Munúa tiene los votos para seguir

La evaluación del trabajo del técnico es positiva y su futuro está escrito: si quiere, se queda

El ciclotímico estado de ánimo de los futboleros hace que un día un técnico es el mejor del mundo y al otro día es horrible, que un futbolista es un crack porque hizo dos goles en un partido y luego es un perro porque pasó dos partidos sin marcar. Gustavo Munúa había hecho un gran trabajo en Nacional hasta que un penal lo dejó afuera de la Copa Libertadores en cuartos de final y ahora pareciera que se mueve sobre arenas movedizas. Pero no es tan así.

El técnico tiene el voto asegurado de la mayoría de los dirigentes para continuar en el cargo. Aunque el presidente dijo convencido que Munúa tenía que continuar antes de la revancha contra Boca y luego matizó su declaración diciendo que tenía que evaluarlo la directiva con el informe de los encargados del sector deportivo (Alejandro Lembo, Hugo De León, Juan Carlos Blanco), el camino es firme para la continuidad.

Si bien el equipo no consiguió los objetivos deportivos, aún alumbra una pequeña luz de esperanza en la última fecha del Clausura. Un resultado adverso contra Liverpool tampoco debería cambiar la opinión sobre el trabajo del entrenador y su cuerpo técnico.

Con Munúa como entrenador (en su primera experiencia como DT) Nacional disputó 43 partidos oficiales, de los que ganó 20, empató 14 y perdió 9. Consiguió el 57,3 % de los puntos.

Terminó segundo en el Apertura, un punto debajo de Peñarol y en el Clausura se encuentra tercero (ya fue campeón Plaza Colonia) a dos puntos de su tradicional rival. En el acumulado de los dos torneos se ubica a tres puntos del aurinegro, con una fecha por jugar. Los enfrentamientos entre sí terminaron empatados y no ganó el último por una fracción de segundos.

En la Copa Sudamericana 2015 quedó eliminado en segunda ronda y en la Copa Libertadores 2016 avanzó hasta cuartos de final, donde no llegaba desde 2009. Con un dato interesante: disputó seis partidos en el exterior y no perdió ninguno en los 90 minutos: ganó tres y empató tres; contra Boca en la Bombonera cayó en la definición por penales.

El saldo negativo de la campaña es el torneo local, sin dudas. Se desinfló en los dos torneos en el tramo final y en el Clausura dejó pasar varias oportunidades para pasar a Peñarol en la Anual. La excusa, en este último, fue la doble competencia y las lesiones que sufrieron jugadores vitales en el esquema del técnico, como Kevin Ramírez y Nicolás López. También, este año padeció la epidemia de paperas que mermó el poderío del equipo en varios partidos.

Futbolísticamente Munúa intentó darle un sello distinto al equipo que ganó el Campeonato Uruguayo pasado con Álvaro Gutiérrez como entrenador. Un equipo dinámico, rápido, con llegadas por las bandas y salida clara desde atrás a pesar del riesgo que generaba jugar con el golero continuamente. Después de los primeros partidos los rivales le presionaron la salida y le generaron problemas. Así perdió sorpresa sobre el final del Apertura.

Lo mismo le pasó en el Clausura, aunque quizá el juego no fue tan arriesgado como en los inicios. Munúa logró armar un equipo con personalidad, con una columna vertebral que se destacó en ese aspecto: Polenta, Romero, Porras.

Quizá el punto débil fue el bajo rendimiento de algunos jugadores que ya estaban y del escaso recambio que tuvo cuando necesitó de todo el plantel. Ahí fallaron los refuerzos: el más notorio fracaso fue el del brasileño Léo Gamalho. Pero tampoco anduvo bien Erick Cabaco cuando le tocó actuar, ni el argentino Alejandro Barbaro, ni Matías Cabrera. Ni hablar de Matías Malvino en los últimos meses de 2015.

Otro de los objetivos que se fija Nacional es la promoción de juveniles y en ese sentido con Munúa debutaron Rodrigo Amaral, Felipe Carballo, Alejandro Cavanna, Marcio Benítez y Mathías Olivera.

Este sábado a la hora 17 se conocerá el destino final de Nacional en el Campeonato Uruguayo. Pero el de Munúa ya está escrito: si él quiere, tiene los votos para continuar.


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