Otra vez terminó mal en el Tróccoli

Al final del encuentro, en la ruta, hinchas de Peñarol se enfrentaron con la Policía e incautaron armas.

Las medidas parecen agotarse y los violentos siguen siendo el centro de la escena en un partido de fútbol. Después del asesinato de Héctor Da Cunha, el 11 de marzo de 2006, prohibieron el ingreso de las banderas. Desaparecieron por un tiempo los bombos. Se apagaron las bengalas. Se incrementaron los controles. Pocos meses después, hasta el siguiente episodio grave de violencia –que hasta el momento no trepó al extremo de registrar otra vida perdida–, las medidas se fueron suavizando y los violentos volvieron a ocupar su lugar. Así sucedió una y otra vez.

El verano vivió un nuevo capítulo con la agresión del golero de Nacional, Jorge Bava, a un coracero en el primer clásico de verano y la AUF suspendió el fútbol para reflexionar. Pero esta vez los violentos no apagaron su furia, la mantuvieron encendida: en Peñarol-Vélez por la Libertadores dentro del Estadio se vivió un inédito caso de violencia protagonizado en gran medida por los parciales argentinos. Y ayer otra vez...

 Pese a que la Policía montó un amplio dispositivo de seguridad y al margen de alguna pedrea cuando llegaba la hinchada de Peñarol, el partido se desarrolló con normalidad. En la cancha transcurrió todo en calma, pero bastó que el grueso de la barra de Peñarol se retirara del Tróccoli para que la tarde terminara mal.

Los hinchas de Peñarol depositaron los bombos en una camioneta y ascendieron a un camión, que esperaba en la ruta, a la salida del callejón que permite el ingreso al barrio El Tobogán. A los pocos minutos la zona se transformó en un campo de batalla y se multiplicaron los móviles policiales en ese lugar, al tiempo que la Policía se vio obligada a desviar el tránsito a Cibils, porque no se podía ingresar a Montevideo por los accesos.

“Hubo ataque a la Policía de parte de la hinchada de Peñarol, dañaron móviles y lanzaron piedras contra los funcionarios”, reveló Daniel Roquette, de la Policía, a El Observador.

La situación fue controlada. Hicieron descender a los hinchas del camión y la Policía encontró armas de fuego y blancas.

“Nos enfrentaron, pero por suerte evitamos el choque con los hinchas de Cerro”, comentó a El Observador un funcionario policial que participaba del operativo porque habían sido advertidos de una emboscada.

La Policía informó que hubo 40 detenidos, siete durante el partido y 33 al finalizar el encuentro.

La paradoja es que mientras los hinchas se peleaban y portaban armas, Darío Rodríguez y el gerente deportivo de Peñarol, Carlos Sánchez, vieron el partido en la tribuna de Cerro y, pese al gol del empate en la hora, a nadie se le ocurrió agredirlos. 


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