Murray le ganó a Murray

Oro. El local jugó su mejor tenis en el césped de Wimbledon, superó sus limitaciones, y venció a Federer

Ese Wimbledon que siempre lo recibió como a su hijo preferido, pero permanentemente lo despachó por la puerta del costado, le hizo el guiño que estaba esperando: en un partido memorable, por el tenis que jugó, por la forma en que se plantó en la cancha, por la autoridad que impuso, Andy Murray venció a Roger Federer 6-2, 6-1, 6-4 en una hora y 56 minutos y se llevó la medalla de oro de los Juegos Olímpicos de Londres 2012.

Soñado por donde se le mire para Murray y su público, para ese Wimbledon que lució como nunca. Que se embanderó con el británico, que alentó desde el primer momento y que le transmitió la confianza que necesitaba para hacer historia ante el número uno del mundo.

En su tierra, Murray le ganó a Murray, a ese yo que a lo largo de los siete años como profesional lo llevaba a maltraer, a la sombra de los dos grandes que escribieron la última década del tenis (Roger Federer y Rafael Nadal) y en la puerta del título, pero nunca adentro. Incluso, no tan lejos, hace apenas un mes sufrió en carne propia la derrota en la final de Wimbledon, ante el mismo suizo al que derrotó.

Por eso fue una tarde de revancha. Fue un día en el que se encontraron un montón de sensaciones y de sentimientos, en los que se sacó la mochila que cargó durante tanto tiempo y se colgó en el pecho la medalla de oro que marca su carrera y que le brinda el espaldarazo que necesita para fortalecer su espíritu tantas veces vapuleado por las derrotas.

Wimbledon lució más elegante que nunca, como si supiera que iba a coronar como rey del tenis olímpico a Murray, y sin lugar para más nadie en unas tribunas que solo fueron a disfrutar la gloria del británico.

Y el tenis de Murray mostró facetas como pocas veces se vieron a lo largo de su carrera.

Quedó demostrado que el partido estaba para el local en su tenis y en sus números, cuando en el sexto punto quebró el saque de Federer y puso el primer set 4-2, defendió su saque y luego volvió a quebrarlo para establecer el 6-2 con el que empezó a firmar su victoria. Apenas habían transcurrido 37 minutos de juego y la tribuna empezaba a palpitar su éxito y lo empujó al triunfo.

De todas formas, el tenis de Federer, ese que es capaz de hacer resurgir al número 1 del mundo en cualquier momento, siempre mantuvo la expectativa acerca de cuándo daría el zarpazo el suizo. Pero no fue la de ayer esa tarde. Es que la lucha contra Del Potro le pudo haber pasado factura.

El sol, que empezó a brillar minutos antes de que comenzará el partido y luego de una mañana en la que llovió sin parar, iluminó el camino del británico, que resolvió el segundo set en 46 minutos, con puntos más largos y disputados, pero con un contundente 6-1.

Federer le había planteado su juego y lo había llevado a Murray a su máxima expresión, que incluyó para el británico ganar nueve games consecutivos y el nada despreciable registro, frente al suizo, de romperle el saque cuatro veces seguidas.

El tenista suizo hizo su último esfuerzo, pero el oro de Murray ya estaba marcado. El último set lo resolvió en 33 minutos con un 6-4, que rubricó su gran campaña en el torneo olímpico y quedó para la historia en el verde césped de Wimbledon.

Murray ya no solo ganó el oro, escribió su nombre en el mundo olímpico sino que también quebró la historia ya que ahora aventaja 9-8 a Federer en los duelos individuales. De él dependerá si la tarde que vivió en Wimbledon, que disfrutó con su familia y su grupo de trabajo –cuando tras el triunfo rompió todos los protocolos y subió a uno de los palcos para saludarlos–, marca un antes y un después en su carrera. O si fue solo eso.


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