Michael Sam: gay y revolucionario

Michael Sam es el primer jugador de futbol americano abiertamente gay en ser elegido para jugar en la NFL, lo que abre una nueva era en el deporte

La imagen fue impactante: Michael Sam, primer jugador abiertamente gay en ser elegido jugador profesional de fútbol americano, festeja besando a su novio ante cámaras en vivo de todo Estados Unidos. Es un escena que cambia la narrativa del deporte más popular del país y, aunque en el resto del planeta se lo vea como extraño, del deporte mundial.

Sam, de 23 años, fue elegido en el puesto 249 del Draft de la NFL, el evento en el que los 32 equipos de la Liga eligen los mejores prospectos de las universidades. Fue uno de los seis mejores jugadores en su puesto dentro del gigantesco campeonato que reúne a más de 500 universidades, e impactó al país cuando dio a conocer su homosexualidad en una entrevista en marzo con ESPN, en la que dijo que no tenía problema en contar lo que sus compañeros sabían hace rato. Su objetivo fue controlar la  historia, teniendo en cuenta que al saltar a la agenda nacional el tema podía trascender. “No soy ingenuo. Sé que es algo grande. Pero mi rol es entrenar para entrar a la NFL”, dijo entonces.

Discriminación y dudas
El caso tomó relevancia nacional, y hasta el presidente Obama felicitó el coraje del defensor de 1,92 m y 115 kilos. Sin embargo, las dudas comenzaron, siempre en off the record, entre los equipos: en un reportaje de Sport Illustrated varios entrenadores coincidieron en que la liga no estaba preparada para recibir a un jugador gay. “Crearía una atmósfera extraña en el vestuario”, dijo uno que pidió no ser citado, además de expresar que representaba una “innecesaria distracción”.

El trasfondo era claro: después de salir del clóset, sus perspectivas se volvieron limitadas. Encima, los ojeadores de los equipos lo catalogaron como un jugador “sin puesto”, porque tiene menos tamaño que el natural en su puesto.

Eso se reflejó en que las expectativas previas no situaran a Sam siquiera en tercera ronda, o sea, entre los primeros 150 jugadores, cuando su lugar natural hubiese sido la segunda o tercera. Para peor, presa de los nervios o la presión, tuvo malos resultados en el NFL Combine, la serie de testeos a los que se somete a los novatos.

La impactante historia se cruzaba con una discriminación velada y malos resultados objetivos tras su anuncio. Por tanto, era una de los temas más relevantes del draft. Y el sábado de tarde, cuando pasaron seis rondas y no había sido elegido, comenzó la discusión sobre discriminación en la NFL. Hasta que en la séptima ronda (posición 249 de 256 elegidos), Saint Louis Rams eligió a Sam. No fue casualidad: los Rams fueron también el primer equipo en elegir a un jugador negro, en 1945.

Los instantes siguientes a la elección fueron los más impactantes: ESPN, que tenía un móvil en vivo en casa de Sam, mostró a la nueva estrella llorando emocionado. Lo abrazaba su novio, a quien luego besó como hasta ese momento solo se hubiese podido ver en la TV deportiva de EEUU a un hombre con una mujer. Fue un golpazo a cientos de miles que aún piensan que una liga como la NFL no debería ser el lugar para un deportista homosexual. “Estoy listo y decidido. Hubo mucha especulación por ser el primer jugador de fútbol gay , pero ¿sabes qué?, no se trata de eso. Se trata de jugar al fútbol”, dijo Sam a la prensa.

Sin embargo, su elección es mucho más. Un estudio publicado por Washington Post basado en la ONG Black Youth Project Found arrojó una cifra escalofriante: el 43% de los negros gay de EEUU han pensado o intentado suicidarse, mientras que el 20% ha sido intimidado y el 90% cree que la aceptación de su propia familia podría hacerles la vida un poco más fácil. Para todos ellos, la barrera que quebró Michael Sam fue absolutamente histórica.


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