Mito, leyenda... Mazurka

Ladislao Mazurkiewicz, el legendario arquero que ganó todo con Peñarol y que fue el mejor del Mundial de 1970, falleció el miércoles a los 67 años

Todo fue por una muela. El día en que el arquero de la Quinta de Racing faltó a una práctica, a Ladislao Mazurkiewicz lo pusieron en ese puesto. Anduvo muy bien, pero no quería seguir jugando en ese puesto. Tenía seguridad en las manos porque había jugado al básquetbol en Olivol, en su barrio del Reducto, luego de haber nacido en Piriápolis.

El reloj se detuvo a la hora 4.16 del miércoles cuando Chiquito, Mazurka, Polaco o como lo quieran llamar, dejó esta vida para pasar a la leyenda del arco.

A partir de allí, el mundo entero se conmovió con la noticia de su muerte que apareció en todos los portales deportivos incluyendo, obviamente, el de la FIFA. No por esperado su lamentable deceso, dejó de conmover.

El hijo del polaco Federico y la española Josefina, aquel al que fueron a buscar a un taller mecánico para que se sacara la ficha médica, pero para ser golero, con 67 años, falleció en la Asociación Española.

Siempre se recuerda su debut en Peñarol, ins-titución a la que llegó en 1965. Delante suyo estaba Luis Maidana, quien nació cerca de sus pagos, en Pan de Azúcar. Otra gloria del club, ganador del primer quinquenio y de las dos primeras Copas Libertadores y la primera Intercontinental.

Pero una pelea con Langlade hizo que Roque Máspoli lo pusiera de titular con solo 20 años (en aquella época era casi imposible) ante el Santos de Pelé, en el Monumental de Núñez, por el tercer partido por las semifinales de la Copa Libertadores. Fue su debut y el último partido de Pelé en la Copa. Y ganó Peñarol 2-1 y alcanzó la final con Independiente, la que también se disputó en tres encuentros y que los rojos obtuvieron en Santiago de Chile.

Pero al año siguiente, la misma ciudad, el mismo estadio, le depararían una de las alegrías más grandes de su carrera al poder ganarle 4-2 a River la final de la Copa y de atrás luego de ir perdiendo por 2-0.

Ya se había transformado en un gigante del arco y de la vida más allá de que en los últimos años demostró que no era muy amigo de los periodistas.

El miércoles, en su sepelio en el Parque del Recuerdo, quedó demostrado –por si hacía falta– lo que opinaban sus excompañeros y amigos.

Eduardo Pereira, otro exarquero aurinegro dijo: “A nivel de lo que yo vi, fue el más grande”.

“Siempre estaba en la mejor condición y siempre buscando su mejor forma. Fue uno de los arqueros más grandes del mundo”, lo recordó Fernando Morena.

Algunos de los deportistas que estuvieron el miércoles en su despedida –además de Fernando Álvez, quien lo acompañó en todo momento desde que estuvo internado– fueron Darío Rodríguez, Antonio Pacheco, Carlos Sánchez, Pablo Forlán, Ruben Paz, los dos Tito Goncalves, Lito Silva, Paolo Montero, Nicolás Rotundo, Enrique De los Santos, Gabriel Cedrés, Óscar Aguirregaray, Carlos Aguilera, Juan Castillo, Eduardo Acevedo y el Pepe Urruzmendi. Todos coindicieron en que fue el más grande y no se equivocaron porque su legado en el arco ha sido realmente increíble.

De Yashin a Mazurka
En 1968 se encontró con Lev Yashin, invitado por FIFA en un encuentro por los 10 años de Brasil campeón de su primer Mundial. El soviético en el entrenamiento le dio los guantes para que se los llevara y el 27 de mayo de 1971 lo invitó al partido de su despedida y dijo que sería su sucesor.

Ese día, los invitados por Yashin jugaron con Mazurkiewicz; Schnellinger y Beckembauer; Fachetti, Overath y Moore; Jairzinho, Eusebio, Charlton, Pelé y Djazic. Todos fenómenos ante la Unión Soviética en la que jugó la Araña Negra en el arco.

Mazurka también dirigió en 1989 a Peñarol y fue el último que ganó con un equipo uruguayo (incluyendo a la selección) en la altura de La Paz. Fue 2-1 ante The Strongest por la Copa.

El mundo lo respetó. Uruguay lo despidió. Mazurkiewicz ya es ídolo del cielo.


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