Peñarol asoma a puro gol

Los aurinegros sufrieron 62 minutos, pero luego, con el ingreso del paraguayo Torres y un aceitado funcionamiento ofensivo, arrolló a su rival

Le costó una enormidad encauzar su fútbol a Peñarol, porque anduvo 62 minutos perdido –el gol de Fabián Estoyanoff a los 31 minutos fue de rebote, y estuvo a tono con el desempeño mirasol–, pero cuando ingresó el paraguayo Aureliano Torres y los delanteros empezaron a entender el juego, los aurinegros sacaron a relucir toda la furia goleadora y, con un cierre que fue casi perfecto, firmaron una victoria que templó el espíritu de un equipo que necesitaba un impulso como el 4-0 sobre El Tanque Sisley.

El triunfo adquirió valor superlativo porque el equipo fusionado llegó invicto al Estadio Centenario y liderando la tabla hasta la séptima fecha, y hasta que Peñarol encontró el camino, los dirigidos por Raúl Möller jugaron un gran partido con ese sello inconfundible que le pone a todos sus equipos con defensas tan sólidas que llevan a la desesperación a aquellos rivales que no están equilibrados en el campo.

Por esa razón, Peñarol sufrió hasta que pudo abrir el partido. Sufrió por la telaraña defensiva que planteó, más que por el peligro del ataque fusionado, que resultó intrascendente, debido a que apenas generó una situación de gol en el arco del argentino Bologna. Eso sucedió en el segundo tiempo, a través de un remate de Caue Fernandes, abajo del arco, que se estrelló en el palo.

El entramado defensivo de El Tanque Sisley fue efectivo. Fernandes se encargó de Marcelo Zalayeta y Martín Galain de Juan Manuel Olivera, siempre que el primero cayera por derecha y el segundo por izquierda. Y así aguantaron la presión que podía poner Peñarol, porque Jorge Zambrana, que había sido importante con su fútbol en los últimos triunfos, no aportaba nada. Además, si el fusionado no cortaba el fútbol aurinegro con buenas marcaciones lo hacía con faltas y la complicidad de un árbitro que permitió que El Tanque Sisley pegara sistemáticamente, sin recibir sanción por ello. Así, tan cortado el juego, le quitó ritmo a un Peñarol que necesitaba que la pelota corriera.

El mirasol tuvo la pelota, pero permanentemente chocó contra la muralla del fondo, hasta que el técnico Jorge Da Silva le sacó el tapón al fútbol de su equipo. A los 63 minutos mandó al paraguayo Aureliano Torres por Zambrana y automáticamente despertó el fútbol: en tres minutos generó cinco ocasiones de gol, dos de ellas a través de Estoyanoff (la primera en una gran jugada de todo el equipo, en la que el balón corrió de izquierda a derecha por todo el ataque y el golero Nicola Pérez desvió el remate), una de Olivera, un córner que casi se transforma en gol olímpico de Grossmüller (que parece tener un duelo con Recoba, que le lleva dos goles de ventaja desde ese lugar) y una de Zalayeta, que Aparicio salvó en la línea. En esos tres minutos, el aurinegro hizo mucho más que en los primeros 62.

De esa forma descubrió qué era lo que pretendía para su ataque, pero tuvo que esperar a que se lesionara Galain para que Olivera estableciera el 2-0 a los 77 minutos tras pase de Torres. De ahí en más, Estoyanoff se encargó de convertir otros dos, el último de tiro libre –¡Peñarol convirtió un gol de esa forma después de 18 meses–, y Olivera falló un penal.

Peñarol encontró en el partido ante El Tanque Sisley el marco ideal para imaginar que su recorrido en la recta final del Apertura puede tener un final feliz, si repite la expresión futbolística de los últimos 28 minutos. 


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