¿Messi, a la altura de Maradona?

A 30 años del título 1986, Lio brilla y quiere dar un paso hacia la gloria de Maradona

Ahí anda Messi. Luchando por conseguir su primer título oficial con Argentina. Tratando de sacarse esa maldición de encima, y de la mano, esa acusación de no ser un líder real dentro del equipo. Casi un chiste, una broma de mal gusto de quien ha dado sobradas muestras de ser el mejor jugador del planeta.

Ayer se cumplieron 30 años del gol de Maradona a los ingleses (ver recuadro). Los argentinos lo recordaron por todo lo alto, porque fue "el" momento del 10 en aquel inolvidable Mundial.

Y el martes por la noche, Messi se encargó de imitarlo un poco. De tener esas rágafas maradonianas. De demostrar que puede impulsar a un equipo albiceleste a otra final, aunque todavía no haya logrado ningún título. No fue un gol eludiendo a cinco y el arquero, pero si una maravilla de su pie izquierdo, que se coló en el ángulo izquierdo del arquero Guzan. A juzgar por su cara en el festejo, hasta el propio Messi se sorprendió de su magia, que con apenas 30 minutos de partido liquidó las opciones de Estados Unidos.-

Se siente cómodo dentro de la cancha, y se nota. Todo lo contrario a un año atrás, cuando reconocía que le costaba demasiado hacer goles con la camiseta albiceleste, e incluso, tras perder la final, se abuelo salió a decir que seguramente se retirara de la selección.

Messi está más maduro. Es el líder del equipo. Pide la pelota, y aparece por cualquier lado de la cancha. Se junta con Banega para arrancar ataques, pero también presiona arriba como en el cuarto gol, de Higuaín, o asiste a Lamela o Lavezzi. Es un jugador completo, quizás aún más de lo que ya ha mostrado en Barcelona.

Por si todos esos argumentos evidentes no alcanzaran, ayer se transformó en el goleador histórico de la selección argentina, con 55 tantos en 112 partidos. Así superó a Gabriel Omar Batistuta, que sumaba 54 en 70. Sí, el promedio de edad es peor que el de Batigol, arguyen los que aún se animan a discutir a Messi. Pero también es cierto que el primero era centrodelantero, y Messi un delantero que la ha tocado jugar de punta, de media punta, de volante por afuera o de enganche.

Las cifras de ayer hablan de lo que es Messi hoy en este equipo: seis tiros al arco, dos asistencias de gol, 38 pases correctos y 5 incorrectos.

Esas cifras se trasladaron al juego: 20 tiros al arco de Argentina, contra cero de EEUU.

Los números revelan un equipo apabullante, que demuele a sus rivales, pero se quedan cortos para ilustrar la extrema facilidad con la que Argentina logró sus victorias, porque da la impresión de que el equipo de Gerardo Martino jugó a media máquina en todo el torneo. Excepto el debut ante Chile (2-1), el único partido en el que Messi no jugó, el resto de la Copa fue un auténtico paseo. Goleadas sucesivas ante Panamá, Bolivia, Venezuela y Estados Unidos.

En semifinales, la maquinaria de Argentina en el centro del campo fue responsable de que Estados Unidos ni siquiera lograra tirar al arco. El trío formado por Javier Mascherano, Éver Banega y Augusto Fernández asumió el grueso de las tareas defensivas, con lo que han dado total libertad a los delanteros. Pero además, el protagonismo del equipo argentino con pelota hizo que Banega y Fernández se sumaran en gran parte del partido en ataque, con los laterales proyectándose. Mascherano, hundiéndose entre los zagueros Otamendi y Funes Morim se encargaron de la poca tarea defensiva necesaria.

Es cierto: Messi aún no está a la altura de Maradona. Y para eso no le alcanza esta Copa América: deberá ganar un Mundial.

Es más: de perder otra final, las dudas volverán y todo lo hecho en esta copa quedará hecho añicos otra vez.

Pero en esa construcción de leyenda, el primer paso es esta Copa América, y dejar atrás la sequía de títulos. En el 30 aniversario de la gesta de Maradona, Messi demostró que está en camino.