"Nunca quise ser un mercenario"

Santiago López critica los venenos de un deporte contaminado y dispara contra el sistema, Messi, Figueredo y Menem; el que abandona, no tiene premio

"El fútbol tiene un sistema enfermizo, perverso e injusto. A mí me tiene podrido que los pibes que juegan la pasan mal. Cuando termina el entrenamiento y veo que se tienen que tomar el bondi y no tienen para comer, me hace caer en una realidad que me tiene harto", dice Santiago López, capitán de un Villa Española que volverá a Primera cuando la pelota ruede.

El delantero, que en las últimas semanas profundizó sobre su costado social en una nota publicada por Mintxo en La Diaria, habla como juega. El grabador lo apunta fijo, pero Bigote no tiene filtros y dispara contra una industria que envenenó al juego e intoxicó de desigualdad a sus protagonistas.

Soñar la hoguera y ser la leña

"Yo soy ricotero, buen padre y por último jugador de fútbol. Si me tengo que definir lo hago de esa manera. Los Redondos me formaron como persona, mi familia también y me considero un buen padre. Después viene el fútbol. Soy mucho más profesional de Los Redondos que profesional en el fútbol", argumenta López, convencido de que la música con contenido social es el vehículo para transformar una sociedad.

“Si hubiera aceptado transar con representantes hoy tendría mi vida económica resuelta, pero tendría mi vida como ser humano arruinada por cambiar mis ideales por guita”

Santiago es mucho más que un futbolista, es un activista social por causas tan permanentes como perdidas, despreciadas e ignoradas por sus colegas.

Fue así que se lo pudo ver en campañas contra la baja de la edad de la imputabilidad o participando en la marcha del silencio: "El fútbol es como la música. La música que no es comprometida con lo que pasa no la escucho. Los futbolistas tenemos tremenda repercusión y no podemos quedarnos de brazos cruzados. Formamos parte de la sociedad. Es como dice la remera: todos somos familiares. Yo tengo una herramienta que puedo explotar y es el compromiso social. Puedo estar equivocado, pero hago lo que siento y si me equivoco me chupa un huevo".

Sin preguntárselo, López se mete en el tema del momento, habla de la renuncia de Messi en un mundo globalizado y lo ata a la política, destacando la figura de Maradona, al menos antes de su actual etapa en Dubai: “El primer revolucionario del fútbol fue Maradona, que tenía un compromiso social tremendo. Después de ganar el Mundial fue y apoyó a Hugo Chávez. Messi después de los partidos se acuesta en un sauna en su casa cinco estrellas y no dice nada el hijo de p... Lo único que dijo fue que renunciaba a la selección porque no puede ganar. No me jodas, nosotros perdemos todos los días y nos cambiamos en lugares de mierda. Seguí en la selección que ya te va a tocar ganar”.

“Messi y Maradona vivían dentro del sistema y eso te lleva a hacer cosas que te exceden. Maradona estaba enfrentado con Bush padre y saludó a Carlos Menem. El sistema te puede engañar. Yo veo a Menem y le escupo la cara”.

López tuvo que transitar en su carrera consciente de que sus ideales no condicen con los modelos de la industria: “En el fútbol soy un bicho raro, porque va con otra ideología, te muestra otras cosas. Yo tengo argumentos y no me molesta pelear por la plata de mis compañeros, tengo la suerte de que hoy Villa Española paga sueldos en fecha y los dirigentes son flexibles a los reclamos que hacemos, pero eso no pasa en otros equipos, entonces no compiten en igualdad de condiciones”.

Santiago López

Casi como en una carrera hacia el gol, pero en uno mucho más importante, López se envalentona: “Hay ejemplos que son los peores. Acá te hacen creer que con la garra de los uruguayos podés vencer las desigualdades internas. Si se repartiera mejor la torta, el fútbol sería más justo. Esto es una industria como Nike o Adidas, yo me pongo un zapato fabricado por niños esclavizados. Diego Forlán me elude a mí y se lleva millones de dólares mientras yo no agarro un peso. Si nosotros fuéramos conos, él no sería el jugador que es. Los representantes y la televisión se llevan la plata cuando y como quieren”.

