Obreros de un fútbol decadente

Jugadores de Central Español no cobran hace siete meses, entrenan en plazas y debieron salir a trabajar: algunos en la construcción, otros de delivery

Un día cualquiera de la semana Cristiano Ronaldo despierta en su mansión de Madrid y toma un balanceado desayuno. Aborda uno de sus espectaculares vehículos y se traslada a cumplir con el trámite del entrenamiento.

Ese mismo día, en la ciudad de Pando, Santiago Correa se tomará un ómnibus que lo traslade a la capital uruguaya. Desayunó lo que pudo y luego se tomó unos mates con sus compañeros.

Cristiano ingresará a las instalaciones de la Ciudad Deportiva y desembarcará en un vestuario donde lo aguarda su ropa doblada y planchada como corresponde en el casillero que lleva su nombre.

Correa llegará a la Avenida Delmira Agustini, en pleno Prado, donde debajo de un árbol sus compañeros se cambian con la ropa que trajeron desde su domicilio.

El portugués saldrá al campo de juego donde hay más de 30 balones. La cancha de fútbol tenis, con la red flamante, lo incentiva a tentar a Di María y Ramos a jugar un partidito.

El uruguayo tendrá que moverse en un campo desparejo donde se corren riesgos de lesiones. Ocho pares de championes hacen las veces de líneas imaginarias para formar una cancha de fútbol tenis. La desgastada pelota va y viene de un lado al otro. Jamás pegará en la red. No existe.

Cuando termina el movimiento Ronaldo recibirá jugos, frutas y lo aguarda una ducha con agua caliente además de hidromasajes.

Cuando termine de entrenar Santiago Correa tomará agua de una única botella de dos litros que tendrá que compartir con sus compañeros y luego, sin poder ducharse, tendrá que partir en ómnibus rumbo a su casa.

En su casa el goleador de Real Madrid descansará, mirará alguna película y dormirá.

El regreso a casa del volante de Central Español será pensando en el poco tiempo que le queda para descansar y salir a trabajar. En la pizzería lo espera la moto para cumplir con el servicio de delivery.

Ronaldo cobra todos los meses y no tiene más preocupaciones que salir a jugar. Correa deberá pelear el peso. Bajo estas condiciones la lucha es desigual. Evidentemente.

Sin embargo, y pese a las enormes diferencias, ambos tiene la misma obligación: salir a ganar. Es lo único que importa en esta historia del fútbol profesional, aunque ese término parezca un chiste en este caso.

Los jugadores de Central Español llevan siete meses sin ver un peso. A esta altura podría decirse que luchan por la sobrevivencia.

“Muchos tuvieron que salir a trabajar. Laburamos en lo que venga, en la construcción otros en un delivery, en supermecados, de mozo en un bar, changas”, reveló el capitán del equipo, Guillermo Firpo, a El Observador.

A su lado el experiente Diego Bonilla acota un dato a esta cruda realidad de futbolistas “profesionales:” “los que laburan en la construcción, si tienen que salir a hacer zanjas en la calle, le salen. No queda otra”.

Esta historia comenzó en diciembre. “Desde principios de diciembre estamos acá entrenando en el Prado. Es una medida tomada ante la falta de pago. La última entrega de dinero fueron $ 5 mil en enero que ni siquiera fue esa cantidad porque nos realizaron descuentos. Lo que está haciendo el grupo es memorable. Meses sin cobrar y salir a dar la cara. Hasta hace unos partidos nos insultaban. Demasiado hacemos para ser el equipo peor entrenado del campeonato”, agregó Bonilla.

Mientras se desarrolla la charla de El Observador con Firpo, Bonilla y Correa, a un lado el resto de los jugadores juega al fútbol tenis. Otros toman mate y charlan. Unos metros más alejado el técnico Adrián Colombo va llamando de a uno a sus dirigidos. Tiene una pizarra con imanes que hacen las veces de jugadores. “Yo creo que vos podés moverte por acá. Estás bien físicamente para hacerlo”, le dice a uno de los jugadores.

El duro momento de los jugadores de Central

La gran pregunta que se impone es ¿cómo es vivir siete meses sin cobrar el sueldo?

El grupo se junta todos los días en el Prado, a escasos metros del monumento a los Charrúas. La mayoría va en ómnibus y hay que tener la diaria para el boleto. “Venir a entrenar acá genera un gasto”, apunta Correa.

La alimentación es otro aspecto que hace a la vida de un profesional. “Es un tema complicado porque algunos viven con los padres y puede ser una solución transitoria para ellos pero es difícil. Hay que ponerse un poco en la piel nuestra”, expresó Bonilla.

El capitán Firpo acotó: “Yo le pido a mi vieja que los días de partido me haga pollo o pasta, y resulta que cuando viajamos al interior nos dieron una milanesa en dos panes”.

¿Cómo? “Sí, fuimos a jugar a Rocha y en el viaje nos dieron refuerzos de milanesas y alfajores. No paramos para comer, fue todo arriba del ómnibus. Además el ómnibus se demoró y salimos a las 11.30 para jugar a las cuatro. Bajamos para calentar y entrar a la cancha”, acotó Firpo.

Pero no fue lo único que sucedió. El sábado pasado denunciaron que no había médico.

Antes de la fecha de ayer Central Español estaba entre los cuatro primeros. En poco tiempo debe viajar a Tacuarembó y los jugadores no quieren ni imaginarlo como tampoco quieren imaginar lo que será entrenar en invierno en el descampado del Prado. La sobrevivencia continúa.


Fuente: Jorge Señorans - pampajs@hotmail.com

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