pesó la altura ni el escenario internacional. Picó y ganó. Le faltó precisión para cruzarla al medio. Fue un aviso. Al que los bolivianos pareció no importarles.

Y eso fue letal. Porque este Peñarol de Jorge Fossati no está diseñado para el retroceso. Para meterse en la cueva y esperar que el rival lo someta. No. Está pensado para ir al frente. Y así fue.

El ingreso de Alejandro Silva en lugar del Tony Pacheco le dio más oxígeno al medio. El excelente momento del Japo Rodríguez quedó una vez más de manifiesto.

Es cierto. Peñarol esperó sobre su campo. Pero generó ocho situaciones de gol en ese primer tiempo. Cinco en los pies de Jonathan que estuvo siempre impreciso a la hora de definir, pero que fue un azote para los locales y sus 2.574 metros de altura sobre el nivel del mar.
Entre los 17’ y los 19’, el aurinegro tuvo tres chances de gol claras.

Un defensa en la línea y el arquero Dituro salvaron el arco. Pero a los 22’ el gol llegó como una lógica decantación del trámite de juego. Diogo se filtró entre dos defensas en una jugada sucia que limpió con una exquisita definición. Bien brasileña: tres dedos de zurda y a cobrar.

Wilstermann se descontroló. El recurso del tiro de afuera del área, típico de los equipos que se aprovechan de la altura, ayuno de concepto, fue una herramienta automatizada más propia de la falta de ideas y recursos que de la convicción propia.

No cambió mucho el panorama en el segundo tiempo.

Peñarol dejó que el rival hiciera el gasto mostrándose muy firme en defensa.
Rodales y Diogo hicieron un gran trabajo y al esfuerzo para el desdoble ofensivo le adosaron un adecuado repliegue para colaborar en defensa.

Peñarol fue impermeable y siguió trabajando adecuadamente la pelota con grandes trabajos de Silva y el Japo Rodríguez.

Un desborde de Jonathan le dio el gol servido a Zalayeta. Pero el centrodelantero falló con los defensas desparramados.

El golpe de gracia llegó a los 69’ cuando Jorge Rodríguez apareció por sorpresa en el área, dejó un tendal y lo tuvieron que bajar. Penal de esos flagrantes. Jonathan fusiló al arquero como sacándose la bronca de todas las chances desperdiciadas en el primer tiempo.

Pero había tiempo para más. Mientras el rival hacía tibios intentos para acercarse al arco de Migliore –quien tuvo una falla en una salida en el comienzo del partido, que luego sufrió un malestar que lo hizo vomitar, pero que luego se recuperó y lució muy seguro–, el contaataque aurinegro seguía siendo letal.

Un nuevo penal sobre Jonathan Rodríguez le permitió a Juan Manuel Olivera –que había sustituido a Zalayeta– estrenarse en la red en este tercer ciclo en el carbonero.

El ex Estudiantes lo gritó con furia. Como para demostrar que vino a pelear por la titularidad y no simplemente un actor de reparto o una carta de cambio.

Otro que se plegó a los festejos fue el zaguero Macaluso que en un córner aprovechó un rebote que dejó Dituro –tras gran cabezazo de Orteman– y fusiló al meta para establecer una goleada imponente.

Peñarol fue una máquina. Está primero en el torneo local con dos partidos ganados y ganó sus dos partidos en la Sudamericana. Y lo hizo sin recibir goles demostrando firmeza y solidez defensiva. Bien se puede decir que Peñarol está en las nubes.


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