¡Miralo al Guti!

Desde aquel penal que pateó en la final de la Copa América 1995 hasta hoy, Gutiérrez siempre salió bien parado

Qué?, preguntó con asombro Fernando Morena cuando Héctor Núñez elaboraba la lista de jugadores que ejecutarían los penales en la final de la Copa América 1995 frente a Brasil. “Enzo, Pablo (Bengoechea), Herrera, el Guti…”. ¿Qué?

La sorpresa del ayudante del técnico de la selección se trasladó al público que aquel 23 de julio abarrotó las tribunas del Estadio Centenario cuando Álvaro Gutiérrez caminó desde la mitad del campo hasta el arco de la tribuna Colombes. Fernando Álvez le había atajado el tiro a Túlio y el remate del Guti era decisivo. Núñez y él eran los únicos que confiaban. Y fue gol.

“Confirmé a Gutiérrez porque con el profesor Tejera le habíamos visto patear penales durante los entrenamientos de la sub 23 y era una fiera. Además su inteligencia, sus cojones, su forma de ser. Todo indicaba que él tenía que ser uno de los ejecutantes” contó el Pichón Núñez en el libro “Así ganamos la Copa América de 1995”.

Casi un mes después, Gutiérrez se marchó a Real Valladolid y tuvo una actitud que lo pintó de cuerpo entero. El club español quería que firmara un precontrato para irse después del 31 de diciembre cuando terminaba su vinculación con Nacional. Pero el Guti no aceptó: “Decidí hacerlo ahora porque Nacional lo necesitaba para pagarle a mis compañeros” dijo entonces el jugador a Ultimas Noticias. Además, renunció a US$ 14 mil que le adeudaba el club tricolor.

El interino que continuó

Después del lacerante 0-5 del último clásico, que apuró la salida de Gerardo Pelusso, pocos pensaron que Álvaro Gutiérrez podía ser su reemplazante definitivo. Era el técnico de Tercera división y fue nombrado interinamente para los últimos tres partidos del Clausura. Pero en los últimos años el club ya había probado con Luis González y Gustavo Bueno, técnicos de juveniles, sin darles continuidad.

Desde el primer día al frente del plantel principal, el martes 29 de abril, Gutiérrez dejó claro su estilo: “Generalmente no tengo un estilo de juego o una formación definida. Cuando uno llega a un equipo trata de adaptarse a las características de los jugadores. Siempre me gustaría jugar con la posesión de la pelota, tratándola bien, por abajo, a dos toques, con un fútbol dinámico, con llegada y defensa en bloque. Pero claro, hablando soy un fenómeno, el tema es hacerlo adentro de la cancha. Eso es lo que lleva este trabajo: sacrificio, esfuerzo, automatización y muchos errores para corregirlos luego”.

Le dio continuidad a dos juveniles que conocía bien (Espino y Barcia), quitó a titulares indiscutidos con Pelusso como Álvarez, Cruzado y Torres, y cosechó tres victorias consecutivas, algo que el equipo no lograba desde el mes de febrero.

Después del primer triunfo, frente a Cerro, el técnico dijo a El Observador: “Está claro que mi contrato es por tres partidos, pero soy humano y a todos nos ilusiona progresar en esta carrera. Mentiría si dijera que a mí no me interesa (seguir en el cargo), por supuesto que sí, pero yo respeto las pautas estipuladas de antemano”.

Los nombres de Dario Pereyra, Daniel Carreño, Guillermo Almada, Julio Dely Valdés, estuvieron en la mesa de los dirigentes, pero finalmente decidieron que continuara Gutiérrez.

El flaco, el Guti, el que pateó aquel penal ante el asombro hasta del mismo ayudante del entrenador, el que llegó a Valladolid cuando el técnico Rafa Benítez había pedido un volante de creación, el que habla pausado, al que los bolsos le perdonan haber jugado en Peñarol. El técnico que ya enlazó cinco victorias oficiales al hilo en la Primera de Nacional.  


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