Mecánicos, repartidores, almaceneros: la increíble historia del Rampla campeón

Las dificultades que vivieron los héroes que tienen que trabajar para vivir
En unos días, cuando los jugadores de Rampla levanten la copa para brindar, dejarán escapar alguna lágrima. Inevitablemente la cabeza los llevará por un florido jardín de los recuerdos.

El primer entrenamiento en un cuartel donde no se podían duchar, las medias con agujeros, ponerse las camisetas de la Cuarta para jugar los dos primeros partidos, hacer una colecta para comprar la bebida del almuerzo, la canasta navideña de los hinchas, no tener kinesiólogo, no tener golero suplente, no tener plata para cubrir las necesidades básicas, no tener, no tener, no tener...

Rampla fue campeón del Apertura de Segunda división. La conquista tiene ribetes de hazaña. Por unas horas el club fue tendencia mundial en Twitter. Pero bien vale preguntarse: ¿qué hay detrás de los héroes? ¿Cuáles son sus historias y las dificultades que se les presentaron en el camino? Referí presenta la otra cara de la historia. La del sacrificio y las penurias en las que se movieron.

El inicio de la historia

El golero Rafael García narró a Referí el inicio de la novela. "Empezamos a entrenar el 9 de setiembre en el cuartel La Paloma frente al Tróccoli. Empezamos sin agua, sin duchas, luego se consiguió para ir a bañarnos al Olímpico".

El plantel estaba jugado a la promesa directriz del desembarco de un gerenciamiento argentino que pondría dinero. Todos arreglaron los contratos de palabra. "Buenos contratos", a decir de García. Pero pasaron los días y los acuerdos quedaron sostenidos por alfileres.

"Yo firmé tres veces el contrato en un mes y medio, porque el club tiene 10 días hábiles para presentarlo en la AUF y no lo presentaban porque Rampla no se podía hacer cargo de pagarme el complementario (dinero que se paga aparte de los salarios mínimos) si no venía el gerenciamiento".

Y el grupo argentino jamás llegó y los problemas se desencadenaron. Rampla pasó a correr una carrera contra el tiempo.

Ropa gastada


A todo esto los jugadores comenzaron a convivir con las dificultades. La ropa de entrenamiento era la del año pasado. No alcanzaba para todos. Las medias tenían agujeros. No había kinesiólogo. Los médicos hacían magia para conseguir medicamentos.

El presidente Lucas Blasina dio un paso al costado y asumió otra conducción con Ignacio Durán a la cabeza. El tema es que se llegó al límite. Rampla no tenía dinero para abonar los US$ 200 mil que debía de temporadas anteriores. Y los contratos se terminaron cerrando a lo loco.

De un plantel de 26 jugadores los dirigentes querían quedarse con 15. Hubo gente que entrenó como titular un viernes y el sábado quedó sin trabajo. "Como entrenador y como persona fue algo complicado de vivir", expresó el técnico Gabriel Añón.

"Cuando se cayó lo del gerenciamiento fue un impacto. Los muchachos pasaron a ganar el mínimo legal (cerca de $ 15 mil nominales). Pasó lo mismo con nosotros, nuestro sueldo se disminuyó en un 60%. Fue traumático", agregó.

Juntando monedas y firmando contratos hasta 10 minutos antes de la medianoche Rampla llegó al dinero. No hubo pretemporada ni trabajos en doble horario. Al otro día el equipo salió a la cancha. Con un detalle: los jugadores vestían las camisetas de la Cuarta división porque el club no tenía el tradicional juego rojiverde.

Sin golero suplente

En el trayecto Rampla se enfrentó a todo tipo de problemas. "No teníamos pelotas para entrenar", contó el golero García. Otra común era que el plantel se encontraba en la sede para viajar al interior y cuando se disponían a almorzar se percataban de que faltaba la bebida.

Pero por si fuera poco, el grupo fue tocado por lesiones. Willinton Techera la pasó fea en el CTI, al poco tiempo otro compañero se clavó un fierro en un pie, otro se fractura el tobillo, Paleso el caballete nasal y el Chino Píriz una rebelde lesión.

Pero acaso lo más insólito fue que el equipo jugó varios partidos sin golero suplente porque el club no tenía dinero para hacerle contrato a un juvenil de la Cuarta. "Fuimos a Rivera sin arquero suplente a jugar un partido definitorio porque el segundo golero se lastimó la rodilla y no le querían hacer contrato a un pibe de Cuarta. Y el partido definitorio con Miramar en el Nasazzi también lo jugamos sin suplente. Para las finales le hicieron firmar contrato a un botija para que viajara a Cerro Largo", contó García.

La canasta y las Fiestas

El tema es que, conforme el paso de las fechas, el dinero de los salarios no aparecía. Cierta vez el técnico Gabriel Añón renunció a su salario. Llamó al capitán del equipo y le dio la plata para que la repartiera entre el plantel.

El primer sueldo lo cobraron en octubre. Fueron $ 12 mil en la mano. No era lo convenido, ya que se había acordado que el club se hiciera cargo de los "complementos", o sea $ 3.100 en concepto de lo que se le quita por impuestos al salario mínimo nominal. Por eso el plantel amenazó con no presentarse a la segunda final.

En una nota el grupo narró: "Desde el 9 de setiembre hasta hoy cada integrante del plantel solamente recibió $ 12.500 correspondiente al mes de octubre, dinero que abonó la AUF. Ya pasaron cuatro meses y unos días, donde en cada hogar hay diferentes realidades y necesidades que satisfacer: alimentar a nuestras familias, pagar alquiler, agua, luz, cosas básicas para vivir. Sin dejar de lado las deudas correspondientes a estos cuatro meses. Todo esto con apenas $ 12.500 que fue lo único recibido económicamente".

La hinchada se movilizó desde el inicio. Fueron a la cancha a cortar el pasto, a marcarla, estuvieron siempre cerca del plantel. Y salieron por el barrio a recoletar alimentos que permitieron armar canastas navideñas para el grupo.

El año termina. Los jugadores de Rampla cobraron otro subsidio de la AUF de unos $ 16 mil más los complementos que debían, lo que les permitirá pasar las fiestas con cerca de $ 19 mil.

El día después de la hazaña la vida continuó para todos. Rocha se volvió a engrasar las manos en el taller mecánico. Píriz salió a repartir. Cándido atendió el almacén del barrio. García brindó clases de gimnasia en una casa residencial de mayores.

Qué increíble. Mientras el mundo hablaba de la hazaña del bravo Rampla, el lunes sus héroes salían a laburar, como un ciudadano más.

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