Peñarol es un sufrimiento

El aurinegro ganó con la soga al cuello 2-1 a Cerro en otro partido en el que no encontró su juego; Zalayeta y los juveniles Raguso y Varela, resaltaron

Si el lector se toma la molestia de ir a la colección de este diario, o cualquier otro, se encontrará desde hace una semana atrás y también tras la segunda fecha, con las mismas declaraciones del técnico de Peñarol, Jorge Da Silva con total autocrítica: “No estoy conforme todavía con el rendimiento. Tenemos que mejorar mucho si queremos ser campeones”.

Por supuesto que los tres puntos siempre ayudan en todo, más que nada, en la parte anímica para encarar una nueva semana y Peñarol ganó otra vez. Eso fue lo positivo en el balance y no es algo menor.

Pero el momento de “jugar mejor” que busca el Polilla según sus propias palabras tiene que aparecer de una vez. El equipo “que aún no lo encontramos”, va a tener que encontrarlo pronto porque sino, se le va a venir la noche en un torneo que ya en la próxima fecha llega a su tercera parte.

¿Fue tan malo lo de Peñarol el domingo ante Cerro? Sí, fue malo. No hubo circuitos futbolísticos, careció de profundidad en ofensiva, Zalayeta y Olivera se taparon entre ellos, y el juego colectivo no se vio.

Salvo en la jugada del segundo gol cuando dejó solo a Zalayeta para el 2-0, lo de Carlos Grossmüller volvió a ser muy pobre. Un jugador de su jerarquía tiene que demostrar mucho más, sobre todo, ante un rival que dio muchas facilidades atrás y que lo dejó moverse solo. Pero el volante sigue sin aparecer.

A esto hay que sumarle el debut en este torneo de Fabián Estoyanoff quien demostró que le faltan toneladas de fútbol. Carente de reflejos, sin velocidad ni dinámica, fue bien controlado porque partía desde media cancha y no lograba desnivelar.

Entonces el tema más grave para los de Da Silva es –sigue siendo– la gestación de juego.

Peñarol fue una vez más un cúmulo de voluntades que contribuyeron a conseguir una victoria impostergable para no perderse en la tabla de posiciones. Pero como equipo volvió a fallar.

¿Es tan complicado poder ver dos pases seguidos? Parece que por ahora sí.

Lo mejor, además de Zalayeta quien retornó al gol y por partida doble, volvió a ser lo que mostraron los juveniles Nicolás Raguso en el lateral izquierdo y Jim Morrison Varela adueñándose del mediocampo y animándose –otra vez– a pegarle de lejos al arco del rival. Ambos mostraron nuevamente una personalidad importante y, sobre todo, se dispararon del resto como si fuesen iluminados o “incontaminados”.

Cerro mostró muy poco. Realmente poco. El fútbol de Pablo Caballero se quedó en la Villa y la pelota le llegaba en cuentagotas a los de arriba, aunque Mauricio Alonso se las ingenió para intentar complicar a la zaga carbonera.

Atrás fue fundamental Mathías Rolero con algunas atajadas enormes como una doble a Estoyanoff y a Raguso a los 44.

Y el zaguero De los Santos mostró un buen balance.

Pero pese a la escasez de ideas,  Cerro se las ingenió para complicar a Peñarol y lo hizo hasta el instante final. Sobre todo, luego de un grueso error del arquero Bologna que costó el descuento a los 82 minutos.

De allí en adelante, fue un verdadero sufrimiento para Peñarol que no tenía la pelota más de un segundo en sus pies. Porque es muy difícil poder jugar así y mucho más poder conseguir resultados. Cerro lo perdonó, pero es seguro que cualquier otro rival no lo hará.

Así, a los tumbos, los aurinegros avanzan. Aunque sin mejorar en el futuro, esto es solo pan para hoy.


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