Peñarol apareció cuando tuvo que hacerlo

El aurinegro se llevó los tres puntos en el momento en que más lo necesitaba; no mostró grandes atributos técnicos, pero venció a Danubio y sigue líder
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No hizo buena letra, fue irregular, en el segundo tiempo retrocedió muchísimo en su propio campo descansándose en el resultado, pero ganó cuando tenía que ganar.

Era el primer partido en el Estadio Campeón del Siglo y había que conseguir los tres puntos. Se venía de una sequía futbolística y estaba esa otra obligación. Había un yunque encima de cada uno de los jugadores de Peñarol que entraron a su cancha. Y esa presión en algún momento se ganó.

Pero también como corolario se puede decir que el propio Campeón del Siglo con todos su hinchas, empujaron a este triunfo trascendente en la tabla, no por cómo se jugó.

Peñarol tiene que mejorar una enormidad, pero dejó atrás una semana muy difícil y ahora toma un poco de aire.

Más allá de ese sufrimiento final por el descuento danubiano luego de un infantil penal cometido por Miguel Murillo, el equipo de Jorge Da Silva mereció la victoria y el Polilla se jugó un partido aparte con los cuatro cambios a los que apostó respecto al encuentro anterior.

El comienzo de Peñarol fue muy dubitativo con la pelota y, sobre todo, en el fondo.

A los 4 minutos, llegó un córner de Carlos Grossmüller al cual no supo cortar bien el colombiano Miguel Murillo y Danubio se perdió la apertura por dos veces seguidas con un tiró corto de Gonzalo Barreto casi sobre la línea y de Cristian González en el rebote. Fue realmente increíble cómo se salvó Peñarol.

Tan solo 3 minutos después llegó otra vez Barreto con un tiro desde afuera y fue Gastón Guruceaga el que salvó tirándola al córner. Danubio seguía anunciando pero se quedaba en el intento.

A partir de los 15 minutos fue que el equipo del Polilla Da Silva tomó las riendas del encuentro cuando Nahitan Nandez y Marcel Novick comenzaron a complementarse mejor en la marca, y sobre todo, Nicolás Albarracín empezó a mandar sobre la pelota por la banda izquierda complicando muchísimo a José Luis Rodríguez.

Danubio recurría demasiado a los fouls –hizo 15 en la primera parte– y no lograba que sus futbolistas se conectaran e hicieran daño al rival.

Y tras un desborde de Matías Aguirregaray a los 19 minutos, un jugador danubiano la peinó y dejó solo a Albarracín para que entrara en la historia grande de Peñarol al convertir el primer gol oficial en su casa del Estadio Campeón del Siglo.

Peñarol siguió siendo el verdadero protagonista con buena salida y toque de pelota, hasta que Albarracín tiró un pelotazo largo que corrió Cristian Palacios –quien retornaba a la titularidad– y le ganó en carrera no solo al zaguero central rival, sino también al arquero Facundo Silva quien salió mal y facturó el segundo. Iban 28 minutos y el partido estaba liquidado.

Sin embargo, el hambre futbolístico de los aurinegros no paraba ahí y siguieron buscando el arco danubiano.

Diego Forlán también trató de erigirse en protagonista y comenzó a complicar en su nueva función de volante externo por derecha. Jugó con pierna cambiada y tambien supo complicar a Marcelo Saracchi.

A los 42' tuvo su gran oportunidad con un tiro libre notablemente ejecutado que el arquero Silva esta vez tapó muy bien.

Danubio parecía dormido en la cancha y con un nivel futbolístico preocupante.

Grossmüller, luego de un buen inicio, no lograba conectarse con sus compañeros por lo que la zaga de Peñarol fue la que se hizo cargo de ganarle la pulseada entonces a los delanteros Barreto y Juan Manuel Olivera.

De todas maneras, Peñarol se quedó muchísimo en el segundo tiempo, le faltó mayor conexión en sus líneas y si bien el rival no inquietaba, tenía más la pelota.

El partido cayó en un bajón importante y prácticamente no hubo jugadas de riesgo para los arcos.

Danubio buscaba sin argumentos y Peñarol llegaba en cuentagotas, sin fútbol ya, jugando tranquilo, manejando los tiempos con el resultado a favor. Ese 2-0 lo ayudaba a bajar la adrenalina.

No había en el horizonte nada que hiciera cambiar el resultado por lo poco que se seguía viendo en la cancha.

Hasta que a los 77 minutos, Murillo se mandó una reacción infantil metiendo la mano en un córner rival, ganándose la expulsión y dándole al rival la posibilidad de descontar por intermedio de Grossmüller de penal.

Entonces allí comenzó el Peñarol de hace años, ese que comunmente conjuga de memoria el verbo sufrir. Y sufrió hasta el final como en las últimas épocas.

De todas maneras, mantuvo la punta en la Tabla Anual y se llevó la victoria con escasos atributos técnicos. Es que Peñarol es así. Pero sigue allá arriba.

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