Nacional está picante

Con el fútbol de Porras y la explosión de Barcia y De Pena, Nacional goleó a Rentistas y recupera su mejor versión de cara al clásico y las finales

La Tabla Anual se come en dos panes. La mesa del clásico está a punto de servirse y para la final (o finales) ya está hecha la reserva desde noviembre. Nacional cocina esos platos recuperando esencias y sabores que lo hicieron fuerte en el Apertura. Ayer, el ataque estuvo bien picante y el bicho colorado fue a parar al asador.

Si hubo un signo que identificó al arrasador Nacional del Apertura ese fue su solidez defensiva. En ese rubro a Gutiérrez se le perdió la receta: en los últimos siete partidos recibió 14 goles y desde la tercera fecha (El Tanque Sisley) el equipo no mantiene el arco invicto.

No fue la excepción lo demostrado el domingo ante Rentistas.

Le dolió al tricolor cuando el rival le manejó la pelota y asoció jugadores por detrás de su doble 5, como en la jugada previa al tiro libre (floja reacción de Munúa), una llegada de Soria por derecha donde Espino terminó amonestado y un remate de Anderson de afuera del área, ya en el segundo tiempo.

También cuando le cayeron algunos centros cruzados, como en la jugada del gol de Laens u otro dondo pifió el Colo Romero.

Pero a pesar de esas falencias, la victoria ante Rentistas nunca corrió riesgo.

Y eso que a los 3’ ya estaba en desventaja.

Pero bastó con que Porras tirara un par de centros sobre el área y la defensa de Rentistas comenzara a temblar como si sus jugadores pisaran arenas movedizas.

En apenas 11’ el tricolor lo dio vuelta. Dos veces asistió Porras para que De Pena y Barcia ganaran de cabeza y anotaran.

Cada vez que Nacional tiró un centro sus jugadores terminaron las jugadas.

Porras volvió a jugar llamativamente suelto en el medio. Con un radio de libertad de acción muy amplio, el 14 de Nacional manejó el partido a su antojo. Tocó en corto y movió el bloque tricolor. Lanzó en largo y desnudó las falencias de la zaga rival.

Si la defensa plantada del rojo se mostró floja desde el inicio, lo que siguió después fue penuria pura.

Obligado por las circunstancias, el equipo de Manolo Keosseian se adelantó en el campo y Nacional se sintió más cómodo que nunca: esperó, controló, recuperó y pasó rápido a velocidad de vértigo al ataque.

Un aroma que retrotrajo al hincha a la contundente versión del equipo del Apertura. El mejor plato de Gutiérrez: jugar de contragolpe controlando al rival y aprovechando los espacios.

El tercer gol fue una exquisitez. Alonso pivoteó y abrió brechas, Polenta se proyectó como un número 10 y la cruzó para Barcia. Ramírez dejó una estancia entre líneas para habilitarlo y el floridense definió en forma notable para liquidar el partido.

Polenta jugó tal vez su mejor partido en el Clausura y volvió a ser el del pasado semestre en lo suyo –la marca– sumándole proyección y buen pie a sus cada vez más reiteradas aventuras ofensivas.

La explosión por afuera, la cuota de buen pie que le puso Porras matizando los constantes pelotazos que tiran Munúa y los cuatro defensores –el recurso primario de este equipo–, fueron demasiado para Rentistas.

Hasta ese formulismo básico fue imposible de decodificar para la zaga del bicho colorado.

El comienzo del segundo tiempo lo graficó: Munúa sacó de abajo y puso a Barcia solo contra Ramírez quien dudó y quedó pagando. El delantero no definió fuerte y Perdomo la pudo salvar.

El pivoteo de Alonso, su timing para saltar y asistir poniendo a un compañero en situación ventajosa y la explosión de Barcia y De Pena para ir por afuera fueron los condimentos que le puso Nacional a esta victoria.

Tan liquidado estaba el partido que Gutiérrez mandó a la cancha a Fucile e improvisó una línea de tres con Valdés, Gorga y Polenta, y con Fuci y De Pena como carrileros.

La defensa roja se terminó de resquebrajar como una hoja otoñal cuando De Pena picó por la zurda, el zaguero y el lateral se chocaron entre sí y Perdomo dio un robote evitable para que Papelito Fernández volviera el gol 14 fechas después.

Nacional recuperó esencias y sabores. Está picante. Y el hincha ya saborea, ansioso, los platos que se vienen.


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