Maxi Olivera: "Yo no me reprocho nada"

Desde Italia, Maximiliano Olivera habla de su salida de Peñarol, la reacción de Marcel Novick tras su partida y su sueño celeste
"Mi salida fue muy rápida y los primeros que se enteraron fueron dos amigos con los que estaba tomando mate en Brazo Oriental. Me llegó una llamada, empecé a hablar y me cambió la cara. No le dije nada al resto de la familia hasta el otro día de mañana cuando estaba yendo al aeropuerto porque en el fútbol se te puede caer todo de un momento al otro", dice Maximiliano Olivera desde Florencia.

Una llamada, algo tan cotidiano para el resto de los mortales, esconde el poder de cambiar vidas y es un océano y miles de kilómetros los que separan a Olivera de su familia, novia y amigos.

"Yo jugando en Peñarol vivía con mis padres, imaginate el cambio. Fui al aeropuerto sin saber en qué equipo iba a jugar y el viaje fue muy largo. No podía dormir, la cabeza me iba a mil porque pensaba muchas cosas", agrega quien comenzó el Campeonato Uruguayo Especial como capitán de Peñarol y tuvo que abandonar el barco a mitad de camino.

"Maxi prepará todo que te vas mañana. Tenemos que llegar rápido porque cierra el período de pases y hay que hacerte una revisación médica", fueron las palabras de José "Pepe" Herrera.

Olivera quedó desencajado. Evaluaba la posibilidad de irse pero lo tomó de golpe y tuvo que poner en la balanza el dolor por irse de Peñarol y el sueño realizado de dar el salto a Europa mientras Andrés y Federico, sus amigos, lo miraban sin poder creerlo.

Maximiliano Olivera

Comunicar la decisión de irse fue especial y su hermano fue el filtro: "Mi hermano es enfermo de Peñarol, tengo videos de cuando me tocó hacer el gol en la final y mis amigos me decían que se sentó en una escalera del Estadio y se puso a llorar. Estuvo en las buenas y en las malas, luchamos juntos y cuando me dijo que era hincha mío y que me apoyaba me tranquilizó".

"En Peñarol no se si jugué bien o mal, pero estoy seguro que di todo. Yo no me reprocho nada, ni me lo puede reprochar nadie. Si estuve en Peñarol fue porque yo quería ir, todos me querían vender afuera"

En el fútbol la calesita de ilusiones parece nunca detenerse y son varios los actores que sueñan con grandes marquesinas en el exterior. Algunos por la necesidad de salvar económicamente a su familia. Otros por el hambre de gloria que los lleva a querer superarse. Por eso meterse en el bolsillo y en la decisión de un futbolista es entrar en territorio minado.

Con apenas seis meses en Peñarol lo nombraron subcapitán. Por eso llegó a Los Aromos con un nudo en la garganta para anunciar que se iba pero se encontró con un escenario distinto: "Cuando llegué a Los Aromos fui directo a la habitación del Polilla, a quien le estoy muy agradecido, porque les quería contar a ellos primero, en el camino me cruce con Sebastián Roquero y me felicitó. Ellos sabían antes que yo y eso me dejó muy tranquilo".

Cuando llegó al vestuario soltó la bomba. "Me voy a Italia en dos horas, me vengo a despedir", dijo.
Pero nadie se inmutó. Varios se rieron y se lo tomaron en chiste salvo Tomás Costa, quien se acercó a preguntarle si era verdad.

"Yo les decía que era en serio, que me tenía que ir rápido porque perdía el avión, pero no me daban bola. Nadie me saludada", agrega.

Sin embargo la mejor reacción la tuvo Marcel Novick: "Cuando me estaba yendo me encuentro con Marcel y le dije que me iba. Él me contestó 'dale, dale, nos vemos'. Cuando cayó que era en serio yo ya estaba en Italia y ahí recién me mandó un mensaje".

"Yo soy muy pasional, las cosas que se dijeron y que leía en las redes sociales me dolían mucho, de verdad, pero cada uno sabe lo que hace y lo que dice".

Su salida, amplificada por la caja de resonancia de las redes sociales, generó sorpresa, bronca y gratitud. Su celular se llenó de notificaciones. Algunos mensajes le agradecían por el gol en la final, otros le preguntaban si era cierto que se iba y no faltó quienes lo acusaron de traidor y mercenario: "Yo soy muy pasional, las cosas que se dijeron y que leía en las redes me dolían mucho, de verdad, pero cada uno sabe lo que hace y lo que dice. Yo tengo muy claro todo".

Tres meses después de su salida y con la cabeza puesta en la doble competencia que tiene Fiorentina, Olivera se permite el desahogo: "En Peñarol no se si jugué bien o mal, pero estoy seguro que dejé todo. Yo no me reprocho nada ni me lo puede reprochar nadie. Tuve la oportunidad de jugar en Peñarol por la fuerza que hice yo, porque todos me querían llevar a jugar afuera".

Maxi Olivera

Con un contrato de cinco años por delante y participación en Europa League y Serie A, Olivera conserva un sueño de selección: "Mientras sea profesional voy a soñar con estar con la selección y ese sueño no me lo va a quitar nadie. No creo que haya jugador uruguayo que no quiera estar ahí".

Si bien nunca perdió la calma, la distancia lo ayudó a valorar a los clubes que fueron su trampolín: "Tengo mucho cariño por Wanderers, es el club que me formó como futbolista y me dio todo. Me siento en deuda con Wanderers porque ellos me dieron mucho más de los que yo le di. Junto con Peñarol son los dos equipos que llevó en el corazón y miro todos los partidos, los de Wanderers en la Copa Sudamericana y los de Peñarol también".

Para ver a Peñarol tiene un socio en Sebastián Cristóforo pero reconoce que Matías Vecino fue clave en la adaptación de ambos. Juntos, son la banda celeste en Florencia.

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