Maxi, del llanto, a la felicidad

El lateral que abandonó la cancha llorando luego de la eliminación de la Copa, y que movió al presidente Damiani a llamarlo para agradecerle, convirtió el gol que llevó a Peñarol a la consagración
Juan Pedro miró el monitor y vio a un hombre salir llorando y secándose las lágrimas con la camiseta de Peñarol. Primero lo invadió un sentimiento de incredulidad. El jugador que dejaba la cancha visiblemente tocado por la eliminación del equipo de la Copa Libertadores no era un hincha reconocido ni uno surgido de la cantera del club. Se trataba de una de las últimas incorporaciones.

Damiani se dejó ganar por la emoción. Al otro día lo tenía decidido. Tomó el teléfono y llamó al jugador en cuestión. "Hola, ¿Maximiliano?", preguntó el presidente. Luego de la respuesta afirmativa de Maxi Olivera, Damiani le agradeció el gesto, la entrega y le dijo que ese era el tipo de jugadores que necesitaba la institución.

"A mí lo que me molesta es que las incorporaciones que trajimos, salvo Maxi Olivera, no han rendido", expresó el presidente de la institución cuando el campeonato Clausura llegaba lentamente a su final y el equipo sembraba dudas.

Se lo ganó en la cancha
Hay detalles que hacen a la personalidad de un jugador. Maxi Olivera es de perfil bajo. Surgido en Wanderers pasó años para ganarse el lugar que ocupó en la consideración de compañeros, cuerpo técnico, dirigentes, funcionarios e hinchas.

Los años fueron determinantes para que fuera designado capitán. Su paso por el club fue una marca que quedó grabada a fuego. Hoy, un graffiti en el talud del Viera, lo recuerda para siempre: "Maxi 13, gracias".

Desde aquel que Olivera salió llorando de la cancha tras la eliminación de Peñarol la gente lo miró distinto al lateral. La tribuna le tributó respeto y consideración.

En la cancha jugó de lo que lo pusieron. Jamás una mala cara, nunca un mal gesto, nada de reproches para los compañeros. Fue a su puesto natural de lateral izquierdo. Cuando el equipo se quedó sin defensas, Polilla no dudó en colocarlo como zaguero.

Pero hay otros aspectos a resaltar. Maxi siempre está. No se esconde. Y los compañeros saben que levantarán la vista y lo encontrarán siempre dispuesto a recibir la pelota para proyectarse.

Del reto al gol
En pleno partido con Plaza sea generó una discusión entre Maxi Olivera y Diego Forlán. El 10 le reclamaba al lateral por una acción donde no tenía nada que ver porque el que había generado un contragolpe del rival había sido Marcel Novick.

Maxi abrió los brazos como diciendo "¿Qué querés que haga?".
En el segundo tiempo del alargue Forlán lanzó un centro que encontró la cabeza de Olivera que había viajado al área ya que Valdez y Guillermo decidieron quedarse.

Y ahí, metidito en el área, este hombre que la noche de la eliminación de la Libertadores se fue llorando de una cancha y secando las lágrimas con la camiseta, metió el cabezazo que lo transportó a la gloria de Peñarol.

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