Nacional está pagando los errores

Los tricolores cierran una temporada para el olvido, producto de las malas decisiones que tomaron la anterior y la actual directiva

La campaña electoral de Nacional, en el último tramo de 2012, marcó dos visiones encontradas. Por un lado, la del presidente saliente Ricardo Alarcón, que durante los seis años de mandato impuso una marca (Cultura Nacional), hizo crecer los registros sociales a números históricos, puso orden y modernizó el club en muchos aspectos; por otro lado, la del principal candidato (luego elegido presidente) Eduardo Ache, quien llegó con la experiencia a cuestas de varios años en el fútbol, la idea de recuperar espacio perdido en la Asociación Uruguaya de Fútbol y el sueño de afianzar los logros deportivos con una buena actuación en la actividad internacional.

La semana que pasó fue una de las peores de Nacional en mucho tiempo. El domingo perdió 3-0 el clásico y prácticamente la posibilidad de entrar en la definición del Campeonato Uruguayo, y el jueves quedó eliminado de la Copa Bridgestone Libertadores frente a un equipo que apenas tiene cuatro años de existencia.

Para llegar a este triste final, es tan responsable Alarcón (como cabeza de la comisión directiva que administró a la institución hasta diciembre de 2012) como Ache.

Desde hace 25 años que Nacional sueña con la Libertadores. La última vez que la levantó fue en 1988. En 2009 avanzó hasta semifinales y el sueño se acrecentó. Los dirigentes se pusieron como meta llegar un poquito más lejos cada año. O si no, conseguir la Copa Sudamericana, más accesible, pero también esquiva para los uruguayos.

No reparó en gastos Alarcón. El presupuesto ascendió a niveles más altos de los que el presidente había combatido. El año pasado Nacional contrató a Andrés Scotti, Vicente Sánchez, Israel Damonte, Adrián Romero, Juan Manuel Díaz, Alejandro Lembo, Adrián Luna y Sebastián Taborda, además de subirle (merecidamente) el sueldo a Álvaro Recoba. Pero quedó eliminado en la segunda fase de la Copa Sudamericana contra Liga de Loja, un modesto equipo ecuatoriano, fundado en 1989.

Tampoco logró una buena actuación en el Apertura.

Luego, Ache asumió con el objetivo de bajar el presupuesto, ganar el Clausura para intentar la obtención del tricampeonato Uruguayo y conseguir una buena actuación en la Libertadores.

“Acá habrá que tener sapiencia, prudencia para ir dando los pasos para generar mayores ingresos; por eso la política de socios (quiere llegar a los 100.000 asociados), y por el otro lado ir ordenando el club y mientras se pueda seleccionando mejor. No voy a hacer locuras, nunca las hice y lo que la gente de Nacional tiene claro es que el equilibrio lo tengo”, le dijo Ache a El Observador en diciembre.

Expresó que a los juveniles del club había que sumarles seis o siete figuras desequilibrantes. Entonces contrató a Efraín Cortés, Iván Alonso, Sebastián Abreu, Diego Arismendi y Juan Albín.

El presupuesto creció y actualmente sobrepasa el US$ 1 millón mensual. Dejó al técnico Gustavo Díaz, un capricho de Alarcón que le causó dolores de cabeza al expresidente. Nacional armó un plantel plagado de futbolistas mayores de 30 años, físicamente disminuidos. Recoba, Scotti, Abreu y Lembo estuvieron más afuera que adentro de la cancha.

El equipo no funcionó jamás. El Chavo Díaz no le encontró la vuelta y a los cuatro partidos tuvo que dejar el cargo. Asumió Juan Carlos Blanco, que fue contratado por Ache para otra función. Consiguió resultados, pero después de perder con Boca en el Centenario, se apuró el cambio. Y llegó Arruabarrena, de corta trayectoria como DT y perfil bajo.

Tampoco el argentino logró encontrar el equipo. El presidente manifestó ayer que  él es el “responsable” de todo lo que pasa en el club y que va a mantener al entrenador hasta el final de su contrato en julio de 2014.

Nacional cometió errores, antes y ahora, y lo está pagando. 


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