Mire la fiesta de Defensor desde adentro

Los violetas tuvieron que sufrir, pero al final festejaron con mucho ruido en Capurro
Sufrido como pocos, festejado con todo en el corazón de Capurro. Eduardo Acevedo le pegaba patadas al pasto, hablaba con OJ Morales, miraba el reloj, se mostraba muy nervioso porque se daba cuenta de que se le iba el título.

Es que se pasó de un 1-0 cómodo arriba y que Nacional perdiera 2-0 a que el tricolor descontara en la hora del primer tiempo de penal para estar 2-1, a sufrir de una manera increíble cuando Hugo Silveira estampó el 4-3 para los tricolores.

"OJ: ¡Cuarto de Nacional!", le gritó un hincha desde la tribuna al ayudante de Acevedo -ya que su hermano Alejandro, suspendido, lo tuvo que ver desde la tribuna- y el exvolante de los albos asintió y se lo comentó al entrenador.

Los minutos se iban y toda el pueblo violeta no podía creer que justo en el partido en el que tenían que salir las cosas, no salieran. Sobre todo, en un segundo tiempo en el que tuvieron quizás más el oído en el Centenario que el fútbol en sus pies.

Defensor se dejó superar en el juego por un conjunto de Fénix que ya había empatado con un golazo de Cecilio Waterman. Jugó con los nervios del rival en gran parte del segundo tiempo y quien más se daba cuenta de eso era el propio Acevedo.

Los circuitos de juego a los que tiene acostumbrado Defensor al pueblo futbolero de los uruguayos, no aparecían. Matías Zunino era todo corazón, pero estaba demasiado solo. Matías Cabrera jugó muy bien en la primera parte, pero luego bajó bastante su producción, por lo que la generación de fútbol se complicaba, más allá del buen desempeño en la marca del rival.

Alejandro Acevedo comenzó a ver el encuentro desde la tribuna violeta, pero como estaba tan llena y había gente pegada al tejido, lo fue a ver detrás del arco que da a la calle Juan María Gutiérrez.

Fénix se aprovechaba de ese desorden violeta, de esa desesperación de tener que ganar cuando las cosas no salen. El hermano de Romário Acuña (en el blanco violeta), Matías Acuña, entró y comenzó a complicar y mucho a la zaga violeta.

Acevedo, cada tanto, le avisaba al arquero Guillermo Reyes cuántos minutos faltaban para el final, pero no se salía del 1-1.

Hasta que en un momento el arquero se acercó al banco y el técnico le gritó: "Faltan 13 más los descuentos (refiriéndose a los minutos de adición). ¡Nacional gana 4-3!", y Reyes hizo una mueca casi de desesperación.

Pero en la siguiente pelota, llegó la jugada de Ayrton Cougo, la bajó Gonzalo Carneiro (dos de los cambios que había hecho el DT en el complemento), y llegó el éxtasis total para los violetas con el segundo gol, el undécimo de Maximilano Gómez, quien se va muy pronto para Celta de Vigo.

Había que esperar el final y seguir sufriendo porque en el Centenario seguían 4-3 y un gol de Fénix le daría el título a Nacional. Mathías Cardacio, quien había salido lesionado, estaba desde hacía rato en el banco con el celular en la mano, siguiendo vía redes sociales el resultado del otro encuentro.

Y finalmente se dio. Llegó el título, la vuelta al revés -como corresponde a cualquier jugador de Defensor por el mandato de la historia que viene de 1976-, la alegría de Acevedo que se fue a abrazar con su tribuna, y los testimonios que obtuvo Referí de Gustavo Bueno, padre de Gonzalo, loco de la vida con el título de su hijo, Fernando Sobral, el último presidente violeta campeón uruguayo, y del propio titular del club, Daniel Jablonka quien comentó que en este momento de algarabía, se acordaba de su padre.

La fiesta siguió en el camarín de Defensor. Los jugadores saltaron, festejaron de alegría como corresponde a un nuevo título que consiguieron no sin sufrir, pero luego de haber jugado el mejor encuentro del año la semana pasada ante Nacional.

Fue un título muy celebrado por todos en el Capurro. Porque se dieron cuenta de que Fénix fue un digno rival, aún sin dos referentes como Ignacio Pallas y el Lolo Estoyanoff. Defensor fue campeón y nadie se lo puede objetar porque demostró en todo el campeonato que fue el mejor.

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