Peñarol inteligencia

Con anestesia en los pies de Pacheco y electricidad en los de Japo Rodríguez –que corrió por dos por la roja de Rodales–, el aurinegro ganó y sigue líder

Una pretemporada marcada por la falta de amistosos exigentes, cinco partidos en 16 días con viaje incluido a la altura y 55 minutos con un hombre de menos. Con estos elementos, muchos equipos del fútbol uruguayo tendrían excusas de sobra para justificar tropezones. Pero Peñarol no. Y este domingo, tres días después de jugar y golear en los 2.574 metros de Cochabamba, bajó y le ganó con autoridad a Tacuarembó para seguir en la cima del Torneo Apertura.

Este Peñarol que diseñó Jorge Fossati –sólido, dinámico, ofensivo, veloz, contundente– tiene herramientas conceptuales como para superar las adversidades que se le plantean.

Tacuarembó le planteó escasas exigencias, es cierto, más allá de un arranque veloz donde un par de piques a espaldas de Pablo Lima llevaron peligro tempranero al arco custodiado por el juvenil Washington Aguerre que salió apresuradamente en un par de ocasiones.

Pero Peñarol –sin Pablo Migliore, lesionado, ni Diogo, reservado por el sistema de rotación que exige afrontar dos torneos– pudo hacer pie. Y así comenzó a trabajar el partido.

Con la habilidad de Pacheco y el Japo Rodríguez empezó a llevar el partido al campo de Tacuarembó superando la resistencia del doble 5 rojo (Assis-Acosta).

Así llegó la apertura. Encaró el Japo, qasistió a Jonthan Rodríguez, falló el lateral Fiordelmondo y se vio obligado a cometer penal. Pacheco lo pateó a lo Pacheco, con categoría, y fue gol.

Pero siete minutos después se fue expulsado Rodales, por doble amarilla, de las cuales la segunda pareció exagerada.

Fossati no hizo cambios, pero cerró el fondo con línea de cuatro, con Viera y Lima como laterales.

Tacuarembó respondió para el complemento con el ingreso de Jonathan De los Santos que se insinuó veloz en sus primeras dos apariciones por izquierda.

Fossati lo advirtió inmediatamente. Por eso mandó a la cancha a Alejandro Silva, por Jonathan Rodríguez, y rearmó la defensa con línea de cinco. Santo remedio.

Además de concepto, este Peñarol tiene un plantel rico en variantes. Pero había que cerrar el partido.  

Y para eso estaba el Tony. Para poner la pelota abajo de la suela. Porque a los 38, con pausas y sin piques, el Tony lee el partido. Lo juega como si al mismo tiempo lo estuviera viendo en lo alto de la tribuna. Y al lado está el Japo Rodríguez, que agota a los rivales a ritmo demoledor. Corre, frena, traslada y todavía releva y recupera.

En esa mezcla perfecta de esencias futboleras –anestesia del Tony para bajarle el ritmo al rival y electricidad del Japo para someterlo– se terminó de edificar la victoria que se selló en una pelota quieta donde ganó Darío y Zalayeta definió en dos oportunidades para marcar.

Sin sobresaltos atrás y con criterio para manejar la pelota. Es Peñarol inteligencia. El que sigue en la cima, invicto y sin goles en contra.    


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