Mayada, el mejor jugador de la temporada

Con una capacidad atlética que no tiene par en el fútbol uruguayo y con un futuro que pinta celeste, el volante de Danubio fue quien más brilló en la temporada, según la votación de Fútbolx100

Camilo Mayada mira la pista de atletismo y sonríe. Se siente cómodo. Nunca saltó vallas ni tiró una jabalina. “Pero vine un par de veces. Con Danubio y con la selección juvenil y en los test siempre tenía de los mejores resultados. Claro, como futbolista”, aclara.

Es un día de semana y bajo el sol del Parque Batlle hay niños que compiten y adultos que entrenan. Mayada, de 23 años, se siente identificado. Y cuenta sin que medien las preguntas: “Hasta el día de hoy me siguen diciendo cómo corrí en la final con Wanderers”.

¡Cómo olvidarlo! Fue el 8 de junio en el Parque Central. Y fue el partido de su vida. Danubio perdía 2-1 en el alargue y Mayada –que corrió a ritmo de vértigo los 120 minutos– lo empató de chilena y en la hora. Después lo ganaron por penales.

Fue la coronación soñada para una temporada espectacular en la que su fútbol dinámico, veloz, solidario y valiente terminó de explotar.

Atrás queda una historia llena de sacrificios que Mayada
–sencillo y humilde– no exagera.

Nacido en Sauce, de familia futbolera, Camilo es sobrino de Ramón Mayada, quien jugó en Bella Vista en la década de 1970 donde fue compañero de Óscar Washington Tabárez.

“En el fondo de casa armamos una canchita con mi hermano y nos pasábamos horas jugando”. Así empezó a correr atrás de la pelota.

“Sauce era tranquilo, tuve una infancia muy linda, jugábamos en el campito todo el día”. Los picados terminaban con el llamado de Elizabeth, su madre. Su padre, Juan, era el encargado de llevarlo al baby fútbol. De los 4 a los 9 años, Camilo jugó en Buen Porvenir de Sauce. De ahí se fue a Huracán Villegas, de Maroñas. Ese fue su trampolín para desembarcar en la escuelita de Danubio, en 2002. Tenía entonces 11 años.

 “De chico se puede ser profesional  y creo que a los que tienen las cosas claras siempre les puede ir bien”, afirma.

Pero obstáculos siempre se presentan. En Séptima era suplente. Todos los días viajaba una hora para llegar a los entrenamientos. Salía cada día a las 7 de la mañana para llegar a las 20. Y un día, cuando iba a entrenar al Complejo Del Campo, ubicado en Euskal Erría, lo asaltaron a mano armada.

“Ahí quise dejar. Yo era chico, del interior y me asusté mucho. Pero entre los entrenadores y mis padres lograron convencerme”, afirma. Y siguió su camino.

Su único título en formativas lo ganó con la sub 16 y el partido que más lo marcó fue un 3-2 contra Defensor Sporting en Pichincha, porque hizo un golazo. “Desde que llegué al club me enseñaron que el partido contra Defensor es distinto. Es lindo enfrentar también a Nacional y Peñarol, pero Defensor es especial”.  

En 2009, viajando en ómnibus rumbo a una práctica con la sub 20, lo llamó el entonces gerente de Danubio, Pierino Lattuada. Le informaba que el lunes se tenía que presentar a hacer la pretemporada con el primer equipo danubiano. “Enseguida llamé a mis padres para contárselo”, rememora. También fue lo primero que hizo cuando El Observador lo llamó para informarle que había sido elegido el mejor jugador del Campeonato Uruguayo 2013-2014 en la encuesta de Fútbol x 100.

Debutó de la mano de Jorge Giordano en 2009 y con Gustavo Matosas empezó a sumar minutos en cancha. La consolidación llegó tras el Sudamericano sub 20 de Perú 2011.

Su ida y vuelta constante y la exuberancia de su juego físico marcaron la pasada temporada en la que Danubio se consagró campeón.

Mayada no se pone el casete de la falsa modestia a la hora de hablar: “Tuve un buen Apertura, pero creo que lo mejor de mi juego se vio en el Clausura”, afirma sobre el balance de su temporada.

Es más, se pone fichas con la selección uruguaya: “Lo veo muy cerca porque en el último año cambié mucho mi juego, mejoré bastante y si sigo en un buen nivel se me puede dar”.

Puede ser. Mientras el tiempo pasa, Mayada sigue corriendo.


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