"Me queda más cómodo ser como soy y no forzar los gestos para la tribuna"

El basquetbolista visitó la redacción de El Observador, respondió sobre todos los temas se mostró auténtico, natural y aceptó el desafío de lanzar a una papelera

Empezó como una entrevista diferente para la web y se transformó en una larga charla de básquetbol. Un micrófono, un cesto, 10 preguntas, 10 pelotas (ver video) y el desafío de recibir al jugador de Aguada, Leandro García Morales, en la redacción de El Observador. Así fue la charla con el ídolo rojiverde.

Cuando te ofrecen un contrato, ¿lo primero que preguntás es quién será el entrenador y con quiénes compartirás equipo o cuál es el proyecto deportivo?
Antes de hablar de algún aspecto económico lo que más me interesa es el proyecto del club. No necesariamente me interesa saber nombre de jugadores y quién va a estar a cargo de la dirección técnica, pero sí ir a un equipo que tenga intenciones de por lo menos pelear el campeonato. No digo de ir al candidato, pero sí de estar en un equipo que pelea por cosas importantes.

¿Cuesta tomar la decisión?
A veces es más fácil de lo que uno piensa, porque cuando no hay tantas opciones agarrás lo que hay. Eso me pasó sobre todo afuera, donde son muchos equipos los que se interesaron en uno y en ese caso priorizo pelear el campeonato para tener más opciones de ser más visto.

En Aguada te definen como un dios. ¿En algún momento de tu carrera te sentiste así?
No, no, no. Obviamente todas esas cosas son cuestiones momentáneas y pasajeras de un club que hacía mucho tiempo que no conseguía nada. Son cosas que uno las disfruta con el equipo. Cuando comenzás a conseguir cosas en un equipo tan grande como Aguada aparecen los condimentos.

¿Tu estilo para tirar libres tiene alguna razón de ser?
Es una rutina. Trato de repetir el gesto siempre igual y me dio resultados. Hace ya unos años que lo hago así.

¿Cómo podés tener la frialdad que mostrás desde la cancha cuando estás en un equipo como Aguada, en el que la pasión es parte de la existencia de los hinchas?
Es parte de mi personalidad. Trato, en lo posible, de no mezclar la parte emocional. Sobre todo cuando estamos jugando. Después, sí festejo más con el grupo a puertas cerradas que para fuera. A mí me queda más cómodo ser como soy y no tener que forzar una situación de hacer gestos para la tribuna o hacer cosas que no me salen naturalmente. Si me salieran y me gustara hacerlo, lo haría. Antes jugaba en un equipo que no tiene convocatoria y no festejaba; ahora que hay mucha gente en la cancha, simplemente no lo hago.

¿Cuánto hay de diversión y cuánto de profesionalismo cuando pedís un 1° de enero que te abran la cancha de Aguada para ir a tirar?
De diversión no mucho. A veces hay que poner horas extras. Supongo que me preguntás porque el año pasado se dio esa situación. Era un 1° de enero pero venía lesionado desde hacía un tiempo, el equipo tenía un descanso y yo venía descansando hacía mucho. Me recuperaba de un desgarro y tenía que seguir con la fisioterapia y recuperación para volver lo antes posible. Se dio que cayó en ese día del almanaque y lo tuve que hacer. Obviamente no fui con la mejor gana esos días en los que uno está en familia y está pensando en trabajar, pero a veces, y supongo que a ustedes les pasará lo mismo, y tienen que venir en horarios que les incomodan. Pero cuando disfrutás lo que hacés no se te hace tan difícil ir a trabajar o hacer ejercicios.

¿Porcentualmente cuánto disfrutás en este momento?
La mayor parte del tiempo lo disfruto. Cuanto más difrutás menos te cuesta hacerlo. Para mi no es una carga levantarme de mañana, aunque a veces esté cansado y no tenga ganas de entrenar, pero la gran parte de los días estoy contento y con ganas de jugar. Seguramente cuando ya no sienta las mismas ganas dejaré de jugar.

¿Qué tiene Aguada que no tienen los demás clubes?
No puedo hablar con mucha propiedad porque no llevo mucho tiempo en el club. Es un equipo que convoca mucha gente a pesar de los resultados. A mí me tocó vivir la mejor época de los últimos años.

En cierta forma la hiciste vos esa época.
La hicimos unos cuantos. Y ahora me toca disfrutar de las mejores cosas, de la gente que apoya muchísimo. Organizamos un par de series de torneos internacionales que eran impensados para mí. La primera vez que me comentó Flavio (Perchman, presidente del club) pensé que estaba loco, que no había chance de que le dieran una sede y no solo se hizo, sino que se realizó muy bien. Supongo que ahora la gente del club puede decir que Aguada es uno de los equipos grandes no solo por convocatoria, sino también por organización, y compite de igual a igual con todos. Años atrás convocaba mucha gente y peleaba para no descender o no peleaba el campeonato. Desde que llegaron Pablo Morales y Alejandro Muro empezaron a ser más participantes de las definiciones y el año pasado con el título, la gente puede decir que además de ser el equipo que tiene más gente, también pelea campeonatos.

