Nacional, negro y blanco

Empezó el año con un técnico reconocido que se fue por la puerta de atrás y lo terminó con uno nombrado interinamente y que realizó un campeonato histórico

Los hinchas de Nacional están dulces. Este fin de año van a celebrar de lo lindo. El equipo logró el Apertura con un puntaje récord, le ganó a Peñarol de atrás y en los minutos de adición (de yapa, con un gol de tiro libre del Chino Recoba), le sacó 10 puntos a Racing que terminó segundo y 17 (¡sí, 17!) a Peñarol que acabó tercero junto a River Plate, socialmente el club alcanzó los 75 mil socios y se presentó un proyecto precioso para seguir ampliando el Parque Central.

Pero, siempre hay un pero. Durante 2014 el camino no fue todo color de rosas. El año de Nacional se puede dividir perfectamente entre lo nefasto del primer semestre y lo glorioso del segundo. La llegada de Gerardo Pelusso en el verano pasado que ilusionó a los tricolores por el recuerdo que había dejado el entrenador en su anterior pasaje por el club (ganó un Campeonato Uruguayo y llegó a semifinales de la Copa Libertadores) terminó con el floridense poniendo el cargo a disposición de los dirigentes que se lo aceptaron y generó la molestia del técnico porque pensó que lo iban a respaldar. La relación tuvo un final inesperado. Y luego el arribo de manera  interina de Álvaro Gutiérrez, que luego quedó fijo ante la duda de los hinchas sobre su capacidad, y que terminó haciendo una campaña para el recuerdo.

Pelusso tomó el equipo y junto a él se sumaron Gustavo Munúa, Sebastián Coates (dos apuestas de la directiva), Henry Giménez, Rinaldo Cruzado, Jorge Curbelo y Jonathan Píriz. Se fueron Álvaro Fernández, Caué Fernándes, Leonardo Burián, Lucas Cavallini y Maximiliano Moreira.

Empezó bien: ganó los dos clásicos de verano, el primero por penales. Pero siguió mal. Por una riña en el primer clásico fueron procesados sin prisión y sancionados con 60 días sin poder jugar los futbolistas Diego Arismendi, Ignacio González, Santiago García, Burián y Torres. De pique no iba a poder contar con tres jugadores titulares en el Clausura y tampoco en la Libertadores.

A duras penas clasificó frente a Oriente Petrolero en la primera fase de la Copa, pero resultó eliminado en el grupo, donde perdió cinco partidos y empató uno. Después de la tercera fecha del Clausura, la inestabilidad se trasladó al torneo local. Recoba sufrió una lesión en los gemelos, Iván Alonso tuvo una bronquitis, problemas musculares y un bajón anímico, se polemizó sobre la inactividad de Alexander Medina (el rumor era que los dirigentes le pidieron al técnico que no lo pusiera) y para cerrar el círculo maldito, Peñarol le ganó 5-0.

Al otro día del clásico se fue Pelusso, la frase de campaña del presidente Eduardo Ache de ganar en todas las canchas perdió credibilidad, y llegó Gutiérrez, con una mano atrás y otra adelante.

El extécnico de Tercera división apeló a sus conocimientos de los juveniles, incluyó a Alfonso Espino y Leandro Barcia entre los titulares y ganó los tres últimos partidos del Clausura. Nacional cosechó algo de decoro en el tramo final, se clasificó a la Libertadores y Gutiérrez ganó mucho crédito. Los dirigentes lo confirmaron como técnico, se fueron 11 jugadores y llegaron Gonzalo Porras, Jorge Fucile, Sebastián Fernández, Diego Polenta, Sebastián Taborda, Santiago Romero y David Velásquez.

El nuevo entrenador tuvo la virtud de encontrar un equipo que no deslumbró futbolísticamente, pero que jugó con la confianza necesaria como para armarse de paciencia y no bajar nunca los brazos.

Cuando sucedieron las bajas de Arismendi, Nacho González (procesados con prisión domiciliaria por viajar al exterior sin permiso), Fernández, Barcia, Juan Manuel Díaz y Fucile (lesionados), encontró siempre al sustituto ideal. Perdió un solo partido (frente a El Tanque) y el triunfo 2-1 ante Peñarol llevará por siempre el sello de histórico. Fue campeón y recuperó la felicidad perdida seis meses atrás.

 


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