"Ojalá todos los domingos sean así"

Nacho González comenzó la semana con el vértigo que le da la sociedad a los héroes deportivos; recorrió casas para alquilar: “No pensaba encontrarme a esta altura buscando pisos en Montevideo”, dijo a El Observador

Nacho González no da abasto. Procuro contactarlo por teléfono, como habíamos arreglado enseguida del entrenamiento, y me responde la contestadota. Al rato insisto, y el intento tiene el mismo final. Unos minutos después escribe un mensaje de texto: “Llamame ahora por favor”. Suena el teléfono y enseguida responde. “No sabés lo que es esto”, dice, con esa mezcla de agobio y satisfacción que hacen tan especiales los días posteriores a los grandes momentos de la vida de las figuras del deporte uruguayo.

“La demanda de los medios es mayor que cuando firmé en la sede”, sigue relatando, y continúa comentando casi sin pausas, porque la dinámica que logró su día lo lleva a vivir con un vértigo inusual.

“Lo de hoy se puede comparar con algunos momentos en la selección, o la mejor época de Danubio. Sin dudas que jugar en un equipo como Nacional tiene otra repercusión”, explica, y subraya: “Está lindo vivir así, pero cansa. Soy de los que cree que en la vida hay que tener un equilibrio. Fijate que mi señora me quería matar, porque el lunes me levanté, me fui a entrenar, volví a casa, almorcé en unos minutos, porque me llamaban de una radio, después de otra, había arreglado con vos, y ahora tengo que ir a ver unos pisos. A las 7 tengo que estar de regreso en casa y a las 8 y media tengo un cumpleaños”, puntualiza en una agenda que fue acomodando a las circunstancias que fueron surgiendo.


“La idea era seguir jugando en el exterior. No pensaba encontrarme a esta altura buscando piso en Montevideo. Cuando llegué a fines de junio fue con la idea de volver a Europa, pero se fue dando todo como para quedarme, y aquí estoy, viviendo en lo de mis suegros, con coche alquilado, con algunas valijas acá, otras en lo de mis padres y algunas cosas en Valencia. Pero no me voy a afincar en un lugar hasta que definitivamente decida que llegó el final de la carrera futbolística”.

Agrega, y puntualiza que, apenas termine de hablar empieza la recorrida para ver algunas casas que le ofrecieron. Detalla que tiene un apartamento, en el que vivía antes de viajar a Europa, pero debido a que no pensaba volver lo tenía alquilado. “Ahora el que tiene que salir a buscar casa soy yo”, bromea.

¿Soñas aún a los 31 años con volver a jugar en Europa?
No, pero si llega una buena propuesta voy, en caso contrario no volvería a Europa porque cuando pueda hacerlo (después de cumplir su contrato con Nacional) ya tendría 32 o 33 años. Además, en estos momentos Europa está en crisis y eso también afectó al fútbol, porque económicamente los clubes no están tan fuertes. Me gustaría, si se dan las condiciones, volver a jugar en el exterior, en Brasil o  en México, también en Estados Unidos o en Emiratos Árabes.

¿Qué lugar tenía Europa en los comienzos de tu carrera?
De niño estaba en uno de los más importantes. Era como el sueño del pibe, y en esos sueños también quería desarrollar toda mi carrera en Europa y llegar a Montevideo para retirarme en Danubio. Al final de cuentas, por las lesiones, el rumbo que tomó mi carrera fue diferente. ¡La verdad es que las lesiones me fueron pasando factura! Si hubiera querido, ahora me quedaba en Europa porque tenía chances de permanecer, pero ninguna que me llenó completamente. Además, ya eran seis años en el exterior, mi señora tenía ganas de quedarse en Montevideo, está mi hija (Belén, de dos años), la familia tira, la oportunidad de Nacional. Como que todo cuadró para elegir este camino.

