Otra señal de grandeza

Peñarol conquistó el Uruguayo en una temporada en la que debió vencer muchas adversidades, incluso sus propios tabúes, y fue elegido por los periodistas como el mejor

El año fútbol se hizo eterno para Peñarol, uno de los mejores planteles –si no el mejor– del medio, luego de un comienzo atípico.

La historia es bastante conocida pero no perdió trascendencia. Cuando Peñarol comenzó el campeonato el 26 de agosto de 2012, la fiesta estaba servida porque era el regreso del gran ídolo que tuvo el club en los últimos tiempos.
Antonio Pacheco había arreglado nuevamente su vínculo con el club luego de jugar un año en Wanderers tras haberse ido por la ventana de los aurinegros porque no lo quisieron.
Solo por ese regreso se puede decir que no era un partido más ni mucho menos. Tanto es así que el estadio tenía 40 mil personas.

Fénix era el rival y el comienzo no podía haber sido mejor: con un gol del Tony ya ganaban 3-1 cuando estaba por terminar el primer tiempo. Pero una jugada inesperada terminó con la doble fractura de tibia y peroné de Pacheco y el nerviosismo le ganó a todo el plantel. Fénix también lo hizo y se llevó la victoria 4-3.

Sin embargo, el equipo dirigido por Jorge Da Silva consiguió reponerse y llevarse el Torneo Apertura con una exuberante producción goleadora de Juan Manuel Olivera y un gran juego de todo el equipo. Algo que no sucedía desde hacía 16 años.

El Clausura fue tan sufrido como todos los torneos que juega Peñarol, por la ansiedad que tiene el hincha por salir campeón en la primera fecha.

La participación en la Copa Bridgestone Libertadores conspiró en lo físico y esa doble competencia llenó de lesiones el plantel.

Por eso –entre otras cosas– el rendimiento no fue el mismo que en el Apertura. Olivera bajó su despliegue y fue entonces que aparecieron en su mejor esplendor Marcelo Zalayeta y Fabián Estoyanoff. Cuando parecía que vendrían los problemas –tras perder por primera y única vez en todo el Uruguayo dos partidos seguidos, ante Racing y Defensor Sporting–, Da Silva decidió un cambio radical: poner a Pacheco, que ya se había recuperado de la fractura, de titular y sacar a Olivera justo para el clásico.

Eso marcó un punto de inflexión decisivo para lo que sería luego la consecución del Campeonato Uruguayo.

Defensor se llevó el Clausura y se ganó un lugar en la final del Uruguayo, que se transformó en un monólogo de Peñarol al ritmo de Antonio Pacheco, porque el capitán tuvo su recompensa histórica con tres goles para definir el Uruguayo 47 de los aurinegros.


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