El lujo es vulgaridad

El Bigote no hizo inferiores y así fue a probarse al club de sus amores. Así, de casualidad, debutó en Primera en 2003, jugó en tres equipos del exterior y lleva más de 13 temporadas como profesional. Sin embargo, como dice su banda favorita, lo mejor de nuestra piel es que no nos deja huir: “Mi carrera fue buenísima, la pasé de fiesta. Muchas veces no me cuidé pero decidí vivir mi vida como cualquiera. Estar en el exterior es complicado y yo puedo decir que hoy estoy donde quiero estar, no muchos pueden decir eso. No me interesa la plata, me interesa pasarla bien. Cuando supe que mi equipo estaba mal dejé todo y vine a ponerle el pecho. Jugué en la C, en la B y ahora en la A. No fue una utopía rescatar al club y hoy estamos donde queremos”, resume Santiago, que pegó la vuelta en 2013, cuando el equipo estaba en el inframundo del fútbol local, sin jugadores y sin entrenador.

“El combustible para volver fue la familia. Nunca me pusieron reparos porque saben las locuras que tengo. Cuando arranca el sueño del fútbol a los 18 años lo primero que te venden es que vas a ser millonario y yo jugaba para comprarme mi casa porque mis viejos no tenían. Al tiempo me compré la casa, después me di cuenta de que era un mercenario guardando plata en un banco y nunca quise serlo. La felicidad no va por ahí, tener plata para ser más rico en el cementerio no es para mí. Siempre me cuestioné la situación de jugar en el exterior porque vivís en una burbuja. En Guatemala la pasé bárbaro, pero lo único que hacía era guardar plata en el banco mientras mis viejos envejecían y se perdían de ver crecer a mi gurisa. En ese momento decidí volver a Uruguay”.


El futuro llegó hace rato

López sabe que le queda poco tiempo en el fútbol, lo asume y no quiere estirar una etapa con fecha de vencimiento: "El fútbol es una muerte súbita, se termina y yo no tengo un plan definido. Cuando me retire voy a ir a ver al Villa con mi mujer, mi hija, mis hermanos, mis viejos y mis vecinos. Me pondré a estudiar algo, yo que sé. Tengo una empresa chiquita (una arrendadora de autos con Damián Santín, compañero en Villa Española) y hoy vivo de eso, nos alcanza para sobrevivir. Si algún día esa empresa se funde haré otra cosa. Lo que sé es que no quiero seguir ligado al fútbol, si al club, pero con un trabajo social”.

“Messi y Suárez son unos infelices, porque si no podes ir a comprarle un chocolate a tu hija al almacén sos un infeliz. La vida pasa por esas cosas. El Indio Solari habla de los personajes que se comen a las personas y a ellos les pasa eso”

Sabe que en ese rol tendrá mucho trabajo con un equipo que sufrió los fantasmas del pasado y con un barrio que carga con el estigma de lugar conflictivo: “Hasta hoy me dicen que Villa Española es un cuadro de mierda. Lo que pasa es que antes a la cancha iban todos boxeadores, venían los grandes y había lío siempre. Después se dio la desafiliación por no pagar y la imagen del club quedó por el suelo. Pero es tremendo cuadro, por la movilización social que genera en el barrio y por la identificación que tiene la gente. Es un barrio que mueve muchos pibes, como pasa con Rampla o Cerro. En el club hay un pibe de 9 años que tiene 14 hermanos, está todo el día con nosotros y le damos de comer. En el club está cobijado. Capaz que mañana es ídolo del club o es obrero de FUNSA, que sé yo, pero el club debe hacer un trabajo social con él. La infraestructura no es material, es de personal. Me gustaría tener psicólogos que puedan arropar a los pibes del club”.

“Si yo doy una nota y me preguntan boludeces contesto boludeces. Le huyo a la prensa que te pregunta si el partido que viene va a ser un partido difícil. Los periodistas que preguntan pelotudeces no me interesan”

Santiago López, a sus 34 años, vive y habla como juega. Con un discurso firme como bandera, Villa Española en el corazón y buscando, desde su lugar, hacer la revolución con una pelota en los pies.


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