¿Con quién tenés duelos en los entrenamientos?
Últimamente me costó entrenar por diferentes lesiones y estuve un poco fuera de las canchas. El año pasado con Alejandro (Muro) nos marcábamos entre nosotros para mejorar. Ahora con Rodrigo Trelles tratamos de enfrentarnos. Con los juveniles a veces es más difícil generar un nivel para que la práctica sea más productiva.

Alguna vez escuché decir que García Morales “es conflictivo, tiene mal carácter”. ¿Sos conflictivo, tenés mal carácter?
Eso lo deberían contestar mis compañeros o la gente que me rodea. Conflictivo seguro que no soy, al menos no me considero así. Sí me considero exigente y a veces, por diferentes circunstancias de nuestro medio, hay cosas que alcanzan instancias a las que no deberían llegar y en ese tipo de cosas no tengo problemas en decir algo o ir de parte del grupo para hacer lo que sea para que se acomode lo que queremos. No creo ser conflictivo. Sí quiero ganar y hacer lo mejor posible para el equipo. En un medio como el nuestro, en el que el básquetbol es semiprofesional a veces tenés que hacer cosas que no te corresponden. A veces los jugadores tienen que hacer un poco de técnicos, los técnicos de gerentes deportivos.

¿Cómo viviste la inédita experiencia de jugar en Irán?
Fue una situación rara. Por problemas políticos de Irán estaba complicado que llevaran extranjeros de Estados Unidos. Como tengo pasaporte comunitario se dio una posibilidad a través de mi agente y viajé para los playoffs. Estuve dos meses y algo. Fue un lugar bien diferente a Uruguay, difícil para integrarse. La gente no habla mucho inglés y resultó una experiencia que me dejó el deporte. Traté de aprovechar lo más posible. Si tuviera la oportunidad de volver lo haría sin problema porque me trataron de novela.

“No es necesario que siga en un proyecto que no tiene ningún rumbo”, dijiste cuando renunciaste a la selección tras el último Premundial. ¿Qué debe tener un proyecto para que tenga rumbo?
Es difícil de resumir rápidamente. De todas formas, hablando por arriba: primero hay que saber hacia dónde apuntás, cuáles son los objetivos, algo que no hemos tenido claro en la selección. Me da la sensación de que no tenemos un rumbo cierto. No sé si vamos a renovar, si vamos a pelear para entrar al Mundial, no sabemos si estamos formando jugadores, no sabemos a qué jugar, cuál es el sistema que queremos implantar. Son muchas cosas y muy difíciles de resolver, pero creo que debería haber alguien que tome una decisión y algún rumbo. No te pudo decir con exactitud cuál es el camino y la solución. Una cosa que digo casi siempre cuando me plantean el tema de la selección es que no creo que a la hora de los resultados vayan a cambiar muchas cosas. En América no hay mucho lugar para crecer, porque la competencia es durísima. Eso sí, hay algo importantísimo y que siempre rescato: terminar un torneo con la tranquilidad de haber hecho todo lo que estaba al alcance; hace 14 años que estoy en la selección y me pasó muy pocas veces eso.

¿Te desanimó?
Me viene desanimando.

Aunque cuando sos un chiquilín le das para adelante.
Es verdad. Cuando llegás a la selección no te importa nada y te querés poner la camiseta como sea. Después pasan los años y querés jugar en la selección, pero ya que estás ahí querés que se hagan un poco mejor las cosas. Así van pasando los años y uno se va desgastando al punto que ahora, más allá de todo lo que digo, soy grande y no me queda mucho tiempo más para jugar.

¿Cuál es el cierre de partido que no olvidás más porque la pelota no entró?
Por cada una que entra, hay muchísimas que salieron. Me acuerdo de una que me dolió muchísimo en el Sudamericano de 2003 en Montevideo, contra Brasil en un partido que era imposible ganarlo. La última pelota fue un triple que giró dos veces en el aro. Otra: en el segundo año en Venezuela tuve un tiro muy fácil para ganar y forzar un séptimo partido (en las finales). Erré, ellos corrieron con el rebote, tuve que hacer falta, nos metieron el tiro libre y perdimos. Por suerte duró poco, porque al año siguiente tuvimos la revancha y salimos campeones.

La gente suele acordarse de tus aciertos más que de los errores.
Esas son las que quedan más registradas. Es un poco lo que le pasa a los periodistas cuando hacen pronósticos: cuando le pegan lo destacan, cuando no aciertan queda por ahí. Es lo mismo. Eso sí, ahora por jugar en Aguada se magnifica un poco meter la última pelota.

Además por tu función.
Son rachas. El otro día me hacían una entrevista y también decía que estamos gastando mucho esos tiros del final, que son de suerte.

Goes, la Liga de las Américas, dos en una semana…
También si ves las incidencias detalladamente me sorprende que me hayan regalando una bandeja en los dos casos.

Entrevista con Leandro García Morales

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