Nacional se rompió

El tricolor intentó volver al modelo ganador del Apertura, pero no es tan simple resetear y arrancar de nuevo

En su búsqueda de respuesta a la crisis deportiva, Álvaro Gutiérrez buscó el sábado ante River  Plate que Nacional se pareciera a aquel imbatible equipo del Torneo Apertura. En la figura táctica y en el planteo, el tricolor aprovechó el hecho de jugar contra un rival (River Plate) al que le gusta la posesión de pelota y buscar el arco contrario para hacer aquello que en la primera mitad de la temporada le salía mejor: esperar bien parado, cerrarle caminos al rival, complicarlo en el manejo de la pelota y recuperar rápido para contragolpear.

Pero el tricolor a esta altura parece roto. Es como aquel cuento del padre que, luego que su hijo rompe un jarrón, le dice que pida perdón, y luego le pregunta si eso causó que el jarrón volviera a arreglarse mágicamente. Nacional es hoy el jarrón: roto en aquella fórmula casi mágica que le permitió ganar 42 de 45 puntos.

Gutiérrez empezó a usar ese modelo, casi intocado, en el partido de ida del repechaje ante Palestino, y una roja le tiró el esquema abajo.

En la vuelta tuvo que ser protagonista, y le fue mal. Ante Defensor le funcionó de a ratos, pero ante Sud América y El Tanque tuvo que volver a hacerse cargo de la pelota y de la pesada carga de tener la responsabilidad del partido.

El sábado tenía la oportunidad de resetear y volver a ese pasado reciente en el que se sentía tan cómodo. Y encima arrancó ganando a los 15 minutos, lo que le dio más argumento para probar ese esquema defensivo y de pasar la responsabilidad. Pero no. El equipo entró en el tobogán. La tribuna rechifla  y murmura. La confianza se pierde, y ello influye sobre los circuitos futbolísticos.

Ojo, no fue algo que no le hubiese pasado en el Apertura. Hasta el sábado, Nacional no tenía un andar muy diferente al del primer torneo de la temporada, donde había ganado dos y perdido uno. También estaba armando su defensa, en aquel momento con un Polenta tratando de recuperar la forma tras llegar cerca de iniciar el torneo –ahora es Valdés–. También tenía una catarata de lesiones, pero cada uno que entraba se ganaba el puesto.  

Ahora la moneda cayó para el otro lado. Entonces, lo que hace unos meses era una oportunidad para encontrar un nuevo titular, ahora es un suplicio. Por todo eso, Gutiérrez deberá pensar ya no en  apretar el botón de reset, sino en reconstruir algo que parece roto.


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