Orgullo Tero

Uruguay mostró una entrega enorme, aunque pagó caro cada error, para el 47-15 ante Fiyi

Quizá algunas veces los jugadores y el técnico se equivoquen. Quizá, desde la subjetividad de estar limándose los hombros y jugarse la salud defendiendo al límite, de estar día a día detrás de este proyecto hace años, se pierda de vista la real situación a la que se enfrentan en este torneo.

Porque la sensación del equipo en el vestuario tras el 47-15 con Fiyi era de desazón por un partido que se fue y que podría haber sido la noche de la hazaña. En particular, por errores concretos que facilitaron algunos de los tries rivales, y pusieron muy lejos un score que debería haber sido más corto.

Esa lectura del partido que tuvieron jugadores y entrenadores da tranquilidad, porque habla de un equipo que no se conforma sólo con dejar todo, con esa entrega que asombra y genera respeto unánime en el mundo. Si a este equipo eso no lo conforma es porque entiende que es la base indispensable para encarar todo lo siguiente.

Pero quizá sea bueno apreciar lo que está generando este equipo. Ese orgullo en la gente de rugby y la gente de afuera. Y genera la insólita situación de que el más aplaudido ayer haya sido el derrotado y no el vencedor. Ese ya es el gran triunfo de Uruguay en este torneo, y vale muchísimo.

¿Cuánta es la diferencia objetiva entre este equipo amateur de Uruguay y los profesionales y superdotados físicos de Fiyi? 45 puntos puede ser una cifra lógica. Pues bien, los Teros se han acostumbrado a disimular esas diferencias, achicarlas y hasta enojarse cuándo la diferencia termina siendo un poco más amplia. Fueron 32, pero deberían haber sido 15. Por eso la bronca.

Si, Uruguay cometió algunos errores. No jugó el partido perfecto que debía para ganar, y cada error lo pagó con puntos. ¿Pero acaso es justo pedir un partido perfecto? Es imposible.

Fiyi presentó lo que se podía esperar: muchísima velocidad y potencia en el contacto. Y en ese aspecto, Uruguay la respondió como ante Gales: tackle, doble tackle y reposicionamiento. La lucha uno contra uno volvió a ser de igual a igual, al punto que los fijianos casi no pudieron desnivelar por afuera, salvo en un par de tries en los que generaron la ventaja tras desordenar al equipo por el medio.

El scrum fue la gran diferencia del partido. La diferencia de kilos se está haciendo sentir, y el pack uruguayo nunca le pudo encontrar la vuelta a un rival que allí edificó su ventaja, generando cinco penales, uno de ellos penalty try. Como Gales, Fiyi encontró un punto débil de Uruguay y allí machacó, consciente que en el resto del juego se le estaba haciendo mucho más difícil de la cuenta.

Así, Fiyi arrancó arriba y puso a Los Teros en el peor escenario posible: 0-12 abajo y con uno menos por la amarilla a Ormaechea, que para evitar el primer try se tiró a tacklear sin los brazos y posibilitó el try penal. Pero el equipo se supo reponer, y lo fue a buscar, lo que derivó en el try de Arboleya a los 16'.

Uruguay siguió batallando: logró obtener la mayoría de sus lines; evitó que el rival armara mauls, siguió tackleando a destajo y casi no generando agujeros en el juego abierto, salvo cuando incumplió un mandamiento del partido: no patear a menos que se pudiera presionar, para evitar que Fiyi contraatacara, como lo hizo para irse arriba 26-10.

Para el segundo tiempo se mantuvo la actitud para el tackle, la pelea en el ruck y las ganas de contraatacar. Todos eso se tradujo en el segundo try: pelota recuperada en el ruck, corrida de Dibu Silva de toda la cancha y try de Ormaechea para el 26-15.

Los Teros jugaban por encima de sus posibilidades. Pero bastó que la energía bajara un minuto para recibir dos tries y luego otro más en el cierre, que ampliaron el score a un 47-15 injusto, encima con la muy discutible roja a Agustín Ormaechea por doble amarilla.

Emocionante, sí. Injusto porque la diferencia podría haber sido menor, también. Mientras tanto, fuera de la subjetividad, el mundo aplaude. Y un país entero siente orgullo por la entrega celeste.


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