Hace algunas semanas Diego Forlán dijo, a raíz de la situación que Sebastián Abreu vivió en Nacional el pasado semestre, que no le gustaría jugar en Uruguay por la forma en la que se pasa del amor al odio.
Leí o me comentaron lo que dijo Diego, no recuerdo bien ahora cómo fue que me enteré, pero también hay que aceptar que eso te pasa en todos lados, con mayor o menor repercusión. Entiendo lo que plantea Diego, pero al final de su carrera los uruguayos generalmente quieren terminar en su país.

¿Por qué Nacional?
Es una apuesta. Quería seguir jugando en el exterior, pero no recibí la oferta que esperaba. En Nacional tenemos un buen plantel, pero tenemos que levantar el nivel y jugar mejor. El domingo vivimos el nerviosismo propio del debut, pero lo más importante fue que ganamos y a partir de eso seguimos construyendo.

¿Cómo viviste el domingo?
Fue muy emocionante y a partir de que comenzó el encuentro todo transcurrió muy rápido. El día previo y la mañana del partido pasó muy lentamente, pero desde que llegué al Parque Central para adelante fue todo muy emocionante. Me pasaron muchas cosas por la cabeza y viví sensaciones muy especiales, como mirar a la tribuna y encontrarme con que estaba toda mi familia, algo que no sucedía hacía seis años. Sin dudas lo que más disfruté fue el partido. Ojalá todos los domingos sean así. Por todo, por el triunfo, por el gol, por la gente, porque después del partido me encontré a la salida con amigos y familiares, porque cuando salí y desde el banco de suplentes miraba a la tribuna me emocionaba de verlos a todos ahí. En Europa estaba solo mi señora y algún familiar, y ahora redescubrí las grandes emociones que había vivido antes de irme a Europa.

Pero Europa también suma para el crecimiento del jugador.
Sin dudas. Europa es un sueño en lo previo y también un lugar que te transforma. Europa te hace profesional, porque los clubes te hacen sentir lo que te pagan, te exigen que trabajes a ese ritmo, que vivas para el fútbol. Te dan todas las instalaciones deportivas para que rindas en ese nivel. Te enseñan a alimentarte, a descansar, a entrenar, a realizar trabajos de prevención abdominal, musculación. También con las lesiones aprendí mucho. Lo que aprendí en Europa fue tremendo. Fijate que cuando estaba en Danubio, antes de las prácticas lo único que hacías era esperar que llegara la hora para bajar a correr. En Europa me enseñaron que una hora antes del entrenamiento tenés trabajos para hacer. Te cambian la cabeza.

Sería interesante que se lo pudieras transmitir a los jugadores que recién comienzan.
Ojalá, porque ahora estoy haciendo trabajos que tenía que haber empezado a realizar a los 20 años. También hay que aceptar que con lo que ganaba en Uruguay no me daba para trabajar con el mismo profesionalismo que en Europa, por los gastos que implican la alimentación, por ejemplo.

El Parque Central ofrece todo, ¿verdad? Al menos es una cancha diferente en Uruguay, por el entorno, por la cercanía del público, porque van 20.000 personas por partido.
El domingo descubrí que en el Parque se vive un lindo ambiente. Además, es un estadio compacto y debe tener la mejor cancha de Uruguay. No quiero ser injusto, porque tal vez hay alguna otra en condiciones similares, pero sin dudas que la del Parque es una de las mejores. El entorno en el Parque Central es muy agradable y la cancha llena le da algo especial.

La vida de Nacho González transcurre con el vértigo que la sociedad actual les da a los héroes de turno, pero con la ventaja de que el futbolista tricolor conoce los límites. “Sabemos que cuando nos va bien hablan bien, y cuando las cosas no salen de la mejor manera surgen las críticas; lo que tenemos que hacer es evitar ir de un extremo y al otro”. Se termina el día. Nacho se quedó sin batería en el celular. ¡Hacía tiempo que no le sucedía! Disfruta en la casa paterna, con algunos de sus 10 hermanos, sus padres –antes de ir a un cumpleaños– y los recuerdos que marcaron el arranque de la temporada 2013-2014 del fútbol con un González que se ganó los aplausos de todos.


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