Nacional pasó un mensaje a todo el fútbol uruguayo: atacar es negocio

El ofensivo planteo de Munúa pelea contra la idea de que el jugador uruguayo está hecho para defender

A diferencia de Peñarol y su versión ultradefensiva del martes en Colombia, Nacional se paró como un equipo grande el miércoles en San Pablo ante Palmeiras. Le jugó como uno: se cuidó atrás, pero no se intimidó por un equipo que, aunque pase por un mal momento, es un grande de Brasil. Ante todo, demostró que el fútbol uruguayo puede ser algo más que defenderse bien y lastimar de contra.

Nacional paró dos líneas de cuatro pero no se refugió: puso jugadores ágiles y de buen pie por afuera, aplicó presión alta, y cuando la tuvo tocó rápido y a un toque. Usó su velocidad, abrió la cancha y llegó. Jugó a un fútbol moderno, con mucha garra, pero sobre todo cuidando la pelota y haciéndola correr. Fue una mezcla de buena defensa –salvo algún sofocón en los primeros 20-, equipo compacto y corto, toque, presión, velocidad para salir y llegada en velocidad. Y el 2-0 que conseguía hasta los 40' era totalmente justo. Es cierto, luego de la expulsión de Fucile y el gol de Palmeiras el partido cambió y se limitó a defender a la heroica, en una versión más tradicional del fútbol uruguayo.

Pero ante todo, Nacional pasó un mensaje. Durante mucho tiempo –décadas quizás- el discurso dominante del fútbol uruguayo se basó en un axioma bastante simple: construir los equipos de atrás para adelante, defender bien, morder, acumular gente atrás y llegar de contra.

"Décadas atrás, en Uruguay se jugaba bien, pero cuando nos agarra Holanda en el 74 (2-0), se hace un análisis erróneo y la conclusión fue 'hay que empezar a correr'. Y empezamos todos en esa línea, los martes corríamos 14 kilómetros de carrera continua, chocábamos, saltábamos, éramos muy fuertes, pero se olvidó el juego", dijo hace poco Alfredo Arias, el ex DT de Wanderers que intentó una pequeña revolución de toque y juego ofensivo, y que hoy dirige a Santiago Wanderers.

A grandes rasgos, esa ha sido la filosofía de la selección bajo el mandato del DT Óscar Tabárez. Y tras 10 años, nadie puede sostener con seriedad que le haya ido mal. Devolvió a Uruguay a los primeros planos, con muchísimos méritos dentro y fuera de la cancha y también con el momento de jugadores fuera de serie como Forlán o Suárez.

"La mayoría de los equipos juegan mejor que nosotros, como el caso de Perú o Venezuela, pero no renunciamos a ganar porque hay mil caminos para llegar a la victoria. Entonces tenemos que adecuarnos a lo que tenemos, ser muy intensos a la hora de defender y llevar la pelota a la zona donde tenemos grandes definidores", dijo hace un tiempo Tabárez. "A la hora de encarar un proyecto, primero que nada, hay que evaluar la realidad. Lo primero que había que hacer era entender cuál era la posibilidad de Uruguay como realidad futbolística en el concierto mundial de estos días, que es muy distinto al de otras épocas en la que nosotros hasta teníamos una primacía futbolística, por ejemplo, en la primera mitad del siglo XX", insitió.

Según esa teoría dominante, el jugador uruguayo tiene un biotipo que, muy simplificado, es ideal para defender, marcar, presionar, recuperar y llegar rápido, saltando líneas, al área rival. Y los resultados están a la vista. Es más, después de 10 años de proceso no sería lógico pedirle a la selección que borre y empiece con otro estilo. Aunque en sus mejores momentos –la victoria ante Inglaterra en el Mundial, por ejemplo- el equipo evolucionó y a la defensa le aplicó una presión alta y juego en ataque pocas veces visto en estos 10 años-

Pero seguro que el miércoles por la noche Gustavo Munúa agregó muchos argumentos para la otra teoría: en Uruguay se puede jugar a otra cosa. Ya sea en clubes o en la selección, se pueden poner jugadores especialistas en tener la pelota y hacerla correr, o hacerlos jugar en esas funciones, que cumplen muchas veces en sus clubes. Otros DTs lo han intentado en torneos internacionales –Alfredo Arias o Juan Ramón Carrasco, por ejemplo- aunque con planteles que no tenían o tienen la capacidad individual para lograr resultados. Munúa, con un plantel mucho más rico, lo intentó ante Palmeiras, y tuvo resultado en esos 45 minutos que jugaron en igualdad de condiciones.

¿Fueron poco más de 40 minutos? Es cierto. ¿Se podría haber aguantado los 90 a ese ritmo aún sin expulsión? No se puede saber. Pero no parece un argumento suficiente para no intentarlo

Munúa dejó la semilla plantada: el fútbol uruguayo puede ser fiel a sus armas tradicionales pero también ser ofensivo y ganarle a los grandes de América.

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