Nacional sabe cómo responder

Cuando el rival sale a proponer, Nacional muestra su mejor versión; le pasó en el debut ante Defensor y el domingo ante River al que le pasó por arriba

Gustavo Munúa le pega fuerte. Bien fuerte, llovida y para arriba. En la salida del arco, allá donde reside la génesis del concepto que cada entrenador le inculca a sus dirigidos, este Nacional opta por el pelotazo largo. River Plate no. Juega cortito entre los defensas y sus volantes bajan a empezar a hilar juego. Pero no está escrito que esta manera de jugar sea mejor que aquella. Porque en los caprichosos misterios de un partido de fútbol, todo puede pasar y este domingo Nacional le ganó 3 a 1 al darsenero para volver a meterse en la pelea del Torneo Apertura.   

Las fortalezas de Nacional están en sus respuestas. Para proponer, por lo mostrado ante Sud América y El Tanque Sisley, le falta astucia, audacia o ambas cosas a la vez. Sin embargo el fuerte tricolor está en minimizar la propuesta del rival y en función de eso potenciar sus virtudes disimulando al mismo tiempo sus defectos.

Lo mostró en la primera fecha ante Defensor Sporting y lo ratificó ayer ante River Plate. Dos de los equipos que mejor juegan a nivel local y de los que mejor representan a Uruguay en la región.  

Nacional los redujo a ambos a su mínima expresión. Mérito de Álvaro Gutiérrez que se va convirtiendo en un analítico estratega.

Mérito también del equipo que asimiló una variable a su esquema habitual de 4-4-2 para transformarse en un agresivo 4-2-3-1 que le permitió presionar hasta el límite de la asfixia la salida de River.

Porras, que con el Colo Romero era el 5 que hacía el balance, fue el que dio el paso al frente para liderar esa presión, mientras Arismendi ejerció un rol más posicional. Barcia y Fernández fueron por afuera realizando una gran tarea en el bloqueo de la salida de los laterales rivales.

Así River jugó maniatado, incómodo y fracturado entre sus líneas. Y a su vez, Nacional le desnudó graves falencias defensivas. Iban apenas 50 segundos cuando Barcia corrió por primera vez a espaldas de Diego Rodríguez para llevar peligro por primera vez al arco de Nicola Pérez.

River tampoco pudo solucionar otro problema básico: los pelotazos largos.

Con ese esfuerzo atacante primitivo, que no se ve en el fútbol de la televisión porque es de muy sencilla resolución (zagueros que siempre calculan bien para despejar y volantes que llegan siempre rápido para recuperar rápidamente el control de la pelota), Nacional complicó a River.

A tal punto que abrió el marcador a los dos minutos por esa vía: tiro libre largo y frontal de Porras, mal cálculo en el salto de la zaga, rebote y bomba de Arismendi desde afuera del área. Imponente. Un signo inequívoco de lo que sería el partido. Nacional, potente, enchufado. River, débil, aturdido.   

Le costó siempre a River superar la línea alta de la presión donde lo ahogó Nacional. Más de una vez se vio a Porras salir a la caza del volante central Gabriel Marques cuando este iba en busca de la pelota a la media luna ofreciéndose como vía de salida.

Y nunca salió por abajo Nacional en todo el partido. Cada vez que tuvo un tiro libre en su campo lo tiraba Munúa. A los 30’ Iván Alonso picó y el golero le puso un tiro libre de 60 metros por detrás de los zagueros de River. El goleador cabeceó afuera. La jugada estaba estudiada. Básica pero efectiva producto de la mala tarde que tuvieron Martínez y González.

Y así también disimuló los defectos defensivos que mostró en las primeras fechas. Atacando y evitando que la pelota rodara cerca de su área, Nacional se permitió que Aja y Polenta le dieran a la zaga la solidez que antes no había mostrado el equipo.

A todo eso se le sumó trabajo. El gol de Porras, que buscó una devolución de un córner para después colgarla del ángulo, no puede ser casual. Fue golazo.  

Pudo aumentar con un cabezazo de Alonso u otro de Pereiro en un córner. Porque Nacional jugó a placer: recuperó la pelota en la salida del rival, atacó rápido y llegó con mucha gente en ofensiva.  

El ingreso del Morro García en el segundo tiempo –no el de Robert Flores– le dio a River otra presencia. Y el ex Nacional descontó a los 67’ tras un largo traslado de Marques que asistió casi involuntariamente. Es que los de Almada estuvieron imprecisos hasta en su único acierto ofensivo.

Pero no tuvo pinta ni a reacción. No pasó un minuto y Alonso tiró de afuera del área asistido por Pereiro y le bajó el telón al partido tras clavarla abajo contra un palo. Quedó claro. Lo que mejor hace Nacional es responder.



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